Cosas 33

25 julio, 2020 § Deja un comentario


Manos

El Juego de manos es un dibujo al “scratch” –una técnica que consiste en raspar con pluma sobre un cartón cubierto por yeso negro, al contrario del dibujo con tinta–. Es un dibujo de cuando era observador de manos y aun lo conservo cerca. Tres manos con todo: una izquierda, otra derecha y una tercera de apoyo. Quince dedos, cinco en cada una, la misma cantidad de uñas a pesar de que es posible que alguna haya cambiado de color por accidente, golpe o machucón; en las palmas, que no se ven, están las líneas donde los expertos definen lo que vendrá y lo que no. Hay quien dice: “… ‘El ojo táctil’ se encuentra en las puntas de los dedos…” esta frase estuvo, seguramente, al origen del dibujo y se manifiesta al rozar con suavidad, en círculos cortos, la yema del pulgar con las del índice y el corazón. Cuando hago ese movimiento, palabra sin voz, siento lo que no había visto. En ocasiones, cuando hablan, porque las manos hablan, lo hacen con una sola voz; esto no indica, por supuesto, que sean idénticas; las manos vienen con habilidades que se complementan en acciones con un mismo fin, aunque en términos simbólicos –izquierda, derecha– las divergencias son notables a pesar de que los extremos se junten. Durante años fui observador de manos: qué gestos hacen, cuándo los hacen, cómo se expresan, dónde y cuándo se esconden o salen a relucir. Un ejemplo flagrante es no saber qué hacer con ellas; dejarlas en los bolsillos o engarzadas en la espalda como garras para que nadie las vea; cuando las manos van a la cabeza puede ser signo de desespero o de viento que despeina; y cuando se cierran como puños o se estiran para frotar los ojos con las yemas de los dedos puede significar la intención de ignorar aquello que está ahí y bien ahí. Ellas obedecen órdenes pero su respuesta es cifrada. El personaje, ciego de nacimiento, de “Amanecerá y veremos” una novela corta, recobró la vista por accidente pero su sorpresa fue mayor cuando cayó en la cuenta de que el mundo que aparecía ante sus ojos, que siempre imaginó deslumbrante, lo era más cuando, ciego, lo descubría con los ojos del tacto. Muchos no saben qué hacer con ellas, actores en escena o gentes de a pie que, por los avatares del día a día, deben enfrentarse a otros que padecen el mismo drama, siguen entrenamientos intensos para encontrarles lugar. Hace poco en una sala de espera, a parte de aquellos que van de un lado a otro y se distraen mirando el piso o mirándose las uñas, observé que la mayoría pasa el tiempo con las manos sobre las piernas; manos sin expresión, sin ganas. De lejos, porque la sala era amplia, vi manos separadas, abiertas, una sobre cada pierna; cerradas cada una por su lado o apretadas entre ellas. Pocas veces, esa figura, podríamos llamarla así, sucede por angustia o cosa parecida, es el resultado de la espera, lo digo porque cuando se trata de algo distinto apretar no es suficiente, es necesario agarrar lo primero que se encuentre cerca, objeto o persona. Pero no todo es impulso irrefrenable,  hay manos que se mueven al ritmo de las palabras y en ocasiones son más expresivas que el discurso mismo, por supuesto, también las hay que callan bajo los brazos cruzados pero eso no les resta intención. A pesar de que tienen la misma configuración: palma, dorso y cinco dedos, cada uno con nombres bien definidos y en todas es igual, es imposible encontrar dos iguales, incluso en la misma persona. Las uñas, las mujeres las llevan pintadas, y los adornos: anillos, argollas, pulseras, sin mencionar los guantes porque podrían tomarse por disfraz, hacen la igualdad. Las manos,  cuando no se quedan quietas, hacen dibujos en el aire como en el  Juego de manos… 

Cosas…

… El anunció fue: la “cosa” es cosa seria… pero muchos no creyeron… ¡Qué cosa!

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