Silla 27

6 julio, 2019 § Deja un comentario


…La silla es para la utilería…

El equilibrista y su ex…

Lo vi en esquinas distintas subido a una cuerda extendida a medias entre dos árboles. Como las veces anteriores su peso marca el ritmo de los malabares y hace una ola profunda en la cuerda. Esta vez, a pesar de que es el equilibrista de otras esquinas, no parece el mismo, hace malabares con los aros de siempre, con la sombrilla verde de siempre, con los balones y pelotas de plástico de siempre. Pero no es el mismo. Al pie de uno de los árboles donde está atada la cuerda un mujer joven, colega, compañera, tal vez novia del equilibrista espera. En otras ocasiones, en las pausas, lo apoya o va de automóvil en automóvil recibiendo las donaciones. Es ella, no hay duda, es la misma joven que he visto otras veces con él; sin embargo esta vez el desdén domina su figura, como si estar allí fuera una carga insoportable. En una de las pausas que permite el cambio de luces del semáforo, el equilibrista y la joven hablan, gesticulan, discuten, ella llora, él se abraza a ella; él habla; ella no acepta sus palabras, quizá explicaciones. Cada vez que intenta abrazarla, acercarse, hacerle entender, ¿entender qué?, ella rechaza la explicación. La discusión toma el tiempo de varios cambios de rojo a verde; cuarenta y cinco segundos para hacer el número mientras la luz del semáforo está en rojo y otros cuarenta y cinco, mientras la luz está en verde, para reposar, concentrarse, preparar los elementos para el siguiente número y ejecutarlo. Varios cambios de luces pasan y la discusión no termina; ni las explicaciones, ni los abrazos rechazados, ni las lágrimas logran aplacar ¿la ira?, ¿la duda?, ¿el desengaño? De repente suena una fanfarria. Es el celular de ella, se aleja, va a recostarse contra uno de los árboles donde está atada la cuerda. Habla y llora mientras él, que debería hacer su trabajo: malabares, cuerda floja, juegos de manos, espera. Ella deja el celular, habla y llora; él espera. Cuando termina la conversación ella, sin gestos de despedida o reproche, se aleja. El equilibrista no se mueve, espera entre los árboles donde está atada la cuerda. La joven se aleja una calle, se detiene y mira hacía donde está el equilibrista. Toma una decisión y regresa a la esquina donde el equilibrista espera con la mirada fija en el asfalto. Ella se acerca, él la ve y una pequeña, muy pequeña, sonrisa aparece en sus labios. Ella va hasta la silla de amoblamiento público desaparecida bajo aros, balones, sombrillas; busca, escarba, rebusca, y cuando encuentra, saca lo que encuentra del arrume, lo aprieta bajo el brazo y sin mirar atrás parte con paso que no deja entrever el regreso. Solo ellos saben qué pasa y no hay quien lo pregunte. ¿Para qué?…

Hechos…

… La primera silla moldeada en una sola pieza de plástico fue obra y diseño de James Prestini, Robert Lewis y Edgar Kaufman. El Museo de Arte Moderno de Nueva York la presentó en 1968 en una feria de muebles de bajo costo: The Low Cost Furniture Show

Exposiciones abiertas en el Museo Maja de Jericó hasta el 29 de julio

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