Cosas 37

22 agosto, 2020 § Deja un comentario


Hucha

Una tienda con objetos de arte y cachivaches. Al lado de otra igual, perdidas detrás de artesanías, quizá piezas únicas de artistas desconocidos y materiales mínimos, las huchas, de vidrio soplado hacen parte de las artesanías. Eran medianas, de vidrio grueso y de apariencia ligera. Llamó mi atención un dibujo de trazo abigarrado en el interior de una de ellas. Sucedió un martes al atardecer. Aquellas huchas me recordaron otra, en cerámica roja, donde guardé, coleccioné, monedas de quinientos pesos durante meses. Las que ahora llamaron mi atención eran transparentes, sobre todo la que contenía el dibujo. Volví a casa sin haber intentado preguntar por ella; fue solo una mirada, la curiosidad por el dibujo en su interior y el recuerdo de la anterior, nada más. Durante los días siguientes la figura redonda disimulada en la estantería vino y partió varias veces. Era un ir y venir que no revestía importancia, algo que había sucedido, un encuentro casual, si se puede llamar de esa manera, que podía, o con seguridad, iba a caer en el olvido más pronto de lo que imaginaba y no era necesario dedicarle tiempo. Pasaron dos días. Al tercer día regresé al lugar. Desde la puerta alcancé a verla, pero no me apresuré y, como en la visita anterior, me quedé en las estanterías cerca de la entrada donde exhiben libros leídos para la venta. Me tranquilizó ver que no la habían vendido. Encontré una fotocopia encuadernada de los Diarios de Paul Klee y con ella debajo del brazo fui donde el dueño con la intención de comprarla. Crucé la tienda esquivando sillas de metal, arrumes de libros, un mueble despintado con figura de alacena, hasta la estantería donde se encontraba la hucha. Elegí la que estaba más lejos del borde y tenía el dibujo en su interior; parecía liviana pero era pesada. La llevé al dueño. La compro, dije. El hombre asintió, murmuró el precio y esperó. Cuando le entregué los billetes azules con el astrónomo Garavito por un lado y el planeta Tierra por el otro, dijo: viene de lejos, la soplaron a pulmón limpio y es especial para conservar dibujos abigarrados. ¿Monedas no? pregunté. No, solo dibujos abigarrados como el que lleva dentro, es una hucha, pero si no la cuida o no agrega más dibujos en su interior no sé qué pueda suceder. Y no hablamos más. No pregunté quién la había soplado, ni siquiera pregunté quién era el autor del dibujo abigarrado en su interior. No pregunté nada. Salí con ella en una bolsa de plástico azul. Ya en casa la dejé sobre una silla en la habitación donde paso los días. Con frecuencia recuerdo su forma y sus brillos de vidrio de apariencia liviana. Sin embargo, puedo asegurar que aun hoy sigue en el mismo lugar y no me atrevo a abrir la bolsa azul, no sé que pasaría si el dibujo abigarrado en su interior es distinto o está rebosante de ellos o está vacía o no hay hucha. Mientras los días pasan, en libretas que tengo a mano, los dibujos con trazos cortos, las texturas, las formas y las sombras se abigarran hasta convertirse en retratos. Es posible que en las noches, cuando las cosas hacen y deshacen a su amaño, los dibujos pasen de las libretas a la hucha…

Cosas…

… Quizá Monterroso hubiera escrito: … Y cuando despertó, la “cosa” todavía estaba allí

Los “Retratos Aislados” están aquí…

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