Silla 45

9 noviembre, 2019 § Deja un comentario


… Una pintura de Vilhelm Hammershøi…

Reposo. Vilhelm Hammershøi / Óleo sobre tela / 49.5 X 46.5 cms. / 1905 / Musée D’Orsay. Paris

Reposo

La mujer está de espaldas. De espaldas a Vilhelm Hammershøi artista danés quien la pintó y, claro está, de espaldas a mí, espectador circunstancial. El tiempo no parece correr para ella ni para el pintor y menos aun para mí. Es el momento del reposo en un taburete color madera inspirado en los famosos Thonet de principios del siglo XX. Es el descanso a pesar de que el tiempo no corre. El peinado despeinado cogido en moña, la mesa cubierta con tela gruesa y el paño blanco utilizado para evitar que la ropa se chafe en el momento de planchar, son testigos quietos. La pose relajada y la mirada baja sugieren el reposo. Como en la mayoría de sus pinturas, las habitaciones parecen desiertas o casi y como el tiempo no corre puede ser mañana o tarde. Conocí a Vilhelm Hammershøi en una calle de la Ciudad de la Pintura que, por estar en el mundo paralelo, es todas las ciudades. Nos encontramos frente a una habitación de otro tiempo que hubiera podido estar en Bruselas, Londres o Copenhagen. En las pinturas de Hammershøi la luz como la hora son indefinibles, el sol entra por la ventana, ilumina el piso y los pocos muebles; las puertas de par en par comunican habitaciones desiertas con ventanas lejanas; de repente un escritorio o una mesa con mantel blanco recién planchado quizá por la mujer que ahora reposa; muebles de salón, taburetes, lámparas, y en alguno que otro rincón una figura de mujer a la espera. Aquel encuentro con Hammershøi sugirió la posibilidad de devolver el tiempo y en efecto lo devolvió en forma de recuerdo, de mí recuerdo. Entonces me encontré en habitaciones de techo alto, lámpara en el centro, piso de madera curtida por los pasos, uno que otro mueble, en ocasiones una silla Thonet original o solo imitación; paredes blancas con pocas pinturas a pesar de que era casa de pintores, puertas abiertas también blancas de aparente solidez y peso venido de un tiempo pasado en dirección a otro por venir. Un recuerdo tan sólido como el silencio se abrió a la experiencia de la memoria. Entré en las pinturas. Pasé de espectador a sujeto y en el recuerdo me deslicé en una silla como la que ocupa la mujer en la pintura solo que la mía no era color madera, era roja. Comprendí que el tiempo estaba abierto, podía ir hacia atrás o hacia adelante tanto como quisiera. Decidí que estaba en el número cuarenta y nueve de la rue Berckmans de Ixelles, en Bruselas, donde compartí el tercer piso, un taller de artista, con Serge Herbiet amigo pintor belga. Pasé de una habitación a otra, subí y baje escaleras. Entrar en la pintura y recorrer lugares como aquellos que hicieron parte de mi día a día fue extraordinario. Recorrí las estancias que Hammershøi trajo a la memoria, pasé por aquella donde la mujer espera y no escuchó mis pasos. Crucé el salón amplio, llegué a la ventana, la luz del otoño era suave. En la fachada del frente, al otro lado de la calle, una ventana igual coincidía, podría decir, con la ventana donde el recuerdo me llevó. Me pareció distinguir en ella la mujer que Hammershøi pintó mientras reposaba en la silla, quizá allí mismo, años antes de mi recuerdo…

Hechos…

La silla Wassily, conocida como Modelo B3, fue diseñada por Breuer con tubos de acero cromado y asientos de cuero en 1926 para el pintor Wassily Kandinsky. Profesor en el Bauhaus. 

Museo Maja de Jericó / Exposiciones abiertas hasta el 22 / 11 / 2019

Silla 44

2 noviembre, 2019 § Deja un comentario


… En el café de Flore, un banco…

Paris era una fiesta

Con frecuencia los resquicios de la memoria juegan distinto a como uno imagina. El café de Flore queda en la esquina de la rue Saint Benoit y el boulevard Saint Germain en Paris. No sé por qué siempre pensé que el encuentro o, cruce imaginario, que tuvo Hemingway con aquella chica que ocupó una mesa cercana a la suya cerca a la ventana y parecía vigilar la calle porque seguramente tenía una cita, había ocurrido en el Café de Flore y no en el café frente a la Place Saint Michel, donde Hemingway iba en busca de unos rones de Jamaica o de una docena ostras portuguesas acompañadas con media jarra de blanco seco y, por supuesto, iba a escribir. El día que la chica de cara fresca como moneda recién acuñada, cutis de lluvia y pelo negro como ala de cuervo que daba a su mejilla un limpio corte en diagonal apareció en la mesa al lado de la ventana, como narró en “Paris era una fiesta”, Hemingway escribía un cuento en una libreta de bolsillo; la aparición le causó tal sorpresa que la intención de meter a la chica en el cuento lo obligó a escribir con más empeño. Hemingway escribía y solo para ver a la chica y meterla en el cuento levantaba los ojos, así constataba que estaba allí y que cada vez la tenía más en su historia. Cuando llegó al último párrafo leyó el cuento, le pareció perfecto, levantó la mirada y la chica ya no estaba, se había marchado. Sucedió en el café frente a la Place Saint Michel. Por una de aquellas jugadas de la memoria siempre tuve la idea de que el cruce había sido en el Café de Flore, lugar de reunión de escritores, pintores y poetas en los años anteriores a la ocupación. Hace algún tiempo, un otoño, pasé por el café de Flore con Luz Elena, mi mujer, y Jaime Gómez nuestro amigo pintor y ocupamos una mesa en la terraza. Pedimos lo que hubiera pedido Hemingway: ron de Jamaica para nosotros y vino blanco seco para mi mujer. Conversamos y miramos pasar la gente como Perec en “Inventario de un lugar parisino”. Esperé, debo decir, la aparición, en alguna de las mesas cercanas, de una chica como la que describió Hemingway para hacer como él: meterla en una historia, pero ninguna chica apareció. Con el tiempo caí en la cuenta de mi error, seguramente, me dije, la chica de Hemingway estaba en el café frente a la Place Saint Michel mientras nosotros estábamos en el Café de Flore. De todas maneras la incluí en esta historia…

Hechos…

… Tiene forma de bola, por eso la llaman La silla Ball. La definieron como un espacio dentro del espacio porque produce la sensación ligera de incluir a quien la ocupa en la levedad de un universo como el de Kubrick en 2001, Odisea del espacio

Museo Maja de Jericó / Exposiciones abiertas hasta el 25 / 11 / 2019

¿Dónde estoy?

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