Silla 33

17 agosto, 2019 § Deja un comentario


…Me cuidas… te cuido…

El banco rojo

Su nombre es Javier. No dijo el apellido, por falta de tiempo o porque no era necesario. Lo vi por primera vez a unos veinte metros de distancia. Seguramente por las luces de parqueo intermitentes dedujo que estaba en busca de un lugar donde dejar el carro en esa calle congestionada, entonces hizo señas para que me acercara mientras me guardaba el puesto con el banco de plástico rojo para que nadie me lo quitara. Llevaba unos quince minutos dando vueltas y me había visto pasar despacio; cuando logré dejar el carro donde me señaló se acercó y dijo, “… ahí no le pasa nada, hágale tranquilo…”. Era joven, flaco y alto, una cachucha de los Yankis de Nueva York le tapaba el peinado despeinado, un chaleco naranja con bandas reflectivas verde manzana que le quedaba grande, disimulaba el cuerpo flaco; el resto eran unos bluyines rotos como es la moda, solo que en él no era moda, y tenis que fueron blancos. Entonces le respondí: “¿… y si me demoro…?” “No hay problema, jefe, por aquí todo el mundo me conoce. Si no me ve cuando salga pregunte a cualquiera por Javier…” Así fue como me enteré de su nombre. Me demoré. Me demoré tanto que varias veces salí a la calle a respirar un aire distinto al que se respira en las filas que no se mueven. Cada vez que salí, Javier estaba allí, me hacía seña para que me tranquilizara, debía saber que esas filas eran lentas, y volvía a lo que más se movía en su trabajo: la venta de cigarrillos al menudeo, chicles, confites, bocadillos, galletas o minutos de celular. En una de aquellas salidas a respirar lo vi atareado cerrando la maleta donde exhibía la mercancía; ya tenía plegado el trípode donde la sostenía y con la mirada fija en la calle de más allá, hacia el lugar de donde venía el peligro; me vio pero simuló lo contrario, caminó casi corrió rumbo al lado opuesto con el cartapacio de mercancía entre los brazos hasta desaparecer detrás de otros carros y unos árboles. Lo único que quedó allí fue el banco de plástico rojo donde se sentaba cuando el trabajo y los clientes le daban un respiro. Entonces me senté en el banco de Javier, estaba cansado, pocas veces hay asientos en las filas y Javier había dejado su banco cuidando mi carro mientras pasaba el peligro. Lo más correcto, pensé, era que yo cuidara su banco así como él cuidaba mi carro…   

Hechos…

La silla de parto fue de uso común en la antigüedad egipcia, griega y romana. Con el tiempo fue conocida como El Sillón obstétrico. Se conocen algunas variables que se adaptan a las condiciones de la parturienta…

Museo Maja de Jericó. Exposiciones. Hasta el 25 / 09 / 2019

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Silla 32

10 agosto, 2019 § Deja un comentario


…Silla en el Jardín de Luxemburgo…

David Hockney / Chair, Jardin du Luxembourg / 1985 / Photocollage / 80 x 64 cm. 

La perspectiva inversa

“El ojo se mueve en permanencia. A menos que uno esté muerto”. Dijo y escribió David Hockney en el “El conocimiento secreto”, libro y documental. Asegura que el sentido de la perspectiva con punto de fuga único que prevalece desde el Renacimiento es equivocado. Los grandes maestros utilizaron la “cámara oscura”, equipada con espejo cóncavo para proyectar la figura del sujeto en el lienzo; la visión, entonces, se reduce a un solo punto de vista y por esta razón la perspectiva es falsa. La sensación de profundidad tiene origen en la doble óptica. Brunelleschi duplicó los puntos de fuga en la proyección del Baptisterio de San Giovanni y el resultado fue el mismo que hoy es posible obtener con una cámara. En “Silla en el Jardín de Luxemburgo”, lo mismo que en los paisajes pintados recientemente, Hockney multiplicó los puntos de fuga de manera que el espectador al moverse frente a la silla o delante de los paisajes, se ve frente a ellos y, a la vez, tiene la sensación de estar al interior; una suerte de aquí y allá simultáneo. En la perspectiva inversa, en contraste con la perspectiva clásica, los objetos distantes aparecen más grandes y los cercanos más pequeños, esta manera de ver sugiere la utilización de varios puntos de fuga como sucede con los íconos bizantinos o con el cubismo, que, al sugerir un punto de vista único, elimina la perspectiva pero propone diversos puntos de fuga para cada plano y logra la sensación de aquí y allá. Si asumimos la perspectiva como una forma de establecer el ángulo de una situación, en la narrativa visual como en la literaria, la posibilidad del plano y contraplano podría equivaler a la aplicación de la perspectiva inversa puesto que superponer los planos o separarlos en secuencias o párrafos multiplica los puntos de fuga o los lugares donde se encuentra el sujeto. Raymond Queneau en “Ejercicios de estilo” propuso una multiplicidad de puntos de fuga, de aquí(s) y allá(s), para una sola situación que, de una página a otra, pasa del desconocimiento a la angustia, de la pérdida a la tranquilidad o de la inmediatez a la ausencia, situando al lector en el punto de fuga de una acción pero desde distintos ángulos. La imagen con apoyo de la tecnología, dice Hockney, asegura la posibilidad de no perder nada y estar en capacidad de admirar la naturaleza desde sus diversos puntos de fuga. La naturaleza puede entenderse desde la geometría, afirmó Paul Cézanne. La perspectiva inversa es una sensación pero también una manera de ver aquí(s) y allá(s) a la vez…

Hechos…

El porta suegras era un asiento fuera de cabina en automóviles fabricados durante la primera mitad del siglo XX. Situado en la parte de atrás ocupaba el espacio de la maleta, sin embargo, no se utilizaba para cargar equipaje, sino, para transportar acompañantes molestos o suegras quisquillosas…

Museo Maja de Jericó. Exposiciones. Hasta el 25 / 09 / 2019

Silla 31

3 agosto, 2019 § Deja un comentario


… Con la silla al hombro…

… Se la regalo…

A las once y treinta y siete de la mañana veo al hombre a media cuadra de distancia, baja por una calle empinada; él va casi al final de la pendiente, yo en la mitad, a la altura de la puerta del hotel donde me hospedo. Veo que baja con dificultad, seguramente para no resbalar, había llovido y en algunas partes el piso está húmedo. Parece un hombre mayor por las precauciones que toma, más no por su vestimenta: bluyín desteñido y chaqueta morada, Lleva una estructura brillante, metálica, pesada, sobre los hombros que le dificulta el paso. Baja despacio. Antes de llegar a la esquina, ya he acortado casi la totalidad de la distancia que nos separa y alcanzo a notar que es una silla sin asiento lo que lleva sobre los hombros. El asiento forrado en cuerina negra lo lleva en la mano. La base metalizada se divide en cuatro, cada división con rueda al final va sobre sus hombros; el espaldar negro, forrado en el mismo material del asiento, se mantiene pegado a la estructura metálica. La silla, por las rodachinas, la forma y la base metalizada, es una carga incómoda y pesada. Parece una silla de oficina. El hombre no hace parte de un equipo de trasteos, no tiene la figura, ni el uniforme y no parece tener, tampoco, la fortaleza de los encargados de levantar o mover objetos pesados en los trasteos. El peso y la dificultad son evidentes, por eso va con cuidado, despacio. Lo alcanzo y camino unos pasos tras él. Le tomo una fotografía. A medida que avanza, el peso de la silla se hace mayor y sus pasos inciertos, entonces no lo sigo más, me detengo cerca de él. Estuve a punto de preguntarle si necesitaba ayuda. Pero no lo hice, lo hubiera sorprendido, seguramente no hubiera aceptado o quizá sí, me hubiera mirado de arriba abajo y con el suspiro de quien se quita un peso de encima me la hubiera pasado diciendo: … se la regalo… Por eso preferí quedarme en el lugar donde tomé la fotografía, lo miré alejarse con el paso cada vez más incierto y entonces, como en una película, no vista, quizá solo imaginada, en la medida en la que el hombre se aleja con la silla al hombro, sus piernas, a cada paso se entierran en los adoquines y luego su cuerpo, hasta dejar como único trozo visible, el espaldar en cuerina negra que se aleja sin detenerse. Me convencí entonces de que los trasteos son así, provocan sensaciones tan extrañas como el deseo de que se lo trague a uno la tierra…

Hechos…

La silla Panton, invento de Verner Panton, es ejemplo de diseño y decoración. Sale en revistas, es elegante y es sexi. Dicen que personificó el estilo “nueva ola” de los años sesenta. Una de ellas está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. A pesar de todo esto, su producción se demoró porque los fabricantes la consideraban atrevida…

Museo Maja de Jericó. Exposiciones. Sábado 3 de agosto

¿Dónde estoy?

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