Silla25

22 junio, 2019 § Deja un comentario


…La silla cosida…

“Sombrero”

Su nombre es John Jairo, es dueño de una colección interminable de sombreros que cambia cada día, por eso lo llamo “Sombrero”. Vende frutas y tiene un puesto a dos calles de donde vivo. Lo veo desde la mañana que instaló el puesto en la entrada de un callejón profundo y estrecho entre una tienda de mecato y una bomba de gasolina. Los primeros días tenía pocos clientes, el negocio estaba aun por madurar y “Sombrero”, todavía no lo llamaba así y desconocía su nombre, pasaba las horas sentado en una silla blanca de plástico, la misma que después se rompió y tuvo que coser en el espaldar, a la espera de algún comprador. Fui de los primeros en preguntarle por los aguacates; me acercaba, los acariciaba como es costumbre hacerlo y le pedía que me ayudara a escoger dos para el almuerzo. Cada vez “Sombrero” parecía más a la espera; un día, a fuerza de verlo quieto y con los ojos encendidos, le llevé un libro de cuentos cortos de Augusto Monterroso. Compre los dos aguacates de costumbre y le entregué el libro: aquí le traje, dije, para que lea mientras llegan los clientes. Ese día me enteré de su nombre. Nunca le pregunté si lo leyó, y como no hizo comentarios deduzco que no lo hizo: quizá lo dejó sobre alguna mesa, de la mesa pasó a estar debajo de una silla y luego cerca de unas cajas para llevar y traer frutas. Con cada cambio de puesto el libro desapareció un poco hasta que un día desapareció del todo. “Sombrero” no es lector pero tiene talento y ojo para elegir frutas a punto de madurar que no se vuelvan desperdicio al final del día o se pasmen y no atraigan comprador. Sale todos los días a las tres y media de la mañana con dos cajones vacíos rumbo a la plaza Mayorista donde están los proveedores de mangos, mandarinas, papayas, bananos, fresas o ciruelas: las frutas que más se venden y, sobre todo, aguacates de distintas variedades y precios que ocupan la mitad o un poco más del tablón donde exhibe la mercancía. Los aguacates son los que, en general, salvan el día. A las cinco y media de la mañana, aun oscuro, está de vuelta con la carga del día y a las seis tiene organizado el puesto; entonces, cansado por la falta de sueño, los ojos encendidos lo delatan, se toma un respiro en la silla que el tiempo y la intemperie curtieron y gastaron hasta romperla. En esa silla pasa los baches del día; cabecea cuando el peso del sueño se vuelve insoportable; es la silla donde medita, hace cuentas y donde con angustia tasa el paso de las horas o ve las papayas madurar sin que nadie las mire; en esa silla se sientan las damas mientras ordenan su compra y donde los clientes que no tienen nada que hacer se sientan a conversar cuando hay poco movimiento. Es la silla de “Sombrero” aunque esté rota… 

Hechos…

La Silla de la Reina o chaise à porteurs, en francés, es un asiento de fortuna que forman dos personas agarradas por las muñecas para llevar un herido o una persona con incapacidad para caminar… 

Exposiciones abiertas en el Museo Maja de Jericó hasta el 29 de julio

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