Silla 21

25 mayo, 2019 § Deja un comentario

… Hay puesto para todos…

Parada de bus

Faltan diez para las siete pero el reloj marca las nueve. Es hora de la multitud. En medio del gentío, mientras llega el bus, una mujer lee un libro grueso, no parece que lo leyera porque levanta los ojos con frecuencia y mira alrededor por encima del borde. Un hombre joven extiende el brazo hasta dejar ver un letrero, ¿un nombre?, tatuado entre el codo y la muñeca; un error, una letra menos, que alguien trató de agregar hizo el letrero ilegible. Una mujer joven, vestida con una túnica florida, vaporosa, con dos cortes profundos en el lugar de cada pierna, parece incómoda, cada roce inesperado hace volar la túnica y sus piernas quedan al descubierto. La mujer no tuvo reposo, no logró mirar el celular como hace todo el mundo y tampoco esperar tranquila, los vuelos de la túnica parecían imparables. Ocho de las trece personas que esperan el bus están pegadas del celular, me incluyo. Una mujer joven teclea a la velocidad del rayo en su celular; teclea y se muerde las uñas, teclea y se muerde las uñas. Otra, con zapatos negros sin puntera y sin talón, las uñas rojas a la vista, los tacones casi de doble altura, gruesos pero de doble altura, parecía cansada a pesar de la hora, debe ser por culpa de los tacones, lleva el celular en la mano pero no lo mira. Un hombre se hace una “selfie” delante de la parada frente al grupo que espera y se aleja sin mirar atrás, lleva un león impreso en la camiseta negra, el león ruge pero nadie escucha el rugido. En el mismo momento llega a la parada una mujer; sin mediar palabra  abraza a otra que espera, el abrazo fue incómodo porque no tuvo respuesta, la abrazada estaba en el celular y la otra la tomó por sorpresa. Para distraerme mientras llega el bus busco un aforismo de Lichtenberg en el libro que llevo en el morral: “… He señalado con el mango de un bastón lo que debí señalar con la punta de una aguja…”. Mientras anoto el aforismo en el diario que escribo en el celular, porque me parece justo para el momento, un hombre con cachucha azul, barba blanca, mejillas mofletudas y barriga como las mejillas se para a mi lado y habla, como no lo miré creí que había llegado acompañado, cuando terminé de escribir, lo miré y vi que era a mí a quien hablaba, en ese momento partió, dijo todo lo que vino a decir, pensé. Una mujer ríe mientras teclea en la pantalla de su celular. A pesar de que estamos en la parada de bus cada uno está en otra parte, no es extraño en estos tiempos, lo extraño hubiera sido que ninguno estuviera en otra parte y que nos conociéramos y habláramos sin parar de los vecinos, del trabajo o de los hijos. ¿Qué hacíamos cuando la tecnología no nos tenía invadidos por todos los costados?, ¿cómo éramos?, ¿qué necesidad teníamos de hablar?, ¿lo que hiciéramos era tan poco urgente que podía esperar hasta llegar a casa?, ¿teníamos tiempo?, ¿el tiempo corría lentamente?, ¿no corría? Inimaginable, hoy. En ese momento llegó el bus y no hubo puestos ni espacio para todos los presentes. Decidí caminar…

Hechos…

La Cátedra, deriva del latín cathedra, nombra la silla donde se sienta el obispo en los oficios litúrgicos. En las primeras basílicas La Cátedra se encontraba bajo la bóveda del altar mayor a la altura de dos escalones sobre el nivel de suelo para que la figura de quien la ocupara fuera visible desde todos los ángulos…

Próximas inauguraciones / Junio 1 . 2019 / Museo Maja / Jericó

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