Silla 13

30 marzo, 2019 § Deja un comentario

… Una silla para Olimpo…

“Tu duda y la mía”

No recuerdo el nombre pero es un bar que hace esquina con puertas por la calle y por la carrera; una por la calle, dos por la carrera. Fue una coincidencia pasar por allí, bajar por la calle empinada y llegar frente a la puerta en el momento mismo en que Olimpo Cárdenas cantaba “Tu duda y la mía” con la voz nasal del despecho verdadero; el punteo de las cuerdas alternaba con los ruegos del enamorado: “… y si alguna duda tienes o si ya tu no me quieres…” La silla verde y roja, solitaria en el centro del bar parecía a la espera de alguien que no demoraría en llegar, tal vez el mismísimo Olimpo. Sin dudarlo ocupé una mesa para dos en el rincón estrecho entre la puerta de la calle y una de la carrera. El hombre al otro lado del mostrador tan alto que solo dejaba ver su cabeza me hizo la seña de la duda, ¿qué toma?, fue la pregunta que resultó de la mano que sostiene un vaso invisible sobre la cabeza. Ante la imposibilidad mimar una cerveza, anuncié desde mi puesto: ¡cerveza! por encima de la voz de Olimpo que seguía al ritmo del despecho “…puede ser que otros quereres te hagan proceder así…” Entonces caí en la cuenta de que los únicos presentes, sin contar el personaje detrás del mostrador, éramos Olimpo y yo, y que la silla solitaria estaba reservada para él. Entonces imaginé o no imaginé, sucedió, un amanecer en una calle aun desierta. Un músico, lo distinguía el estuche de la guitarra, el vestido oscuro y el sombrero, caminaba por la misma acera unos pasos adelante. Sin tener la certeza de quién podría ser, un músico conocido o un serenatero al final de la jornada, sin tener la certeza de si era él o no, decidí, por la guitarra y la figura, llamarlo Olimpo Cárdenas. La corazonada de que podría reconocer su voz si cantaba me obligó a seguirlo hasta perderlo de vista a la vuelta de una esquina, sin escucharlo. Desapareció en silencio, como el tiempo. En aquel bar de esquina su voz siguió imparable los lamentos del despecho: “… pero amor como el mío, sincero, no hallarás nunca en tu camino y verás que cruel el destino te consumirá…” Los últimos acordes de la canción fueron también los de mi cerveza; de Olimpo, esta vez, quedaron su voz y la silla desierta…

Hechos…

El estrapontín es un asiento auxiliar utilizado en los pasadizos de los teatros cuando la sala está completa. Era plegable cuando se utilizaba en automóviles para acomodar las suegras, los pasajeros extra o los niños…

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