Cosas 8

22 febrero, 2020 § Deja un comentario


Traición

René Magritte podría decir, con la misma certeza con que abordó siempre sus pinturas, que la imagen que ilustra este texto tampoco es una pipa, como hizo cuando aseguró que la pipa en su pintura de mil novecientos veintiocho no era una y, a ojos de todos, era una pipa cabal y fumante. La pipa de Magritte hace parte de la confabulación que descubrió y denunció como La Trahison des images. Si Magritte hubiera aceptado que su pintura era una pipa, mentiría, porque lo visible en el rectángulo amarillo era la imagen de una pipa y por lo tanto, el texto, debajo del objeto, que asegura que la pintura es solo la representación de lo que todos imaginan, es una verdad de a puño. En alguna conversación con amigos en el café Jupiler, en la esquina de su casa en Schaerbeek donde siempre vivió, le preguntaron por qué escribió la famosa frase debajo de la pipa. Magritte respondió que su propósito era hacer evidente que las imágenes no son lo que representan y se acercan más a lo que cada uno piensa o imagina de la representación que al objeto o al momento representado. Para corroborar lo dicho, aquella misma noche preguntó a sus amigos, ¿es posible poner tabaco en el recipiente de la pipa en el cuadro?, ¿es posible fumarla?, ¿ver el humo, sentir el aroma del tabaco?, no es posible, por lo tanto la imagen de la pipa no es una pipa. Fue lo último que supe de aquella reunión en últimos años veinte. Poco después, entre mil novecientos treinta y dos y treinta y cinco, Magritte pintó varios óleos que tituló: La condition humaine en los cuales una imagen sobre caballete reproduce el momento, el lugar, la situación más allá del caballete; con la misma perspectiva la integra y en algunos casos llega a sobrepasarla. Se trataba de una imagen dentro de otra imagen que al complementarse proponen una tercera imagen, la que el espectador registra; imagen imposible, que no existe y se presta al malentendido; debe ser, entonces, el momento en que se hace necesario distinguir qué es y qué no es. Es a partir de la premisa de que las imágenes son lo que son, nada más, y liberan aquello que cada uno comprende distinto según quien sea el espectador, que René Magritte construyó su obra. La pipa que ilustra este texto y no es una, estoy de acuerdo con Magritte, es otra de sus posibles representaciones, la encontré una tarde en el banco de trabajo de un cacharrero entre cientos de objetos en desorden. Le pregunté por su precio. Respondió, ¿la pipa?, no vale nada, se la regalo, ya no fumo…

Cosas…

… Las cosas, como las imágenes, tienen vida propia, sirven para lo que fueron hechas y representan lo que no son. Además cada uno las entiende según su leal saber y entender…

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

Cosas 7

15 febrero, 2020 § Deja un comentario


Anónimo / Paisaje inclinado / Frasco de esencia / sf.

Inclinado

El paisaje es pequeño, cabe en un frasco de esencia. El encuentro con su autor sucedió en el oriente de Antioquia. Aquel hombre tenía por profesión conocida y única, dijo, conservar paisajes con cielo, nubes, en ocasiones aves que pasan y horizontes llanos o quebrados, con tonos de verde, azul y ocre o los que la hora y el lugar permitan, en frascos de esencia. Era, aseguró, la técnica que prefería para narrar sus viajes. Era un viajante sin puerto, que cargaba en frascos de esencia la imagen de los lugares por donde había pasado. Mientras se detenía en algún lugar elegido para preservar el cielo, con nubes o aves, y el verde con praderas y árboles, con piedras y montañas; o el horizonte con mares tranquilos o picados, la gente lo abordaba, entonces sacaba de sus alforjas un sin fin de lugares conservados en frascos de esencia y narraba los pormenores de cada uno: cómo pasó de un lugar a otro, cómo se protegió de una tormenta, la hora y punto preciso de un acontecimiento, el personaje que lo guió o el plato que le dieron a probar en algún restaurante del camino. El hombre hablaba y mientras se extendía en detalles y personajes, el paisaje frente a él se construía al interior del frasco. Lo conocí una tarde mientras daba forma a un paisaje del oriente de Antioquia. Aquella misma tarde me regaló el frasco de esencia con el oriente en él. No sé por qué lo hizo, su bitácora de viaje, como explicó, eran los paisajes conservados en frascos de esencia y al regalármelo se estaba desprendiendo de un momento significativo o, y eso lo comprendí mucho más tarde, dejaba en mis manos el itinerario de sus viajes. El tiempo pasó. Un día, por causa de una ausencia programada, pedí a mi hermana que conservara el frasco de esencia en su casa. Mi ausencia tomó más tiempo del imaginado y a mi regreso otras situaciones retardaron el reencuentro. Algo más de un año pasó antes de que el paisaje volviera a mis manos. Tenía una idea lejana de cómo era y al verlo de nuevo no era el mismo. Las montañas recortadas al límite del cielo azul, con tres nubes, cúmulos pequeños, se había convertido en una línea azul, tenue por la distancia que se mezclaba con nubes masivas, blancas y bajas, cúmulos humilis, quizá. Además, parecía inclinado. Imaginé, entonces, que, igual que en El Hombre ilustrado de Ray Bradbury, el tatuaje en el cuerpo del ilustrado se transforma y ocupa un lugar según el momento y quien lo mira; en el frasco de esencia, en la medida en la que el paisajista viaja de un lugar a otro, el paisaje cambia según dónde se encuentre. Desde aquel día el frasco de esencia está en un lugar donde espero ver los días de sol, de lluvia y las noches estrelladas o de luna que suceden en su interior pero sigue igual, quizá más inclinado…

Cosas…

… Mis cosas, dijo el mago, caben aquí y sin decir más acomodó: ropa, libros, una cama, un armario, una mesa de trabajo, la computadora, un plato y dos vasos, en el sombrero de copa que apareció en su mano…

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

Cosas 6

8 febrero, 2020 § Deja un comentario


Bairo Martinez / Transformatus VI / 127 X 52 X 40 cms. / Técnica mixta / 2018 / En exposición en el Museo Maja de Jericó hasta el 30 de marzo de 2020

Silencio

Recuerdo, hace años, el patio de la casa de mi tía Enriqueta en una de las esquinas del parque de El Poblado, en el Medellín de los años cincuenta y sesenta, rodeado de helechos y jaulas con canarios que no cesaban de trinar desde temprano en las mañanas. El trinar de los canarios no es solo melodioso, es intenso porque es un llamado de amor a la hembra y, también, un acto de prevención contra posibles depredadores. Sin embargo, los depredadores con frecuencia pueden más. Cuando el canario, a pesar de la vivacidad de su color amarillo y la alegría de su canto, cesa de trinar y el silencio lo alcanza, es porque el peligro está cerca y es posible que se encuentre en trance morir. Pero no de muerte natural. El silencio del canario, que menciono, viene desde el siglo XIX y aun antes, cuando se les utilizaba para detectar la presencia de metano y óxido de carbono, mezcla explosiva que se conoce como “grisú”*, en la explotación de minas de carbón. ¿Por qué se utilizan canarios para detectar la presencia del gas en los socavones?, fue una pregunta que se planteó con frecuencia; la respuesta es que el canario es el ser viviente más sensible a la mezcla mortífera aun cuando la presencia del gas sea de menos del uno por ciento, cuando todavía no es nocivo para los humanos y, sin embargo, el peligro de explosión es posible. Por esta razón los canarios llevan la delantera cuando de entrar en minas se trata. Se han inventado aparatos para prevenir el peligro pero, unos por poco fiables y otros por malos, no han logrado reemplazar su trinar o su silencio. En estos tiempos de tecnología se sigue utilizando una técnica con más de doscientos años para detectar el peligro en el socavón a pesar de que las jaulas clásicas presentan inconvenientes insalvables si el canario muere en el intento, puesto que su muerte, o su silencio, agota la posibilidad de detectar el peligro y es necesario, entonces, repetir la operación desde el principio: regresar a la boca del socavón, requisicionar otro canario y retornar al interior de la mina. No hace mucho, en Inglaterra, diseñaron una jaula con paredes herméticas y puerta corrediza; dos mineros entraban al socavón con un canario en la jaula; a la profundidad requerida abrían la puerta y si el canario mostraba síntomas de postración y callaba, cerraban la puerta y por medio de una válvula inyectaban oxígeno en la jaula. Si las cosas salían bien el canario revivía y quedaba listo para otra prueba. Este invento tiene mucho de económico puesto que es menos costoso detectar gases explosivos con canarios, sobre todo si se pueden utilizar varias veces. Las obras que el artista Bairo Martínez presenta en el Museo Maja de Jericó en su exposición, Orbis Terrarum, son un llamado de atención a las minas de carbón de Amagá, la tierra de sus ancestros, y sitúan a los visitantes frente al drama de la minería en general, el trinar de los canarios también se escucha hasta el silencio en las minas de cobre de Chile. En Orbis Terrarum, conmueve profundamente la jaula incrustada en un bloque de carbón. Frente a ella, no es posible ignorar el silencio del canario…

Cosas…

El libro de las cosas perdidas de John Connolly; Las cosas de Georges Perec; El sistema de los objetos de Jean Baudrillard; Casi un objeto de José Saramago. Libros trascendentales y significativos que narran las cosas y los objetos que vemos, oímos, olemos, tocamos, consumimos y en ocasiones nos llevan a rebelarnos…

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

Cosas 5

1 febrero, 2020 § Deja un comentario


Plumas

Por una razón que no sé explicar un día decidí que los dibujos que hiciera serían con pluma, en tinta, con trazos cortos, a veces precisos, a veces no. Lo que dibujara, los trazos que hiciera, tendrían un valor definitivo, no habría dibujos previos a lápiz y tampoco marcha atrás. Fue un tiempo en el que hice trazos sin interrupción, cada día terminaba uno o varios dibujos. La técnica era siempre la misma: trazos cortos que se convertían en texturas, densidades o volúmenes sugeridos por una fuente de luz definida de antemano y mezclados con trazos más largos que marcaban límites, formas, fisuras, algo más accidentados y temblorosos que, si no alcanzaban la precisión de la silueta o el movimiento, se repetían sin restricción. De esta manera de trabajar resultó una relación con el papel, también con la tinta, pero sobre todo con las plumas que son, en definitiva, las que marcan el temblor, el perfil y el grueso, la claridad, la longitud o la precisión del trazo. Hasta que llegó el día del trasteo. Un trasteo equivale a dos incendios o también a un terremoto. No es raro, entonces, que en situaciones catastróficas objetos pequeños como las cajas donde guardaba las plumas cambiaran de lugar o cayeran, sin que nadie lo notara en otras cajas, más grandes, con objetos no relacionados con la función de las plumas; o también es posible que fueran a parar al cuarto útil en cajas donde está lo que ya nadie quiere. Así fue cómo la caja con las plumas desapareció. Extraño, las plumas eran importantes. Perderlas de vista tuvo influencia en una decisión que venía fraguando: escribir historias que por falta de pulso, quizá, no lograría dibujar. El paso se dio con la naturalidad suficiente para no echar de menos las plumas. Esto sucedió hace algunos años. Hace poco menos de un año, en algún arranque de reorganización aparecieron, en cajas donde no tenían por qué estar, los útiles de dibujo que iban con las plumas: encabadores, tramos de bambú tallados a manera de plumas y otros objetos que habían estado siempre cerca, o con, las plumas. A pesar del hallazgo las plumas seguían sin aparecer. Estaba ya tan involucrado en el intento de escribir historias que no iba a dibujar que el hallazgo pasó, digamos, desapercibido. Hasta que al escarbar en el fondo de un guardarropa oscuro encontré una caja que no había visto antes, o tal vez sí pero sin prestarle atención. Al interior de aquella caja estaban, estuvieron durante años, las cajas más pequeñas con las plumas que busqué sin encontrar. Fue importante reencontrarlas pero como estoy dedicado a escribir historias en lugar de dibujarlas y cuando dibujo lo hago con otras plumas que he logrado adaptar a mis posibilidades de dibujante la caja perdida adquirió el valor de trofeo. Recuperarla fue reconfortante, fue como recuperar recuerdos diluidos. Al menos por ahora sé que no las utilizaré o, quizá sí, un día intentaré el dibujo de una nube o un autorretrato con ellas, quién sabe… 

Cosas…

… Según el diccionario, “cosa” es todo lo que existe, ya sea real o irreal, concreto o abstracto y más adelante agrega: en oraciones negativas equivale a nada… 

Museo Maja, Jericó / Exposiciones abiertas hasta / 30 / 03 / 2020

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