Nada

8 septiembre, 2018 § Deja un comentario


Trescientos sesenta y cinco fragmentos de nada
es el título del libro que acaba de publicar la Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, de Medellín. Su título original era: Trescientas sesenta y cinco crónicas de ficción pero el temor fundado a que los conocedores de la literatura aseguren que estas ficciones no son novela y tampoco cuento, a pesar de que en el devenir de los días los cuentos abundan, y que digan también que no son crónica y que aquello de ficción es una falacia porque la crónica no es ficción; tuve la idea, entonces, ya que los textos de este volumen no aplican en ningún borde y no se parecen a nada, que su título debería ser: Trescientos sesenta y cinco fragmentos de nada… El texto ya con forma de libro está en la Librería de la UPB en la Universidad y en la Fiesta del Libro y, por supuesto, también en otras librerías. Sin embargo, este tema que originalmente imaginé como ficciones, luego como crónicas, y de a pocos se convirtió en “nada” tiene un inicio, como todo, que a estas alturas me veo en la necesidad de narrar a los posibles lectores…


… Imaginemos una avenida. Multitud de todos los tamaños, colores y genios va y viene sin mirarse, interrumpiendo la línea que sigue el que viene en sentido contrario o sacándole el cuerpo para evitar el trompicón. Me encuentro allí y con demasiada frecuencia, debo decirlo, intento ver las historias o los sueños o los deseos que los que van o vienen llevan disimulados bajo la caparazón de moda, colores, tatuajes, accesorios que la modernidad ha impuesto envueltos en ruidos, músicas, gritos, pitos y todo lo demás que, sin que seamos conscientes es representación. Un suerte de actuación, de teatro permanente. ¿Qué sucede entonces? Alguno de los personajes que viene, o va al ritmo mío, llama mi atención. Lo sigo a distancia suficiente para no perderlo de vista y registrar en mi celular, sobre el terreno, gestos y acciones que delatan su actuación. Como es posible que el personaje no sea consciente de que está actuando debo ser muy cuidadoso para no parecer indiscreto. Es necesario aclarar que yo mismo actúo en permanencia y la intención de observar los otros para descifrar sus ficciones, sus crónicas o sus “nadas”, no es sino una forma de actuación de mi parte; una forma de enriquecer mis “nadas” con las “nadas” de otros…


… Estoy convencido de que no soy el único y muchos otros, buscadores de “nada”, abundan en las calles y esquinas de las ciudades. Con frecuencia cuando viajo en bus o espero con despreocupación en una esquina, me siento observado. Me veo como el actor en escena frente a un público invisible y no sé qué hacer. Me quedo quieto, pongo mis manos en los bolsillos, en la cintura, me acomodo el pelo, reviso el contenido de mi morral y me pregunto por qué estará tan pesado. ¿Esto qué significa? Sencillamente que trato de parecer natural a ojos de quien me observa. No le doy luces sobre lo que pienso o lo que voy a hacer. Cuando el semáforo cambia y puedo atravesar la avenida no la atravieso, me quedo quieto, ignoro el semáforo y continúo con mi repertorio de dudas y expresiones sin definición que, si quien me observa es aguerrido en esto de encontrar las “nadas” de los otros, serán retroalimentación enriquecida para su labor…


… La diferencia entre ser y no ser consciente de la condición de personaje que acompaña a cada uno es sutil. El personaje se sitúa en el estrado de aquel que ha pasado buena parte de la vida aprendiendo a mirar, de aquel que la curiosidad lleva a buscar ángulos inesperados. Ese personaje, porque a ojos de otros es un personaje, va por las calles, sube a los buses, al metro, entra a los restaurantes, ocupa las salas de espera, vive en su casa, en el trabajo, hace visitas, busca los caracteres invisibles, las “nadas” que se cruzan en su camino para luego narrarlas de una sola tirada, en una sola acción, en un movimiento único, vertical, no tan rápido que produzca temor, ni tan despacio que llegue al sin sentido… … 
Hay tantos personajes, narradores, como gentes que circulan en las ciudades o llegan al mundo con mayor o menor habilidad para darse cuenta del hecho. Aquellos que ni siquiera lo consideran, lo desconocen y pasan sus vidas dedicados a profesiones loables y en la mayoría de los casos necesarias para el devenir de la ciudad o el país que habitan, sin preocuparse de su esencia de personaje narrador ambulante que, querámoslo o no es cada uno, son felices. Sin embargo todos somos “nadas” activas desde la mañana hasta la noche, millones que se levantan, se acuestan, hacen el amor, odian, trabajan y se encuentran al origen de verdades o incluso mentiras que en general parecen verdades porque sencillamente así es la vida…


…Los argumentos son el segundo estado de la “nada”. Solo me atrevo a adelantar, ahora, que todo personaje requiere de uno o varios. Los acompañan, les dan la perspectiva y profundidad para convertirlos en protagonistas o hacer de ellos los malos o los buenos o los secundarios en las historias de otros. Como los personajes, los argumentos se paran en las esquinas, venden cosas, conversan, aparecen en juegos posibles de desarmar si se tiene la paciencia. Suben y bajan o se deslizan por calles húmedas. Aparecen y desaparecen en medio de una pequeña llovizna de esas que no significa nada pero cala hasta los huesos. Esperan que la luz cambie a verde y hacen que los finales luminosos lleguen como sin intención en medio de una conversación después de comer mientras llega el café. Así, a la espera de un buen café, comienza el día de un personaje que narra, o mejor, habla de, o mejor aun, habla como si dibujara, de lo que pasa frente a él. Si alguien se lo preguntara quizá respondería que no es “nada”…
Argumento. Nada es todo, dijo el otro y caminó calle abajo hasta la parada del bus… Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas Graham Greene apuntaba tramas y diálogos para sus novelas o divagaba sobre política y cine en las márgenes de los libros que tenía a mano…

© Saúl Álvarez Lara / 2018

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Nada en .

Meta

A %d blogueros les gusta esto: