Cosas 40

12 septiembre, 2020 § Deja un comentario


Inventario

Lo escribió Georges Perec en Tentativa de agotar un lugar parisino: “…Todos los que pasan llevan algo en la mano…” Una mañana, hace poco, mientras esperaba en el hall de entrada de una institución de salud pública recordé la cita, su autor y aquel inventario de gentes, objetos y situaciones. Decidí, entonces, hacer uno a partir de lo que cada pasante lleva a esa hora de la mañana. No todos van con algún objeto en la mano, lo llevan terciado al hombro, debajo del brazo, colgado delante del pecho como parapeto protector o, en la mano. Mujeres y hombres de todas las edades llevan bolsos, morrales o carteras, otros llevan maletines que por tamaño y apariencia incluyen el portátil del trabajo, ellos y los que pasan con bolsos pequeños que tratan de no zarandear mucho porque ahí va el almuerzo, trabajan en la Institución, en alguna oficina cercana o en los puntos de “coworking” distribuidos por los pasillos del edificio. Algunos llevan, con mucho cuidado y seguramente con la intención de disimularlos, frascos pequeños con muestras, de orina o materia fecal. Otros, numerosos, van con sobres amarillos, seguramente con fórmulas médicas, resultados de exámenes o recibos por pagar. Todos van con algo, cargan con algo. Perec tenía razón. Incluso yo, que en apariencia no llevo nada, voy con el celular donde escribo. Muchos otros, como yo, lo llevan también entre manos o pegado a los oídos y parecen hablar o reír solos como sucede cuando se recuerda un chiste anterior. Algunos de los que pasan llevan libros, agendas o cuadernos. Los que llevan libros, pocos, es posible que los estén leyendo; a los cuadernos y agendas se les nota el uso. Otros llevan recipientes de cartón con bebidas calientes o de plástico con bebidas frías, lo digo porque es distinta la manera de agarrar el recipiente; si está frío, con las manos; o sostenido con el brazo si está caliente. Lo que parece un denominador común es que todos llevan una idea, angustia o solución y la persiguen con la mirada clavada en el piso y el paso vacilante, algunos. Una mujer vestida con puntos: blusa de puntos, pañuelo en la cabeza de puntos, tapabocas de puntos, lleva cuatro bolsos terciados, dos a cada lado de apariencia pesada que mientras avanza parecen hundirla en el piso; la mujer es pequeña y a cada paso se hace más pequeña, quizá el peso de los bolsos. Un hombre mayor, flaco y de apariencia frágil con saco de rayas horizontales azules y grises detrás de una columna masiva parece dominado por el peso del bolso que cuelga de sus hombros; de repente levanta la cabeza y escarba en el bolso; saca un libro de pastas negras que está a punto de terminar según el lugar donde lo abrió; aliviado, se recuesta contra la columna y lee, pero el alivio dura poco porque una mujer grande y masiva se para en frente y le señala el camino por donde deben partir; el hombre, abrumado de nuevo, devuelve el libro al bolso y sigue a la mujer que lo toma de la mano. Otro hombre alto que no hace deporte lleva zapatos para hacer deporte y pasa de la mano de una mujer pequeña y gruesa; el hombre camina con dificultad, la mujer lo lleva y lleva también un bolso pesado; ella va adelante, él quisiera soltarse de la mano que lo arrastra, sus ojos lo delatan, seguramente no quiere ir donde lo lleva. Sucede con frecuencia, que unos lleven a otros, como se lleva un bolso o un sobre con documentos. Es posible…

Cosas…

… La “cosa” vino para quedarse, dicen. Lo que no dicen es hasta cuándo…

Los “Retratos Aislados” están aquí…

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