365

7 abril, 2018 § Deja un comentario

Trescientas sesenta y cinco crónicas de ficción es el título de un libro que acabo de terminar. Avanzo un fragmento de estas crónicas que narran el día a día, 365, de quien recorre calles y cafeterías y edificios públicos y hace filas y utiliza el transporte público y se para en esquinas en busca de las ficciones de otros pero son las suyas, sus ficciones, las que remontan un día tras otro. Las llamo crónicas de ficción pues imagino que para las convenciones que aplican los conocedores de la literatura estas ficciones no son novela y tampoco cuento, a pesar de que en el devenir de los días, los cuentos abundan. Por supuesto dirán que no son crónica y lo de ficción habrá quien lo ponga en duda porque la crónica no es ficción: una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Habrá quien asegure que como no aplican en ningún borde, son nada y su título debería ser: Trescientos sesenta y cinco fragmentos de nada. Quizá sea un título con la virtud de dar gusto a los conocedores de la literatura que sabrán dónde clasificarlo. Aquí van, al calor de un buen café, algunos de estos fragmentos…

124.
… En el fondo las desigualdades permanecen y se profundizan; en la forma, se iguala por lo bajo y lo igual, lo uniforme, aparece. Sucedió hace pocos días en un bus: una mujer joven con figura y ropa de vendedora de algún artículo consumo masivo ocupó un puesto a la altura del mío pero del otro lado del pasillo. Recibió el cambio del conductor y abrió su cartera para guardar las monedas. Desocupó el bolso en busca del monedero. Sacó un estuche de colores, como los que todo el mundo tiene, con objetos de maquillaje; un celular también igual al que todos tienen; unos audífonos, hombres y mujeres llevan siempre unos; una bolsa con accesorios, cadenas, anillos, pulseras, de esas que venden en todas las esquinas. No sacó nada más del bolso, también del mismo corte de los que se ven en todas partes. No encontró el monedero, reacomodó todo al interior y dejó afuera la bolsa de maquillaje. Mientras el bus daba tumbos, paraba en los semáforos o se eternizaba en los trancones, la mujer se maquilló al ritmo de lo que escuchaba en los audífonos conectados al celular…

125.
… Recordé épocas en las que un bolso de mujer era un misterio, hoy pienso que todos llevan lo mismo. Son iguales. He sido testigo de búsquedas iguales en bolsos, quizá distintos en la forma o el color, incluso en el tamaño, pero iguales en el fondo. Lo mismo que el uniforme, vestimos igual, unos de más marca, otros de menos, pero en esencia igual. Quise contar cuántas personas con bluyines me cruzaba en un recorrido de diez calles y a la cuarta había perdido la cuenta. Conocí una persona que para tener prendas de otro estilo debía buscarlas en los extramuros y casi nunca las encontraba. Y de pelos y peinados, ni se diga, la abundancia de alopécicos y cabelleras desteñidas es igual. Y en cuanto a gustos y aficiones: fútbol, sexo, culebrones interminables y morbo, con pantalla interpuesta. Acabamos igualados por lo bajo. Si la orden es vestir de negro, el mundo entero viste de negro. Si la orden es sin pelo, el mundo entero se queda sin pelo. ¿De dónde viene la orden?, ¿será que “Mil novecientos ochenta y cuatro” resultó premonitorio, como siempre sucede con las ficciones, setenta años después?, ¿será…?

126.
¿… Será que las imágenes son estímulo para la producción literaria? Es el caso para algunos. Para otros, dicen, son las palabras. Una frase venida del viento puede convertirse en el primer recurso para una novela. Una noticia de tercera página también puede ser estímulo para la ficción. Las imágenes creadas por artistas como Humberto Pérez y Sergio Mora estuvieron al inicio de dos actos del Teatro Leve. Primero fueron sus obras y después los cuentos que se recrearon en ellas y confirmaron un hecho concreto: las imágenes vienen con la posibilidad infinita de suscitar historias. Cada uno puede ver o recrear la historia o las historias que a bien tenga frente a una imagen. Es un ejercicio estimulante…

127.
… La tecnología a incrementado la relación entre fotógrafos y no fotógrafos; gentes de a pie y gentes de automóvil; gentes de imagen y gentes de números; incluso gentes llanas y gentes cuadriculadas. Para todos ellos como para otras tantas clasificaciones que no es indispensable citar la relación con la imagen, pasada por el tamiz de la fotografía, se ha convertido en un hecho cotidiano. La tecnología eliminó el paso que hacía de la fotografía una técnica para la cual era necesario el conocimiento de los químicos, el manejo de la luz, la velocidad, el tiempo, y la convirtió en inmediatez donde lo único que media entre quien hace la foto y el resultado es la presión del dedo índice en el disparador y en casos más elaborados, el ojo. Los otros factores técnicos ya no cuentan, en ese espacio vacío y a la vez rebosante de tecnología, donde se sitúa la relación entre imagen y escritura…

128.
… La tecnología abrió espacios que antes eran de uso imposible. Ahora escribo en cualquier parte, los estímulos fluyen y no tengo que esperar hasta llegar a casa. Para utilizar un término militar, escribo en caliente, lo que me ha llevado a encontrar ficciones y elaborarlas con hechos o situaciones que no necesariamente vienen de la ficción sino que son ellos, los hechos mismos, los que la provocan. De allí viene otra conclusión: las ficciones están en todas partes esperando que las provoquen…

129.
… Desde que cada persona lleva en su bolsillo un aparato celular o similar, con cámara, es un productor en potencia de imágenes. He estado en lugares públicos donde los presentes, la mayoría, toman fotos con sus celulares; he visto gentes fotografiándose en medio de una multitud en movimiento; he visto otros que en lugar de anotar prefieren tomar la fotografía del documento o el recibo; he visto aquellos que toman fotos de prendas para consultar in situ con correos electrónicos a parientes o amigos, el color, el corte, la textura. La fotografía se convirtió en ayuda para algunos y en recurso narrativo para otros. El camino de la escritura a partir de imágenes pasa a la vuelta de la esquina. La inmediatez de la imagen fotográfica y la posibilidad de unirla con la escritura en una sola acción, propone un ángulo del ejercicio de ver donde quizá nada se ve y de narrar donde quizá no haya palabras y mucho menos historias…

130.
… Sin embargo he aquí una historia de esas que aparecen cuando uno menos piensa. Un amigo me dijo, mientras tomábamos un vino en un lugar de mucho movimiento, que se sentía vigilado a toda hora: en el metro, en la calle, en los lugares públicos, incluso en la casa. De la manera más disimulada posible, no quería que mi amigo notara mi inquietud, miré para todos lados y no vi nada extraño. Dos mesas a la izquierda la mujer que habla por celular, sostiene una discusión acalorada, casi grita a quien está del otro lado del aparato. El hombre que la acompaña habla también por celular con el mismo apasionamiento. ¿Pelean entre ellos? Esos no pueden estar vigilándonos, parecen más absorbidos por sus celulares que preocupados por nosotros. Me incluí por simpatía con mi amigo. El grupo de vendedoras, lo digo por sus maletines, negros, pesados e iguales, no tienen tiempo para descifrar lo que dicen al mismo tiempo y vigilar a mi amigo, es tan difícil como hablar y silbar a la vez. El lugar estaba hasta el tope de gentes que parecían concentradas en todo menos en vigilar…

131.
… Los pocos que estaban solos miraban para otro lado, seguramente a la espera de una cita intentan leer el periódico o algún libro pero dudo que lo logren por culpa del ruido y el movimiento alrededor. Esos tres o cuatro solitarios me parecieron sospechosos y, mientras mi amigo me hacía parte de sus angustias de perseguido por la mira implacable de un rastreador incógnito, me dediqué a seguir, los movimientos y sobre todo las miradas de los pocos que clasificaron como sospechosos. Dos eran mujeres. Las descarté. La persona a quien esperaban llegó o partieron después de pagar la cuenta. Los descarté a todos menos a uno, una…


Argumento. Cada día un hombre busca una ficción. Pronto cae en la cuenta de que la ficción está al origen de la “llamada realidad”. Ese día comienza la “llamada realidad”…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Álvarez Lara / 2018

Anuncios

Etiquetado:, , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo 365 en .

Meta

A %d blogueros les gusta esto: