Cosas 10

7 marzo, 2020 § Deja un comentario

Carta

Era el final de la tarde, no había oscurecido aun y la luz del sol cada vez más rasante estiraba las sombras. La calle, empinada y estrecha del centro de esta ciudad desconocida desbordaba de gente que iba y venía, cuando la acera se hacía estrecha los pasantes debían bajar a la calle, sin embargo no había encontrones ni atascos, todos circulaban a sus anchas y ninguno miraba el suelo. Debía ser yo el único porque desde una distancia respetable, entre las piernas del gentío, vi la carta de baraja entre el borde de la acera y una grieta que no la dejaba volar al paso de los transeúntes. No le quité más el ojo. Soy algo supersticioso y si estaba al revés era porque escondía alguna de las figuras y seguramente traería buena suerte. La carta que fuera me traería suerte. La distancia entre ella y yo se acortaba a cada paso. La duda de que alguien más la hubiera visto y se adelantara a recogerla me asaltó a unos diez metros de donde se encontraba. Aceleré como pude, bajé a la calle y un poco más libremente la alcancé. Antes de agacharme a recogerla tuve que dejar pasar una señora con un niño que también vio la carta pero como a esa edad, quizá menos de diez años, la suerte está en otra parte no le importó o no le interesó el grabado de los gallos de pelea que van de un lado a otro en ella. En el mismo momento en que la toqué con mis dedos, la agarré, la saqué de la grieta donde estaba y me levanté para mirarla y ver si era un as, una reina o un rey o mejor aun, un comodín, y ojalá de ninguna manera un tres o un cuatro, un hombre tan alto como yo, con barriga y vestido de gris se acercó y dijo, muéstreme qué carta es, si es un as, nos va a ir bien. El uso del plural de su parte me dejó fuera de base, era la primera vez que lo veía, no éramos amigos, ni siquiera vecinos de acera y quería apropiarse por lo menos de la mitad de la suerte que me correspondía. No dije nada, lo miré sin mirar la carta y tampoco la destapé; en ese momento ni él ni yo sabíamos qué carta tenía entre manos. Entonces repitió, si es un as nos va a ir bien, muy bien. Entonces le dije, no sé que carta es. Y él insistió, destápela y veamos. No, le dije, es de mala suerte mirar las cartas de naipe que uno se encuentra en la calle. El hombre me miró con los ojos de par en par. ¿Cómo? preguntó. Sí, le dije con voz de conocedor, no la puedo destapar porque entonces la suerte se va y eso sería grave. Sin decir más y sin mirarla la guarde en el bolsillo interior de mi chaqueta. El hombre no lo podía creer. Si hay una, debe haber otras por aquí cerca, una de esas debe ser la suya, le dije y seguí caminando como si llevara la suerte en mi bolsillo. Lo importante de esta historia es que hasta el sol de hoy, esto sucedió hace más de un año, no he mirado la carta, la guardo entre otros papeles que mantengo cerca y no la he mirado. Me creí mi cuento…

Cosas…

… Un comodín es una cosa especial que se encuentra entre otras y sirve para sacarlo a uno de apuros. Hay cosas así…  

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

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