Cosas 14

25 marzo, 2020 § Deja un comentario


Teclado

Cuando las cosas van a suceder, suceden, escuché decir cientos de veces en diversos momentos y lugares. El segundo día de reclusión obligatoria por la pandemia tuve la idea de limpiar el teclado de la computadora. Oprimo, aprieto, reprimo, incluso acaricio ese teclado, en ocasiones diez horas al día, hasta el punto que bien vale la pena limpiarlo y de una vez por todas eliminar la “cosa” que podría anidar entre sus teclas. Seguí los consejos del fabricante: “apague el computador y frote el teclado cuidadosamente con un pañuelo húmedo”. No utilicé esponjas ni líquidos que pudieran penetrar por las ranuras entre teclas, lo hice con un pañuelo de esos que venden por paquetes para limpiar bebés. Me apliqué a quitar no sé cuanto tiempo, horas, de ires y venires sobre el teclado, tal vez meses. No recuerdo la última vez que lo limpié y es poco probable que alguien lo haya hecho y no lo hubiera notado. Era ya noche cuando emprendí la limpieza después de una jornada frente a él. Al terminar fui a dormir. A la mañana siguiente el teclado estaba impecable, limpio, como nuevo. Prendí el computador e intenté las operaciones de siempre: abrir el correo, buscar dónde había quedado la noche anterior y seguramente responder algún mensaje o mirar una publicación. Cuando intenté escribir una palabra que incluyera la letra “a” o la “ge” o la “jota” caí en la cuenta de que el teclado no respondía. Lo intenté hasta confirmar que la hilera de la mitad donde las letras van de la “a”, hasta la “ele”, no respondía. Las únicas en esa hilera eran la “eñe” y el “punto y coma”, las últimas a la derecha. Poco a poco, en la búsqueda de una solución, encontré que la tercera columna de arriba hasta abajo también estaba desactivada; después de un buen rato de insistir, apagar y prender como aconsejan los técnicos, tuve que aceptar la evidencia, el teclado no funcionaba. ¿Lo dañé limpiándolo? o estaba a punto de “sacar la mano” como me dijo una de mis hijas para tranquilizarme. Esto sucedió el segundo día de la reclusión obligatoria la semana pasada. Mientras doy con la solución al problema, que aun no encuentro, la reclusión lo impide, recordé dos hechos. El primero sucedió una mañana de domingo hace un par de años cuando subía caminando por la canalización que lleva a mi casa. De lejos, en una de las bancas de cemento al borde de la acera, vi un personaje que ya había visto antes por allí acompañado de otro llamado Justo, ambos habitantes de la calle, con quien conversaba algunas palabras cada vez que nos encontrábamos, siempre en el mismo sector. Como hacía algún tiempo no veía a Justo me acerqué al hombre, me reconoció, y le pregunté por el amigo común. ¿Justo? se preguntó como si no supiera de él y entonces dijo: mire jefe, vinieron de sanidad y se lo llevaron para bañarlo, darle comida y ropa, pero imagínese que apenas lo bañaron se murió. Un mes más tarde vi a Justo vivo, recién bañando y afeitado en el banco de cemento de siempre. El segundo hecho sucedió en un cuento que escribí hace algún tiempo: un escritor pretende encerrarse en su estudio y escribir segundo a segundo una jornada de su vida, una suerte de crónica en tiempo real. Como era imposible llevar cabo el proyecto él solo como lo tenía imaginado, contrató un digitador que escribiera lo que él dictaba a la velocidad de las palabras. En las primeras líneas del cuento el digitador narra el momento: “… Me acomodó frente a una pantalla y un teclado viejo. En este teclado, advirtió, las letras tienen la tendencia de cambiar la “ese” por la “de”; la “i” por la “o”. Cuando uno cree haber escrito: apagó, resulta “apaguí” o “odeas” en lugar de “ideas”. Estas letras no son las únicas, dijo el escritor, hay otras que también se cambian pero las veremos a medida que las cosas pasen…” No diré si hubo o no crónica al final del día. Con las limpiezas y los teclados puede pasar todo y es bueno tener cuidado. Con la “cosa” puede pasar todo y es bueno también tener cuidado…

Cosas…

… Si nos cuidamos entre todos la “cosa” que nos acorrala será “otra cosa”…

Museo Maja, Jericó / informa:

Cosas 12

18 marzo, 2020 § Deja un comentario


Saúl Álvarez Lara / Retrato después / Pluma y papel / 10 x 7 cm. / 20

Después

Después, no sé. Incertidumbre total. ¿Habremos cambiado, seremos distintos, miraremos al otro con otros ojos?, llegado el caso de que lo miremos, claro está. ¿Nos miraremos a nosotros mismos con otros ojos? Son algunas de las preguntas que me acosan ahora que nos encontramos acorralados por el miedo. He leído que de esta emergencia saldremos distintos: quienes nos gobiernan saldrán distintos; los dueños del dinero, saldrán distintos; los que en definitiva manipulan todo, politiqueros y empresarios promotores del consumo desmedido, saldrán distintos. Y aseguran que saldremos distintos porque el fracaso de la sociedad de consumo se manifestó con la pandemia que nos acorrala, no nos deja salir, nos pone a lavarnos las manos cada que podamos, quedarnos en casa y saludar de lejos, sin manos ni besos ni abrazos, incluso a los que están en casa. ¿Y después qué? Es una pregunta con demasiadas aristas. ¿Después?, nada. Seguiremos igual, como leí en uno de los tantos mensajes en redes: “… Dentro de un año nos estaremos riendo del coronavirus. No todos, claro…”. Y sí, así será. Después no habrá después porque, como los gatos, le echaremos tierra encima y lo olvidaremos. Tal vez hayamos caído en la cuenta de que no estamos solos, que este mundo “es un pañuelo” pero como somos criaturas de repetición es posible que volvamos a lo mismo, como si nada o como lo imponga la moda. Después caeremos en la cuenta de que hacer creer que estábamos preocupados por la “cosa” fue inútil, incluso agresivo, porque pocos verdaderamente se preocuparon; quizá solo aquellos atacados por la “cosa” y quienes los cuidaron. Después, algún tiempo después, poco tiempo, claro, las editoriales comerciales publicarán novelas que narran los altibajos de dos, tres, cinco, personas o familias, incluso barrios enteros en ciudades acorraladas por el virus y el miedo, que se venderán como arroz porque la desdicha de los otros vende y es así como se enriquecerán unos pocos y los otros seguiremos pensando que lo que suceda, sucede, claro, a los otros, porque lo que pasa al lado, a la vuelta de la esquina, no es con nosotros; también habrá una que otra película y seguramente los chistes en redes seguirán, pero sobre otra “cosa”. Esta “cosa” ya pasó, punto. Sin premeditarlo, antes de escribir esta Marginalia, empecé a hacer unos dibujos, a la pluma como siempre, de personajes. Retratos pensé que serían, quizá autorretratos imaginarios. Sin embargo, al dibujarlos, al hacer los primeros trazos no pude evitar que el sujeto del retrato se duplicara o triplicara, se imbricara como capas superpuestas y el resultado fuera el retrato de un personaje que no es el mío, sino, el de quien escribió este texto, un personaje sin “después” o con el mismo “después” de siempre…

Cosas…

… Si todo va bien, la “cosa” que se está regado por el mundo nos habrá hecho caer en la cuenta de que después de ella queda otra “cosa”, distinta a la “cosa” que había antes de la “cosa” que hoy nos acorrala… 

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

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