Cosas 55

26 diciembre, 2020 § 1 comentario


Olvidar

Los recuerdos varían y con el paso del tiempo cambian de lugar y de intención. Lo que recordamos hoy, es posible que mañana lo recordemos distinto, fragmentado; es posible que solo tengamos en cuenta aquello que nos interesa o confundamos unos recuerdos con otros. Una cosa son los recuerdos y otra recordar si la ventana quedó abierta o si el arroz en bajo se va a secar o si las luces del salón quedaron prendidas. Los recuerdos son los hechos que nos conciernen; la memoria es todo, incluso el lugar donde viven los recuerdos. Aquí y ahora recuerdo el epígrafe de un video que vi hace años: “… la memoria es algo que, a veces, hace reír y; a veces, llorar…”, posiblemente no era así, pero así es como lo recuerdo; ahora me parece que la palabra “recuerdo” en el epígrafe sería más acertado que “memoria”, quizá más exacta. Los recuerdos que, a veces hacen reír y a veces llorar, se conservan según quien los lleva a todas partes. Algunas personas prefieren los recuerdos placenteros y sin dudarlo olvidan los que no lo son. Otras prefieren lo contrario. Es evidente que, con el tiempo, los buenos o malos recuerdos ocupan lugares cada vez más difusos en la memoria. Ireneo Funes, el personaje de “Funes el memorioso”, el cuento de Jorge Luis Borges, sufría de lo contrario; después de un accidente que lo dejó reducido a la quietud, Funes recordaba hasta el más mínimo detalle de lo que había pasado o pasara frente a sus ojos; recordaba la forma, el color y los detalles de cada hoja de cada árbol; recordaba lo sucedido cada segundo de cada día, hora, minuto o lugar en su vida. Funes murió a los diecinueve y desde el accidente vivió en una habitación oscura. “… Varias veces hizo el intento de recordar un día del primero al último segundo y lo logró, sin embargo el ejercicio le tomó el día completo … En el abarrotado mundo de Funes, escribe Borges, solo había detalles casi inmediatos…” Todo lo contrario sucede con los recuerdos que con el tiempo pasan de detalles a generalidades; por supuesto, hay quienes tienen la capacidad de recordar nombres, caras, vías, formas de llegar a lugares vistos o vividos con anterioridad; es evidente que aquellos detalles, a diferencia de Ireneo Funes, no se presentan como un catálogo ordenado y numerado de hechos sucedidos sino bajo la preferencia que su propietario decida acordarles. Si me preguntara, ahora, qué recuerdo de lo sucedido en este año que termina, lo primero que viene de la memoria es una frase leída o escuchada, no recuerdo dónde: “es un año para olvidar”, ¿querrá decir esto que somos capaces de borrar recuerdos hasta convencernos de que no sucedieron? Lo dicho, es claramente un deseo de preferencia porque muchas cosas imborrables, a parte de la “cosa” que nos dominó, nos aisló, nos asustó y llegó a matar a muchos, sucedieron. Es posible que yo sea de aquellos que prefiere recordar lo bueno, por supuesto eso depende de dónde o de quién venga el recuerdo; pero entre los de este veinte veinte están las vueltas a la cancha de baloncesto de la unidad donde vivo para no olvidar el trote; también los libros con dibujos que algunos vieron; los retratos al revés acompañados de ficciones cortas que fueron exposición; las publicaciones con amigos escritores, poetas, pintores; las “minifricciones” sin acompañamiento de imagen, resultado de un inventario de recorridos callejeros en años anteriores y conservado, para no olvidarlo, en los recovecos de la computadora. Recuerdo que la dimensión del tiempo fue otra, las horas, lentas en otras épocas, pasaron rápidas, y los días se confundieron, los jueves y los domingos fueron iguales y los martes también. Recuerdo que aprendí cosas como la múltiple forma de cocinar huevos para que los desayunos no fueran siempre iguales; y también di algunos pasos en el manejo de la virtualidad; a falta de salir a inventariar calles, cafeterías, personajes y ficciones intenté hacerlo por las vías y los puntos de encuentro que ella, la virtualidad, propone; también visité y participé en el montaje de exposiciones de arte que fueron y aun es posible recorrer en las pantallas. No recuerdo detalles ni horas ni días ni momentos precisos, seguramente me tomaría todo el año como a Funes y entraríamos en el que viene sin dejar atrás el que está por pasar. Por supuesto, la “cosa” que nos arrinconó, me preocupó y me obligó a mirarla de lejos con ojos de quien espera no saber más de ella, pero a pesar de ella, la “cosa”, aprendí a hacer del encierro otra cosa y eso, espero no olvidarlo…

Cosas…

… Con o sin “cosa” el año que viene será optimista…     

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

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