Cosas 35

8 agosto, 2020 § Deja un comentario


Norte

Llevo una brújula a todas partes. Todos llevamos una. Algunos se vanaglorian de tenerla incluida en su configuración desde cuando llegaron al mundo. Otros, la mayoría, la llevan como agregado posterior. Los usuarios del celular, muchos lo ignoran, llevan, como yo, una brújula a todas partes. Me he preguntado cuál fue la razón para que los diseñadores de estos artefactos “inteligentes” entre comillas, decidieran incluir una brújula entre las utilidades al alcance de un toque suave. Para hacerlos más inteligentes es una razón de paso. Otra razón, no de paso sino de peso, es para proporcionar a los embolatados, inseguros, distraídos, vacilantes, movedizos, un “Norte” que les sirva de guía. Me pareció una razón de peso cuando la descubrí en el celular que llevo a todas partes, que miro cada diecisiete segundos y me sirve sobre todo de libreta de apuntes porque en él anoto lo que veo, a quienes veo, lo que hacen, cómo lo hacen y, lo he repetido en numerosas ocasiones, donde consigno las ficciones que sus acciones me sugieren; ficciones que, al fin y al cabo, no son las de ellos sino las mías. Por accidente, apreté donde no debí hacerlo, encontré la brújula en el celular y me sentí perdido. Entonces recordé un texto escrito hace ya algunos años para el Pequeño Periódico titulado “Norte” donde, con la ayuda de la brújula y sus orígenes chinos –una aguja de magnetita, mineral con propiedades magnéticas, pegada a un trozo de bambú que flota en un recipiente con agua y gira sobre su eje hasta indicar el Norte Magnético–, hacemos un recorrido por los “Nortes” con los que nos relacionamos. La brújula permitió descubrir que el Norte Magnético era un punto en permanente movimiento, cuarenta kilómetros cada trescientos sesenta y cinco días. Al Norte Geográfico llegó Robert Peary el seis de abril de mil novecientos nueve, cuando alcanzó el Polo Norte. Con ese Norte establecido en posición, coordenadas, eventos, lenguaje, y todo lo demás, apareció el Norte Simbólico, aquel lugar imaginario donde la expresión “Perder el norte” tiene origen; sin embargo, el Norte no solo se pierde, también se encuentra y significa: seguridad, éxito o al menos la posibilidad mínima de error. Pero el magnetismo del Norte Simbólico es endeble, tan fácil se encuentra como se pierde. Debido a los movimientos continuos del centro magnético de la Tierra cada trescientos mil años el Sur toma el lugar del Norte, en ese evento las brújulas indican el polo opuesto y toda la seguridad que representa el Norte Simbólico queda reducida a nada, las direcciones se trastocan, el Sur pasa a ser el punto de referencia y quien pierda el Norte pero halle el Sur se encontrará perdido pero en el lugar correcto, solo que cuando esto suceda será necesario adaptarse a otros códigos de organización, dirección y guía. Es posible que nos veamos enfrentados a esa situación. Sin embargo, existe un factor capital para tener en cuenta: el centro magnético de la Tierra está en su núcleo, las brújulas indican el Norte Magnético como punto de referencia pero como su desplazamiento es permanente, ese punto de referencia es incierto, igual que el Norte Simbólico. Si, llegado el momento, las brújulas indicaran el centro de la Tierra, como es posible que suceda, significaría que ya nadie tiene la necesidad de buscar el Norte Magnético como materialización del Norte Simbólico, todo el mundo estaría parado en su propio Norte, no sería necesario ir, venir o buscar más allá. Aquel símbolo de seguridad y en cierta forma de logro, estaría bajo los pies de cada uno. Parece una ficción y eso es, aunque es bueno tener en cuenta que en este mundo cambiante la ficción se repite hasta convertirse en realidad…

Cosas…

… Hay “cosas” que estremecen pero también hay “cosas” que alegran…

Los “Retratos Aislados” están aquí…

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