Silla 12

23 marzo, 2019 § Deja un comentario


… Las hay que son solo aventura…

El puesto del piloto

Llegué por sorpresa, sin buscarla. La encontré o me encontró a la vuelta de un pasillo marcado por objetos, muebles y enseres. Como no esperaba tal cruce, tropecé y por poco caigo sentado en ella, hubiera sido el primero. La idea de que nadie la había utilizado nunca vino justo después del tropezón. Su apariencia, como las corrientes de los ríos, era mansa en la superficie pero turbulenta al interior; el cuero de asiento y espaldar, ajado por el tiempo, presuponía historias sin narrar o en espera de ser narradas de nuevo. La certeza de que nadie se había sentado en ella y las insinuaciones del cuero, rastro de historias, fueron la paradoja que me demoraron frente a ella. Tenía el estilo, la forma, el cuero y los bordes de aluminio con remaches del puesto del piloto en un avión de la Segunda Guerra, tal vez un Lightning P38 el avión en el que Antoine de Saint-Exupéry desapareció el treinta y uno de julio de mil novecientos cuarenta y cuatro en el Norte de Africa. Entonces presentí “Vuelo nocturno”, “Correo del sur”, “El aviador”, las novelas, crónicas, donde Saint-Exupéry narra las horas, la soledad, la noche y las luces inesperadas que van y vienen en la imaginación del piloto. No solo en aquellas novelas, siempre, lo vi o lo imaginé enfundado en una chaqueta de cuero gastado como el de la silla: cuero duro, rudo, confidente de aventuras, incluso la de desaparecer en pleno vuelo. Y entonces ocupé la silla. Miré a lado y lado. No con la angustia de ser pillado infraganti por algún acucioso que quisiera venderla; sino con la esperanza de ver lo que Saint-Exupéry veía en los cielos infinitos, con horizonte lejano, poblados de nubes, estrellas y sobre todo de imaginación. No sé decir si el momento fue largo o corto, nadie se acercó y cuando me levanté tuve la certeza de que ni siquiera yo había ocupado la silla y probablemente nadie lo haría, quizá Saint-Exupéry si regresara de allá de donde se perdió…

Hechos…

… Durante el siglo XVI, en Francia, la chaise caquetoire, del verbo caqueter: parlotear, era una silla baja y estrecha, incómoda, donde sentaban las visitas que no paraban de hablar…

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