Cerro Tusa

1 diciembre, 2018 § 1 comentario


Hace cincuenta millones de años no había Cerro Tusa. Surgió de la tierra, como vía escape de un volcán, afirman los expertos y lo confirma el cráter en la cima. A pesar de su altitud, 1850 m.s.n.m., el Cerro Tusa es considerado único en el mundo por su forma de pirámide. Huellas con valor arqueológico que datan de 800 años d.C. descubiertas en sus alrededores referencian el lugar como uno de los principales santuarios precolombinos en el departamento de Antioquia. En 1541 el capitán Jorge Robledo encontró en este territorio, habitado por los Zenufanáes, una tribu dedicada a la agricultura y al cultivo del algodón que tenía el Cerro como lugar de culto y ceremonias. Aun hoy es posible ver los once peldaños tallados en la piedra que conducen al “Altar de los sacrificios” y desde allí la “Cara de la Diosa” un megalito con proporciones de rostro humano que sobresale en la ladera del Cerro…

… La carretera que va de Medellín a Bolombolo y de allí rumbo a Jericó, parece girar, antes de llegar a la ribera del río, alrededor del Cerro Tusa, con el objeto único, me lo he dicho siempre, de mostrarlo desde todos sus ángulos. Después de una curva cuando se inicia la bajada, aparece el Cerro como una pirámide verdeazul en la distancia y no desaparece más, va y viene entre las curvas, las ramas de los árboles o en contraste con la señalización de la vía; en ocasiones solo deja ver la cima, en otras el costado empinado y en otras su forma terminada en punta casi perfecta, como una pluma, en todo su esplendor. Esa vista y la analogía formal con la pluma descubrieron formas, sensaciones, elementos: el cielo, la lluvia, las nubes, el viento, las hojas, los árboles, la distancia, las tormentas, las noches estrelladas o los días de sol, formas y percepciones que la naturaleza en la forma única del Cerro sugiere…

Y así, de a pocos, después de cada paso alrededor del Cerro la pluma entró en ejercicio y las vistas en trazos de tinta, cortos, comenzaron también su recorrido. Las montañas, tienen el encanto de lo grandioso por su forma, su lugar, su historia. Las vistas del Cerro Tusa tienen origen en una relación pasajera pero intensa con su presencia y también en la experiencia de maestros del arte: Shen Zhou el maestro chino que en 1647 pintó el Monte Lu, el lugar donde François Cheng descubrió la belleza; las treinta y seis vistas del Monte Fuji que Katsushika Hokusai representó en grabados excepcionales; o las cuarenta y seis pinturas del Monte Santa Victoria que Paul Cézanne pintó entre 1882 y 1906. Incluso las treinta y tres versiones de la fachada de la Catedral de Rouen, otra montaña, que Claude Monet pintó en 1890, en distintas épocas del año, porque tenía el convencimiento de que la luz define la forma…

… El Cerro es reflejo. Texturas en el reflejo superior oscurecieron, dieron lugar a transparencias, quizá aéreas. En el reflejo inferior se completó la escalada y otras texturas de tierra tomaron forma. A la mañana siguiente veo otra cosa en el cerro Tusa que inicié la noche anterior, agrego tres líneas y amplío una sombra. Toma forma esta “Vista del Cerro” la primera. El momento en que ya no queda más por hacer está cerca, la escalada llega a punto, quizá falten uno o dos detalles. No los distingo…

… En cada triángulo suceden cosas distintas. Las partes no son reflejo, solo la forma, versión invertida de la otra que permite accidentes y trazos distintos de una a otra a pesar de que por ahora, o de una vez por todas, una suerte de poste, marca o punto de referencia parece clavado en la parte inferior y sube hasta la mitad de la parte superior, ya texturada por los trazos de la pluma gruesa, quizá demasiado gruesa para el resultado que espero obtener. Es uno de los aprendizajes a lograr…

… Entre las hojas se adivina la forma, el ángulo agudo apunta al cielo. El día se disimuló  entre  los árboles, las nubes abundan, anuncian lluvia pero no llueve.  Los troncos crecen y se cruzan, las hojas que parecen suspendidas forman barreras que disimulan la cima. Aparecen las estrellas…
… Y entonces a la mañana siguiente llegó una nube, seguramente vendrá seguida de otra. Entre las nubes y delante del cerro aparecen los reflejos, las sombras, es posible que llueva. De repente la lluvia viene de lejos y cae en la cima del cerro. Tres días después retomo la segunda vista del cerro Tusa bajo la lluvia, llueve más, ahora el agua rueda por sus laderas y las nubes se hacen pesadas…

… Cada vista comienza igual, nueve trazos, líneas tan rectas como posible, que dibujan los triángulos opuestos por la base; en ocasiones intercalados por la cima. Los trazos son iguales, salvo las imperfecciones del pulso, después vienen las formas, nubes o distancias; rutas para llegar o barreras para interrumpir. Los sentimientos sugieren o el recuerdo toma forma. Siempre es igual. Llegado el momento cuando el trazo llega al límite, cuando ya no hay más por hacer, el Cerro Tusa igual, siempre igual, pero distinto aparece en la hoja…

Argumento. En el 2019 ¡Sí! dijo… y ahí comenzó todo…

Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas Graham Greene apuntaba tramas y diálogos para sus novelas o divagaba sobre política y cine en las márgenes de los libros que tenía a mano…

© Saúl Álvarez Lara / 2018

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