Cosas 44

10 octubre, 2020 § Deja un comentario


Perseguidor

Una tarde mientras trabajaba en la curaduría de una exposición en el Museo Maja de Jericó el cerro Tusa apareció grabado en el piso. El cielo en remolino presagiaba la hora de antes de la lluvia o la intensidad de los vientos. Su aparición fue solo un momento, apenas suficiente para la fotografía. Desde que persigo el Cerro, ¿diré que es él quien me persigue?, lo veo con frecuencia en otros lugares y también en pinturas, dibujos o grabados de artistas con quienes, por razón de las curadurías, me encuentro. La carretera que va de Medellín a Bolombolo y de allí a Jericó parece girar a su alrededor con el objeto único de mostrarlo desde todos sus ángulos. Después de la primera curva del descenso aparece como una pirámide verdeazul en la distancia y no desaparece más, va y viene entre las ramas de los árboles, detrás de otras montañas o en contraste con las señales de la vía; en ocasiones solo deja ver la cima, en otras el costado empinado y en otras su forma en punta casi perfecta, como una pluma que traza el cielo, la lluvia, las nubes, el viento, las hojas, los árboles, la distancia, las tormentas, las noches estrelladas o los días de sol. El día anterior a la aparición del cerro grabado en el piso del Museo, una nube única que parecía en equilibrio en la cima, me siguió. Recortado en el cielo azul, limpio, la nube y el triángulo de su cuerpo, me siguieron hasta unas curvas antes de la entrada de Jericó dónde es posible ver su cima más allá de otras montañas que en lugar de alejarlo o minimizarlo lo hacen más visible. Cuando apareció grabado en el piso del Museo Maja con el cielo en remolino y la hora indefinida lo hizo, seguramente, para recordarme que no es él quien me sigue si no yo quien lo lleva a todas partes…

Cosas…

… Dicen que ya no hay tal “cosa” … no crean…

Ficción La Revista

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