Silla 44

2 noviembre, 2019 § Deja un comentario


… En el café de Flore, un banco…

Paris era una fiesta

Con frecuencia los resquicios de la memoria juegan distinto a como uno imagina. El café de Flore queda en la esquina de la rue Saint Benoit y el boulevard Saint Germain en Paris. No sé por qué siempre pensé que el encuentro o, cruce imaginario, que tuvo Hemingway con aquella chica que ocupó una mesa cercana a la suya cerca a la ventana y parecía vigilar la calle porque seguramente tenía una cita, había ocurrido en el Café de Flore y no en el café frente a la Place Saint Michel, donde Hemingway iba en busca de unos rones de Jamaica o de una docena ostras portuguesas acompañadas con media jarra de blanco seco y, por supuesto, iba a escribir. El día que la chica de cara fresca como moneda recién acuñada, cutis de lluvia y pelo negro como ala de cuervo que daba a su mejilla un limpio corte en diagonal apareció en la mesa al lado de la ventana, como narró en “Paris era una fiesta”, Hemingway escribía un cuento en una libreta de bolsillo; la aparición le causó tal sorpresa que la intención de meter a la chica en el cuento lo obligó a escribir con más empeño. Hemingway escribía y solo para ver a la chica y meterla en el cuento levantaba los ojos, así constataba que estaba allí y que cada vez la tenía más en su historia. Cuando llegó al último párrafo leyó el cuento, le pareció perfecto, levantó la mirada y la chica ya no estaba, se había marchado. Sucedió en el café frente a la Place Saint Michel. Por una de aquellas jugadas de la memoria siempre tuve la idea de que el cruce había sido en el Café de Flore, lugar de reunión de escritores, pintores y poetas en los años anteriores a la ocupación. Hace algún tiempo, un otoño, pasé por el café de Flore con Luz Elena, mi mujer, y Jaime Gómez nuestro amigo pintor y ocupamos una mesa en la terraza. Pedimos lo que hubiera pedido Hemingway: ron de Jamaica para nosotros y vino blanco seco para mi mujer. Conversamos y miramos pasar la gente como Perec en “Inventario de un lugar parisino”. Esperé, debo decir, la aparición, en alguna de las mesas cercanas, de una chica como la que describió Hemingway para hacer como él: meterla en una historia, pero ninguna chica apareció. Con el tiempo caí en la cuenta de mi error, seguramente, me dije, la chica de Hemingway estaba en el café frente a la Place Saint Michel mientras nosotros estábamos en el Café de Flore. De todas maneras la incluí en esta historia…

Hechos…

… Tiene forma de bola, por eso la llaman La silla Ball. La definieron como un espacio dentro del espacio porque produce la sensación ligera de incluir a quien la ocupa en la levedad de un universo como el de Kubrick en 2001, Odisea del espacio

Museo Maja de Jericó / Exposiciones abiertas hasta el 25 / 11 / 2019

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