Silla 29

20 julio, 2019 § Deja un comentario

…La banca para conversar…

Humberto Pérez

Sentados en esta banca, una mañana fría pero con sol, frente a la terraza donde los pájaros vienen a escarbar y llevarse el maíz que les dejan allí para que coman y, por ahí derecho, hagan compañía, me dijo: “… deberíamos hablar menos y dibujar más…” Lo visité con frecuencia. En ocasiones me esperaba en la puerta de la casa al final de una corta colina. También me esperaba en el estudio o en la banca de la fotografía. Me recibía siempre con la expectativa de lo que íbamos a ver, sobre lo que íbamos a conversar: “… lo tengo por aquí…, un paquete de dibujos que no te imaginás…” me decía para entrar en calor. Durante sesenta años o más Humberto Pérez dibujó todos los días desde el amanecer hasta la noche cuando se sentaba frente al televisor para ver una película que posiblemente no veía porque aprovechaba para dibujar en alguna de las libretas que siempre tenía a mano. De ese hacer constante resultó una manera de ver y sobre todo de narrar. Dibujar y conversar son sinónimos en la obra de Humberto Pérez. Dibujar fue la constante en su vida y tal vez por eso, porque no dejó de hacerlo un solo día, solo unos pocos de los dibujos elaborados hasta el más mínimo detalle o con trazos rápidos que sugieren figuras, situaciones, grupos o máquinas, tienen firma o fecha. Quizá porque dibujar fue siempre tan natural como conversar o caminar, fue su actividad principal, como hablar para la mayoría. De la misma manera que hay quienes hablan duro, murmuran, hablan rápido o repiten; Humberto Pérez dibujó a lápiz, al carboncillo, a la pluma, con colores o tinta o por capas que luego elaboraba como construyendo frases que significaban la textura, el color, el tacto. Y como aquellos que se repiten al hablar, Humberto se repetía al dibujar, es posible decir que dibujó siempre lo mismo, que tuvo una fijación por la anatomía y la figura humana; que dedicó horas a copiar de libros de anatomía, las proporciones, los huesos, los músculos, la cabeza, el torso, los miembros, las manos y los pies, incluso los dedos y las uñas. La multitud de hojas con estudios de anatomía y anotaciones alrededor de los dibujos son muestra de su dedicación al eje recurrente en su obra: la figura humana. Dibujar es mantener una relación constante con los personajes; conversar con ellos de temas que los apasionan. Sin embargo, dibujar no solo requiere de constancia y talento; requiere de una imaginación a prueba de todas las técnicas y situaciones. No hay un dibujo de Humberto Pérez que no lleve, como en una conversación de amigos, a una historia, a una situación venida de su ficcionario infinito. Quizá por esto la frase del comienzo no tenía aplicación en nuestros encuentros: “… deberíamos hablar menos y dibujar más…”, como dijo aquella mañana cuando nos sentamos en la banca frente a la terraza, porque, sucedía con frecuencia, así era el inicio del recorrido por paquetes de sus dibujos que yo no había visto y serían tema para la conversación… que no termina aun…  

Hechos…

La voyeuse, “La mirona”, es una silla de asiento bajo y respaldo con almohadilla para apoyar los brazos y desde su comodidad espiar las partidas de naipes. Un jugador que siempre iba acompañado por su esposa o amante diseñó una versión femenina: La voyeuse à genoux , “La mirona arrodillada…”

Exposiciones abiertas en el Museo Maja de Jericó hasta el 29 de julio

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