Detalles

17 marzo, 2018 § Deja un comentario


Los detalles son importantes. Tal vez por eso los grandes regalos se califican como “un pequeño detalle”. Lo dicen también en diminutivo: “un detallito”. Claro, un detalle solo no hace verano, como la golondrina, se necesita de un encadenamiento de ellos para que se den las grandes o pequeñas situaciones que por tamaño o fama, no son menos importantes. Me contó un amigo que en dos ocasiones personas sin conexión alguna entre ellas, en momentos y ciudades diferentes, le hicieron ofertas que de haber aceptado, cualquiera de las dos, habrían cambiado radicalmente el devenir de su vida. Con toda seguridad no nos hubiésemos conocido. En ambos casos fue sólo un detalle… Sé de una joven que perdió el bus del colegio un día, el día anterior había perdido el lápiz. Dos detalles. El día que perdió el bus conoció un joven que no sólo la llevó al colegio, también le regaló un lápiz nuevo. Lo que siguió no ha terminado aun. Otro joven prefirió dormir cinco minutos más porque tenía tiempo. Durmió veinte. Llegó tarde donde iba porque se vio mezclado en un trancón. Cuando llegó su puesto ya estaba ocupado por otro que no se quedó dormido. Le correspondió el número doscientos quince en lugar del veintiuno que tenía reservado. No llegó a la ventanilla ese día y tampoco el siguiente, al tercer día una señora con cara de señor anunció a los presentes que los trámites por esa ventanilla se suspendían hasta nueva orden. Todo por un detalle ínfimo, sin importancia… Pero sucede con frecuencia que sólo remontamos hasta detalle inicial cuando su devenir es reconocido. La memoria juega en terrenos conocidos o bien informados, juega de local, dirían los hinchas al fútbol. Si la pusiéramos a jugar de visitante, es decir en lo desconocido que en muchos casos es lo propio, es posible que el resultado final sea tan sorprendente como el detalle ínfimo por donde inició. Hay personas que hacen profesión de la rememoración de detalles que se encadenan hasta dar forma a eventos, pequeños o grandes, que suceden a todo el mundo a diario. Estos personajes tienen el talento para hacer creer que sus cuentos o novelas sucedieron. Construyen historias a partir de detalles, minucias, miradas, palabras o equívocos…


… Es una cuestión técnica, en la pintura sucede así: uno de los elementos del cuadro, aquel que se encuentra donde el artista considera que está la tensión, el lugar donde el espectador dirige la mirada, está pintado con detalle, con precisión. El resto, lo que sucede alrededor no tiene el mismo tratamiento. Ese objeto puede ser una luz, una sombra, una esquina, un color o un punto. Para quienes construyen historias y las escriben, el detalle se encuentra en un hecho histórico, una fecha, un nombre, una calle, una sensación, un color, una palabra o nada. Casi se podría decir que la mayoría de los detalles tienen su inicio en la nada… Hay escritores que tienen la capacidad para recordar los hechos trascendentes que sucedieron en sus vidas y los convierten en Memorias: Confieso que he vivido, Vivir para contarla, Antes del fin, La lengua absuelta, son títulos de obras maravillosas, que cuentan en detalle las sensaciones, encuentros, palabras, angustias y desvaríos de quien escribe. Es este un ejercicio que, en un curso de iniciación para escritores se plantea más o menos de esta manera: “… Piense en un detalle que haya sucedido en su vida y no le gustaría que ningún vecino o amigo descubra. Un secreto. Escríbalo en un papel. Observe el papel. Si cree que no puede escribir sobre eso, es posible que no sea un buen candidato para escribir memorias. Un error frecuente consiste en narrar hechos en lugar de detalles. Es necesario narrar detalles. Cuente lo que una cámara vería, los detalles de un recorrido, las sombras y las figuras que sugieren. Las detalles convertidos en palabras despertarán sentimientos incluso experiencias y recuerdos en el lector…”


… Otras personas encuentran en las cartas una forma de narrar detalles. La lectura de esas correspondencias es emocionante. Recuerdo ahora la que llevaron por años Henry Miller y Lawrence Durrell, creo que leí esas cartas en un momento que se convirtió en el punto de partida o el detalle primero de eventos que no han cesado. En las últimas semanas me interesé más de lo acostumbrado por el origen de los detalles, no es que no lo haya hecho antes, no, sucede que pasaron a primera línea, se convirtieron en protagonistas que revelan, que observan, que se convierten en el comienzo y el final de todo. Me di cuenta en estas semanas que nos inundan por todos los costados, lástima que cuando los reconocemos casi siempre es tarde… ¿Cómo sería un día sin detalles? No pienso en los que genera el personaje hablantinoso dicharachero y social, ése es puntual, incluso superficial, fuente de detalles y minucias, incluso chismes, visibles a pesar de ellos. Los detalles de verdad son todo lo contrario. Parten de lo invisible y se convierten en moles que derrotan lo que se interponga. Además, nadie se atreve a interrumpir su camino por una razón sencilla: a medida que avanzan, a medida que crecen en importancia, mutan, adhieren o se oponen. Siempre se mueven. Cuando alguien se atreve a levantar una barrera frente a ellos o intenta cambiar su curso, su actitud es la que adopta quien hace creer al otro que tiene la razón, cuando en realidad no ha entendido nada y su devenir es subsidiario del querer del detalle que, en apariencia, deja hacer. A estas alturas y después de años de minucias acumuladas, es bueno recordar que un detalle en su estado primigenio puede ser una sombra, un suspiro, un movimiento, un perfume o, como en “Blow up”, la película de Antonioni, puede ser la silueta imperceptible, lejana, que se produce por allá, donde nadie la ve, pero con el pasar de las horas, es más importante que cualquier otro segmento de la historia. En el estado final, ese mismo detalle, insignificante al comienzo, es una tromba que influye en las palabras, los hechos o, incluso, en los deseos de las personas hasta el punto de gobernar sus pasiones. El detalle, por donde todo comienza, se vuelve grande, irreversible. Es la conclusión. Detalles aislados no existen, suman, multiplican; nunca restan, dividen o individualizan. Un detalle solo no es nada, no se tiene en cuenta. Dos detalles son una multitud avasalladora…


Argumento.
He aquí un detalle dijo uno. ¿Dónde? preguntó el otro. Ya son dos, respondió el primero… Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2018

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