Improvisar

24 noviembre, 2018 § Deja un comentario


Un músico, pianista, pidió al público que colmaba la sala que tarareara una tonada, el fragmento de alguna música, la letra de una canción, algo musical, para que fuera el inicio de una improvisación que él crearía al piano. Varias personas de la asistencia hicieron sus aportes, una mujer joven subió al escenario y entonó, primero con timidez y pose alejada del público pero a medida que avanzó en la canción que conocía de memoria, una canción de Nana Mouskouri, tomó conciencia del momento, de su papel de cantante improvisada, a capella, giró su cuerpo hacia la sala y terminó su intervención dueña de la escena en la noche de su debut como cantante. El pianista agradeció el gesto, la joven regresó a su puesto, él se sentó al piano e interpretó la improvisación que la canción sugirió. Me encontraba en la sala. Lo que sucedió de ese momento en adelante fue una demostración de talento pianístico. Entre los ires y venires de altos y bajos que daban ritmo a las  tonadas aparecían notas, secuencias que recordaban melodías como la que interpretó la joven y otras que después vinieron del público, difíciles de distinguir por la cantidad de vías que la improvisación impone pero con el ritmo original bien presente. El concierto avanzó, otras propuestas vinieron que el pianista convirtió en improvisaciones, cuando quise pedirle que improvisara a partir del: Ta… Ta… Ta… Taaannmm…; Ta… Ta… Ta… Taaannmm… que todo el mundo conoce, el pianista, un hombre joven, alemán según la presentación que circuló entre los asistentes dio por terminado el concierto, agradeció, salió dos veces a escena para recibir los aplausos y no más, me quedé con la inquietud de cómo hubiera sido una improvisación al piano a partir del Ta… Ta… Ta… Taaannmm… que todo el mundo conoce…


… Mi vecino en la sala, Sergio, mi amigo belga, con quien fui al concierto en el Museo Maja de Jericó, dijo cuando le pregunté por la improvisación que él lo hacía con frecuencia en sus acuarelas, Sergio es artista, paisajes a la acuarela. Pongo un punto negro en algún lugar de la hoja, en general de más de un metro por treinta centímetros, en sentido horizontal, dejo que el trazo negro se riegue como quiera y después comienzo a aplicar colores que se mezclan libremente; claro está, un manejo del tiempo y del gesto es importante, agregó Sergio, saber hasta dónde llegar, dónde detenerse es la esencia. La improvisación en el jazz, digo yo, implica también una estructura, inicio y final, tiempo y gesto como en las acuarelas, que dan la entrada a otro instrumento, a la melodía establecida o, como en las acuarelas de Sergio, al instante donde el gesto y el tiempo han hecho su intervención.
 Se improvisa también en el teatro, una palabra, da entrada al improvisador, otra da por terminado el parlamento y, a su vez, indica la entrada a otro actor, que según el personaje o el libreto improvisa o no. En la Comedia del Arte, la improvisación era una forma de liberalización de los actores que mezclaban sus actuaciones con intrigas y escenas populares según el momento y el lugar. Me enteré en el universo paralelo que este momento, en el teatro Antoine de Paris, una obra de teatro titulada Plaidoiries, con un solo actor, Richard Berry, pone en escena los alegatos de algunos de los grandes juicios del siglo en Francia. El actor presenta el alegato de la defensa o de la fiscalía o intercala uno y otro y esto, según el momento, su estado de ánimo o incluso su propia posición frente al juicio lleva a improvisar a elaborar ideas que de una a otra presentación aparecen en su imaginario. Lo mismo que en el jazz o en las acuarelas o también en el concierto donde el pianista improvisó a partir de tonadas apenas tarareadas, los alegatos en escena, como los monólogos de los “one man shows” tienen una estructura, un inicio y un final, propio de la historia que se enriquece con variables alrededor de un tema. Después del concierto aquella noche en el Museo Maja de Jericó, he buscado dónde, en qué momentos, cómo, aparece la improvisación en los textos que escribo o en los dibujos que hago. Recuerdo, entonces, una frase de Jean Cocteau que apareció como epígrafe en uno de los libros publicados por Ficción La Editorial: “…Escribir es, para mí, lo mismo que dibujar: anudar las líneas de tal suerte que se transformen en escritura, o desanudarlas de tal suerte que la escritura devenga dibujo…”.

… Tal vez por el hecho sencillo de que el dibujo como la escritura implica un alto grado de experimento: las situaciones, las ideas, los trazos, los claros y los oscuros, también los personajes, pasan de un estado a otro, texto o dibujo, y hacen parte de una improvisación permanente. Sé donde inicio, sé cuál es el contexto, equivalentes al tiempo y al gesto en la acuarela o la estructura y el ritmo en la música, pero ignoro dónde y cuando será el final. Ignoro hasta dónde me llevará una u otra, sin embargo, llegado el momento, es una cuestión de elegir, de improvisar, de correr el riesgo de llegar a donde no imaginaba, sucede con frecuencia, o de llegar a un espacio donde es necesario detenerse y esperar hasta que una salida aparezca por su propia voluntad. Entonces todo es parte de una improvisación permanente. El día a día, el salir, el caminar, la suerte o el desencuentro, hacen parte de la improvisación a la que nos vemos abocados la mayor parte de las veces sin saberlo. Es por esto que hay quienes convierten esos instantes en música, acuarela, texto, pintura o dibujo, les otorgan un principio, con final incierto, claro, pero con base en una estructura, con el objeto de sobrevivirlos, ya que sin improvisar sería bien difícil lograrlo. Y ahora que lo pienso, no tengo idea de dónde irá a terminar este texto; si lo supiera es posible que todo el interés, el mío y el de quien ha llegado a este punto de la lectura, desaparezca…
Argumento. ¿Y ahora qué…?, preguntó uno. Ta… Ta… Taaannmm, tarareó otro… Y dio comienzo a la improvisación…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas Graham Greene apuntaba tramas y diálogos para sus novelas o divagaba sobre política y cine en las márgenes de los libros que tenía a mano…

© Saúl Álvarez Lara / 2018

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