Silla 23

8 junio, 2019 § Deja un comentario

…Lugar público con silla…

Soy un bolso

A Lilly Palmer contadora de historias con sus carteras

Un lugar público. Por la hora, temprano en la mañana, poca gente en los alrededores, no fue difícil encontrar un lugar donde sentarnos. Ni para mi socia, la llamo así cuando salgo con ella porque soy yo quien lleva sus cosas, ni para mí, se trataba de descansar; se trataba, más bien, de mirar alrededor, ver la gente pasar, con calma, desde un lugar que no despertara sospechas ni fisgoneos de curiosos que en un arranque de astucia me agarre por las cuerdas y desaparezca conmigo. Soy un bolso en el más estricto sentido de la palabra. Soy de la clase de mochilas tejidas a mano por artesanos aplicados que, como a mis congéneres, nos venden en ferias o puestos de artesanía. Ser un bolso implica una responsabilidad de peso en todos los sentidos. En la silla donde seguramente voy a pasar el rato esta mañana mi apariencia no es propiamente cómoda a pesar de que parezco recostado contra el espaldar ranurado que permite el paso del aire en horas de calor. Como es de mañana el tiempo es más bien fresco. Digo que mi apariencia deja ver cierta incomodidad, pliegues inesperados y puntas que sobresalen en el costado debido a lo que llevo dentro y no me atrevo a mencionar, es un secreto, y nadie, distinto a mi socia mete la mano en mi interior que, para decir la verdad, es un revoltijo que ni yo mismo comprendo. Pero qué llevo dentro, se preguntarán. Es más, si alguien se atreve a tomarme por la cuerda y desaparecer conmigo al vuelo, no es por mí, es por lo que llevo dentro. Llevo de todo lo habido y por haber; desde un lápiz hasta un recibo de caja; desde una monedera hasta un estuche para gafas sin gafas porque las gafas están enredadas en el fondo con un llavero de cadena y llaves que ya no abren nada; desde un celular hasta un sobre con papeles que es la causa de la protuberancia visible en el costado. El inventario no es completo pero como nadie creería lo que llevo dentro, lo que queda es preguntar a la silla qué tanto pesa mi peso. Es posible que para algunos parezca liviano pero mi peso verdadero, en este momento, es mayor que el que cualquier pasante podría calcular. Si la silla negra de material ranurado donde me encuentro hablara, escucharíamos su queja a pesar de que mi forma y mi tamaño permiten que el aire circule entre sus ranuras.…

Hechos…

La Silla de pala común en salones de clase viene con un solo brazo, de pala, donde escribir. Las hay con pala a la derecha para diestros y a la izquierda para zurdos, aunque éstas son más escasas…

Exposiciones abiertas en el Museo Maja de Jericó

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