Cosas 5

1 febrero, 2020 § Deja un comentario

Plumas

Por una razón que no sé explicar un día decidí que los dibujos que hiciera serían con pluma, en tinta, con trazos cortos, a veces precisos, a veces no. Lo que dibujara, los trazos que hiciera, tendrían un valor definitivo, no habría dibujos previos a lápiz y tampoco marcha atrás. Fue un tiempo en el que hice trazos sin interrupción, cada día terminaba uno o varios dibujos. La técnica era siempre la misma: trazos cortos que se convertían en texturas, densidades o volúmenes sugeridos por una fuente de luz definida de antemano y mezclados con trazos más largos que marcaban límites, formas, fisuras, algo más accidentados y temblorosos que, si no alcanzaban la precisión de la silueta o el movimiento, se repetían sin restricción. De esta manera de trabajar resultó una relación con el papel, también con la tinta, pero sobre todo con las plumas que son, en definitiva, las que marcan el temblor, el perfil y el grueso, la claridad, la longitud o la precisión del trazo. Hasta que llegó el día del trasteo. Un trasteo equivale a dos incendios o también a un terremoto. No es raro, entonces, que en situaciones catastróficas objetos pequeños como las cajas donde guardaba las plumas cambiaran de lugar o cayeran, sin que nadie lo notara en otras cajas, más grandes, con objetos no relacionados con la función de las plumas; o también es posible que fueran a parar al cuarto útil en cajas donde está lo que ya nadie quiere. Así fue cómo la caja con las plumas desapareció. Extraño, las plumas eran importantes. Perderlas de vista tuvo influencia en una decisión que venía fraguando: escribir historias que por falta de pulso, quizá, no lograría dibujar. El paso se dio con la naturalidad suficiente para no echar de menos las plumas. Esto sucedió hace algunos años. Hace poco menos de un año, en algún arranque de reorganización aparecieron, en cajas donde no tenían por qué estar, los útiles de dibujo que iban con las plumas: encabadores, tramos de bambú tallados a manera de plumas y otros objetos que habían estado siempre cerca, o con, las plumas. A pesar del hallazgo las plumas seguían sin aparecer. Estaba ya tan involucrado en el intento de escribir historias que no iba a dibujar que el hallazgo pasó, digamos, desapercibido. Hasta que al escarbar en el fondo de un guardarropa oscuro encontré una caja que no había visto antes, o tal vez sí pero sin prestarle atención. Al interior de aquella caja estaban, estuvieron durante años, las cajas más pequeñas con las plumas que busqué sin encontrar. Fue importante reencontrarlas pero como estoy dedicado a escribir historias en lugar de dibujarlas y cuando dibujo lo hago con otras plumas que he logrado adaptar a mis posibilidades de dibujante la caja perdida adquirió el valor de trofeo. Recuperarla fue reconfortante, fue como recuperar recuerdos diluidos. Al menos por ahora sé que no las utilizaré o, quizá sí, un día intentaré el dibujo de una nube o un autorretrato con ellas, quién sabe… 

Cosas…

… Según el diccionario, “cosa” es todo lo que existe, ya sea real o irreal, concreto o abstracto y más adelante agrega: en oraciones negativas equivale a nada… 

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

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