Once

13 marzo, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Mi puesto, tras el suyo, era el lugar ideal para espiarla y descubrir por qué o de dónde había sacado o quién había peinado esa cabellera saraviada. La muñeca mujer, pequeña y delgada, se mantenía derecha y quieta en su puesto sin mirar para ningún lado, sin siquiera seguir con los ojos los movimientos del personal de servicio que circulaba alrededor. Ocupábamos mesas distintas, vecinas por su posición y la mía, espalda contra espalda. Sin embargo, su cabellera y su quietud, me tuvieron en vilo mientras consumí la sopa de lentejas con champiñones y el pollo desmechado con espárragos. Me tuvieron en vilo porque cada dos o tres cucharadas, haciendo un esfuerzo para voltearme, la veía impávida, quieta. Imaginé sus ojos fijos, enmarcados por pestañas de hilo negro; su nariz respingada; sus mejillas en círculos rosados; imaginé su boca roja sin sonrisa, redonda y diminuta como un botón. Ella no estaba allí por olvido o, a la espera de algo o alguien, estaba allí por trabajo, era el límite entre mi presencia y la de otro parroquiano, distanciamiento social lo llaman, pandemia obliga…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Parece que la “cosa” pasa, de a pocos, a ser “cosita” o mejor, “cositas” que se filtran por todas partes como la “cosa” que nos encerró hace ya un año…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

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