Silla 26

29 junio, 2019 § Deja un comentario

…¿Quién mira a quién?…

La mecedora indiscreta

La mecedora en el costado del patio del primer piso frente a la ventana pequeña, cuadrada, dividida en cuatro: dos vidrios transparentes, arriba y dos opacos con textura verde y azul, abajo, del segundo piso donde, en apariencia no se ve a nadie, es un puesto de primera fila para la mirada indiscreta. Detrás de la ventana, en la habitación siempre a oscuras, se distingue apenas una cortina de color claro, quizá blanca, tamizada por el vidrio. Casi siempre uno de los postigos corredizos está abierto y alcanzo a ver desde mi puesto en la mecedora del primer piso, sin interrupciones ni reflejo de nubes, el interior en penumbra. La ventana es pequeña, deduzco que la habitación también, individual o doble, pero pequeña. En las mañanas, cuando ocupo la mecedora frente a la ventana, el interior parece tranquilo, como si alguien despierto ya hiciera pereza antes de levantarse. Solo una tarde, casi noche, mientras esperaba a mi mujer, la ventana estaba cerrada. No puedo asegurar si esa tarde, noche, o la mañana siguiente tuve la sensación, por primera vez, de una presencia en la habitación. Una forma, una silueta, se movió de un lado a otro, incluso noté que la cortina siempre corrida hacia el costado derecho tembló, como si alguien la hubiera rozado. A partir de aquel día, cada vez que regreso a este hotel en el suroeste, ocupo la mecedora a la espera de que la silueta o quien está del otro lado de la ventana se manifieste. Lo tomo como un “remake” de la “Ventana indiscreta” de Hitchcock, solo que al contrario: el observador, afuera, es quien espera que el observado, adentro, aparezca. Es cierto que la sensación de que alguien mira, quizá toma fotografías de quienes durante el día ocupan la mecedora, es inminente. Cuando, sentado allí, presiento la cámara sobre mí, asumo actitudes de actor en escena. Simulo que no miro, que estoy ocupado, me levanto o me siento, voy a la cafetera y me sirvo un café en pocillo desechable, lo bebo lentamente, lo saboreo, tomo un periódico o una revista de la mesa auxiliar y leo, bueno, no leo, ni siquiera miro las letras; con disimulo de actor en escena, mis ojos están fijos en el lente que me observa desde arriba, desde el interior de la habitación. La ventana parece discreta por su tamaño pero la penumbra permanente algo tiene de indiscreta…

Hechos…

Los arcones, aparte de servir como cajones donde guardar objetos domésticos durante la Edad Media, eran utilizados como asientos por familias humildes que no poseían sillas y menos aun muebles donde guardar cachivaches. En las noches, dos arcones juntos servían de cama…

Exposiciones abiertas en el Museo Maja de Jericó hasta el 29 de julio

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