Cosas 7

15 febrero, 2020 § Deja un comentario

Anónimo / Paisaje inclinado / Frasco de esencia / sf.

Inclinado

El paisaje es pequeño, cabe en un frasco de esencia. El encuentro con su autor sucedió en el oriente de Antioquia. Aquel hombre tenía por profesión conocida y única, dijo, conservar paisajes con cielo, nubes, en ocasiones aves que pasan y horizontes llanos o quebrados, con tonos de verde, azul y ocre o los que la hora y el lugar permitan, en frascos de esencia. Era, aseguró, la técnica que prefería para narrar sus viajes. Era un viajante sin puerto, que cargaba en frascos de esencia la imagen de los lugares por donde había pasado. Mientras se detenía en algún lugar elegido para preservar el cielo, con nubes o aves, y el verde con praderas y árboles, con piedras y montañas; o el horizonte con mares tranquilos o picados, la gente lo abordaba, entonces sacaba de sus alforjas un sin fin de lugares conservados en frascos de esencia y narraba los pormenores de cada uno: cómo pasó de un lugar a otro, cómo se protegió de una tormenta, la hora y punto preciso de un acontecimiento, el personaje que lo guió o el plato que le dieron a probar en algún restaurante del camino. El hombre hablaba y mientras se extendía en detalles y personajes, el paisaje frente a él se construía al interior del frasco. Lo conocí una tarde mientras daba forma a un paisaje del oriente de Antioquia. Aquella misma tarde me regaló el frasco de esencia con el oriente en él. No sé por qué lo hizo, su bitácora de viaje, como explicó, eran los paisajes conservados en frascos de esencia y al regalármelo se estaba desprendiendo de un momento significativo o, y eso lo comprendí mucho más tarde, dejaba en mis manos el itinerario de sus viajes. El tiempo pasó. Un día, por causa de una ausencia programada, pedí a mi hermana que conservara el frasco de esencia en su casa. Mi ausencia tomó más tiempo del imaginado y a mi regreso otras situaciones retardaron el reencuentro. Algo más de un año pasó antes de que el paisaje volviera a mis manos. Tenía una idea lejana de cómo era y al verlo de nuevo no era el mismo. Las montañas recortadas al límite del cielo azul, con tres nubes, cúmulos pequeños, se había convertido en una línea azul, tenue por la distancia que se mezclaba con nubes masivas, blancas y bajas, cúmulos humilis, quizá. Además, parecía inclinado. Imaginé, entonces, que, igual que en El Hombre ilustrado de Ray Bradbury, el tatuaje en el cuerpo del ilustrado se transforma y ocupa un lugar según el momento y quien lo mira; en el frasco de esencia, en la medida en la que el paisajista viaja de un lugar a otro, el paisaje cambia según dónde se encuentre. Desde aquel día el frasco de esencia está en un lugar donde espero ver los días de sol, de lluvia y las noches estrelladas o de luna que suceden en su interior pero sigue igual, quizá más inclinado…

Cosas…

… Mis cosas, dijo el mago, caben aquí y sin decir más acomodó: ropa, libros, una cama, un armario, una mesa de trabajo, la computadora, un plato y dos vasos, en el sombrero de copa que apareció en su mano…

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

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