Veintitrés

5 junio, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Fui tras ella porque me recordó a otra mujer de quien conocí su voz y algunas fotografías. Se llamaba Eleonora. Así la llamaron cuando nació, pero cuando su voz sacó la cara por ella cambió Eleonora Fagan por Billie Holliday. Fue entonces cuando la conocí, ya había cambiado su nombre porque era más fácil de recordar. La conocí, la escuché, una noche en casa de amigos cuando su voz particular con brillos tenues cantaba canciones del jazz negro americano de los años cuarenta. Billie murió en mil novecientos cincuenta y nueve, tenía poco más de cincuenta años. La mujer, unos metros delante de mi por aquella calle soleada no tenía la figura de Billie, menos aun podía ser ella y si se lo preguntara era posible que no la conociera, pero algo en ella me recordó a Billie cuando canta “Body and Soul” o “Lady sings the blues”. Seguí a la mujer. A medida que avanzaba o esperaba que el semáforo cambiara, yo seguía sus pasos. Hasta que un pasante se interpuso y luego otro y otro. La perdí de vista pero la voz de Billie quedó en mis oídos como aquella primera vez hace algunos años…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

… La “cosa” no para ni con vacuna, el paro tampoco y con razón…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Cuatro

23 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

No es malabarista pero sostiene el celular con una mano y después con la otra, lo pasa de un lado al otro por encima de la cabeza y habla sin parar al ritmo de los malabares. Como no alcanzo a escuchar su voz imagino que hablar es como una avalancha interior que no permite interrupciones, sin embargo, los malabares con el aparato tienen poco que ver con la necesidad de acallar, todo lo contrario. Los malabares son una necesidad; quien la sufre, de verdad, siente la obligación de reflejar con alguna parte de su cuerpo, brazos, manos, cabeza, piernas, incluso ojos, los movimientos que inventa en el momento mismo en que los inventa para que quien lo escucha claudique. En este caso particular, como todo es dicho a distancia, el malabarista se puede permitir la libertad de exagerar los malabares porque al hacerlo su voz se hace aun más convincente y sus palabras, por supuesto, ganan en credibilidad. Podría decir cualquier cosa y la fuerza del malabar le adjudica el peso suficiente para que parezca una verdad de a puño…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Que se sepa, la “cosa” es cepa mutante…

El número 10 de Ficción La Revista circula mañana. (Click aquí)

Dos

9 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Es joven, la gorra de cuero verde, desteñido, con textura, y la camiseta azul oscura, también desteñida, no determinan su edad, pero es joven. Supuse que por el corte de pelo en cresta había pasado por la silla del peluquero aquel mismo día, si no, el día anterior. Imaginé que el peluquero, seguidor de la moda, no preguntó si quería corte con cresta o no, simplemente cortó. En esos casos nadie duda qué es lo que el cliente busca. Recordé la última vez que fui al salón donde la mujer que me corta el pelo me preguntó al sentarme en la silla si quería corte con cresta. La miré en el reflejo del espejo tan ancho como el salón y dudé. Me hubiera afeitado los costados de la cabeza y dudé aun más; me imaginé con la cresta de “El último de los mohicanos”, la novela de James Cooper; o como Arturo Vidal el futbolista chileno. A pesar de que la duda era evidente, la peluquera insistió. Me mantuve en la duda. En cambio el vecino delante de mí no dudó y ahora supongo que cada vez que cierra los ojos, presiente la cresta arisca como la de un gallo de pelea y para que no se escape la protege con la gorra…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

… Y la “cosa” ahí…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

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