Segunda vuelta

28 mayo, 2018 § Deja un comentario

Las elecciones para Presidente de la República son a dos vueltas. Si en la primera, la que se llevó a cabo el domingo veintisiete de mayo, ninguno de los candidatos alcanza la mayoría, es decir el cincuenta por ciento más un voto, hay segunda vuelta. Ninguno de los cinco candidatos lo logró pero dos de ellos quedaron en los primeros puestos y disputarán la segunda vuelta: Petro y Duque. Los doctores, Gustavo Petro e Iván Duque. Ahora es necesario decidir entre ellos dos. Sin embargo la situación con relación a la primera vuelta, cuando cinco candidatos se disputaban el cargo, no cambia. Los doctores dicen lo mismo pero en orden distinto y eventualmente con palabras distintas pero, en esencia, lo mismo. A diferencia de la primera vuelta cuando los cinco candidatos se presentaban a los llamados “debates” y no debatían nada, más parecían un grupo de amigos de los que “arregla el país” cuando se reúne, como dicen las señoras o ellos mismos, para hacerles creer a las señoras que no hablaron de mujeres ni de fútbol; en esta segunda vuelta, la reunión, el encuentro, la cita, si es que programan alguna, tampoco será “debate”, porque como en los anteriores encuentros, no los llamemos “debates”, con todo el grupo reunido, se trataba más bien de dominar la pasarela: quién es más fotogénico, cuál tiene más ángel, quién se para mejor, quién tiene cara de decir menos mentiras; en fin, todo menos debatir ideas con argumentos, con posiciones claras para los millones de ciudadanos que terminan por votar en la ignorancia acosados por el susto o por el jefe. Votan por el más bonito o por el que haga más ojos o por el que petrifique menos o por el no pierda el impulso. Esos llamados “debates” fueron como los reinados de belleza cuando las candidatas desfilan por la pasarela en vestido de baño, menos mal que a los candidatos ni a sus asesores se les ha ocurrido semejante idea, y cuando llegan al final del recorrido responden, en general con una barrabasada, a la pregunta que el presentador les tiene preparada. La segunda vuelta no será distinta. Los dos finalistas dirán lo mismo con relación a la gran empresa, a la mediana y a la pequeña; lo mismo con relación al empleo formal y al informal; lo mismo con relación a los impuestos y lo mismo cuando mencionen la clase media que es, a la larga, la que los elige, no la que los sostiene en el poder, esos son los poderosos, pero sí la que los elige. Hablando de cultura, de ciencia y tecnología, de seguridad, de educación, de relaciones exteriores, será igual, dirán lo mismo, pero, insisto, en orden y con palabras distintas. Por supuesto, como solo quedan dos finalistas, los debates ya no podrán ser tan amables y todos tan queridos, como ellos mismos calificaron los encuentros anteriores, no. Ahora serán más directos, incluso llegarán al insulto y a la mentira para desacreditar al otro, pero en ningún momento discutirán con argumentos; hablaran solo con deseos o con nubosidades sobre qué van a hacer, por ejemplo, con la ciencia y la tecnología o con la cultura o con la minería o con la fallida ingeniería nacional o con los niños o con las mujeres oprimidas y violentadas. Escuché decir a un comentarista en la radio que los medios y los politiqueros, ¡ojo! la política es otra cosa, nos hacen creer que estamos frente a un momento histórico porque si gana Petro vamos a quedar petrificados o, si gana Duque, la cultura del testaferrato que representa, oscura herencia de los mafiosos, quedará oficializada en el país. El comentarista agregó que no iba a pasar nada; que ganara quien ganara dentro de cuatro años estaríamos igual, quizá un poco peor, quizá un poco mejor, pero en esencia igual; con la misma corrupción, la misma politiquería, la misma leguleyada, los mismos desplazados, los mismos paras, los mismos guerrilleros, disidentes o conversos; las mismas mentiras que, de tanto repetirlas, parecen verdades; seguiremos siendo ventajosos y los campos se seguirán derrumbando e inundando cuando llueve y marchitando cuando hace sol porque el campo, uno de los temas sobre el cual los candidatos dicen lo mismo en orden distinto, seguirá igual. ¿Por qué? porque lo que presenciamos no es un debate de ideas con argumentos donde cada uno tiene un programa y unas políticas de Estado claras, aplicables y juiciosas, no; lo que presenciamos es un concurso de egos a quienes solo preocupa el Poder durante los próximos cuatro años, quizá ocho, desde que el jefe del doctor Duque inauguró la reelección, con leguleyadas, claro. Dicen que los votos en primera vuelta estuvieron repartidos y no hubo polarización, me parece significativo que los extremos, que, se dice, terminan por unirse, sean los que pasaron a segunda vuelta. Se esperan ahora grandes alianzas para definir al ganador en la segunda vuelta. Que los conservadores se irán con Duque y que seguramente los que votaron por Fajardo y los que lo hicieron por De la Calle se irán con Petro. Son componendas ingenuas y al bulto, porque como poco importa el contenido, lo que realmente vale es la forma, el ego. Los candidatos siguen diciendo lo mismo, por lo tanto la reflexión del comentarista de radio es acertada, cualquiera que gane es igual. Y ganará el que muestre la mejor sonrisa, la familia más unida, el más fotogénico, el que haga alianza con políticos más curtidos en esto de la pasarela y la politiquería y la promesa al elector; y el que le juegue de manera más intensa, el éxito de la propaganda es la intensidad, a su imagen. Lo que digan no importa porque dicen lo mismo. Sin embargo hay que votar. Queda como recurso el voto en blanco a pesar de que La Corte Constitucional dice en el artículo 9 del Acto Legislativo 01 de 2009 “… que deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una corporación pública, gobernador, alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de los votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría…” Es decir, en este momento con la segunda vuelta a la vista, el voto en blanco no representa perspectiva alguna. Sin embargo y teniendo en cuenta la quietud, sino, el empeoramiento de la situación en todos los frentes y con la convicción de que gane quien gane seguiremos igual y dentro de cuatro años los mismos con las mismas harán su paseo por las mismas pasarelas, votaré en blanco. Es la única posibilidad que tengo para dormir en paz…
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Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Álvarez Lara / 2018

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