Indignémonos

10 marzo, 2018 § Deja un comentario

En  dos mil once publiqué esta Marginalia. Una de las primeras. Vuelvo a ella porque la situación es, como dijo Stéphane Hessel “más compleja”. Hoy, más que nunca, debemos indignarnos. He aquí La Marginalia aquella con ajustes a lo que indigna hoy:
… Regadas por todo el cuerpo llevamos vicisitudes y encantos. No sé cuáles sean más, quizá las vicisitudes que tienen la virtud ser ahora y más tarde, cambian de lugar o aparecen, desaparecen y reaparecen convertidas en otras. Entre las vicisitudes encontré una que se despertó súbitamente después de leer un texto corto, publicado en francés, que ha circulado profusamente entre los manifestantes de las grandes ciudades españolas en las últimas semanas. Su título es “Indignez-Vous” en el original, o “Indígnese” o “Indígnate” como lo traduciríamos en Colombia, o “Indignaos” como lo tradujeron en España. Stéphane Hessel es su autor. El librito ha servido de línea de inspiración a los millones de indignados que protestan en España para conseguir una Democracia Verdadera y tiene origen en los enunciados del Consejo Nacional de la Resistencia; Hessel fue miembro de la Resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y su texto es un llamado a la indignación como la que que movió a los Resistentes frente al ocupante nazi…

… Insiste Hessel que la situación de hoy es, de lejos, más compleja que en los años cuarenta. En aquella época había un sólo enemigo, el ocupante nazi, ahora los ocupantes son diversos, numerosos y agresivos. Las situaciones que provocan la indignación van desde los desmanes del poder económico, del consumo, del maltrato a los inmigrantes y desplazados, de la corrupción; hasta situaciones, en apariencia, mínimas de la vida diaria como un ruido alevoso en el barrio o un carro mal parqueado en el vecindario. Por supuesto, para el ciudadano de a pie protestar contra las agresiones de los grandes grupos económicos es difícil, pocas veces, quizá ninguna, será escuchado a menos que logre reunir alrededor una multitud con fuerza y tiempo suficiente para hacer tambalear el poder. No es imposible, hay ejemplos, pero requieren tiempo, compromiso y sobre todo una idea clara de lo que se quiere conseguir.
Una manera al alcance de encontrar esa idea, lo menciona Hessel en su texto, es observar qué, por insignificante que parezca, es causa de indignación y si se logra identificar alguna tomar conciencia de ella e intentar solucionarla, hacerlo, por lo menos en lo que al sujeto concierne, es un paso en el buen sentido. Dice también Hessel que la indignación requiere compromiso, por lo tanto, comenzar por lo cercano, lo vecino, puede ser una solución. Pasamos buena parte de la vida observando alrededor para entender, ver o incluso, relacionarnos mejor con el otro. Distinguir de todo aquello lo que nos indigna, ayuda a la convivencia…


… Observar, requiere, a veces, tomar nota. Iniciaré, entonces, un inventario en desorden y con seguridad incompleto, de situaciones, actitudes, personas, palabras, cosas, que me indignan: me indigna el ruido indiscriminado; me indigna quien hace trampa en las filas, los conductores que, en un trancón, intentan pasar antes de que llegue su turno; me indignan los mentirosos que se creen sus propias mentiras, como sucede con frecuencia con los politiqueros; me indignan los politiqueros corruptos que caen para arriba; me indignan los que aseguran que dedican su vida al bien de la comunidad; me indignan los corruptos; me indignan los paras; me indignan los mafiosos; me indignan los sicarios; me indignan los guerrilleros y secuestradores; 
me indignan los tramposos, los ventajosos, los incumplidos; me indignan los que necesitan un arma para hacerse oír; me indignan los que se creen dueños de la verdad, los que no escuchan; los que, como algunos periodistas de radio, cortan a quienes les contradicen para quedar con la última palabra; me indignan los que pretenden que no tienen influencia en la gente y hablan desde un micrófono a millones de receptores; me indignan quienes no respetan al vecino de casa, de puesto, de calle, de parqueadero; me indignan los dueños de mascotas que no recogen sus excrementos; me indignan los que hablan sin parar; me indignan los pretenciosos; me indignan los que se contentan fácil; me indignan los perezosos; me indignan los que dicen estar cansados para evitar la responsabilidad; me indignan los que siempre buscan un culpable fuera de ellos; me indignan los mandos medios que sólo tienen por función estorbar; me indignan los cobradores que llaman a cobrar los sábados a las siete de la noche; me indignan los banqueros, los industriales y sus balances con ganancias multimillonarias…

… Me indigna pensar que es difícil, imposible, encontrar una empresa o fundación lo suficientemente honesta para manejar fondos dedicados a auxiliar los damnificados de una catástrofe; me indigna la “gotita” que piden en las cajas registradoras de algunos grandes almacenes para engrosar sus donaciones sin decir de dónde vienen y ganar exenciones de impuestos; me indignan las telenovelas que se alargan al infinito y no dicen nada; me indignan los morbosos de los medios masivos de comunicación que sólo buscan la vida privada de los otros para hacerla pública; me indigna la gente que habla en cine, que empuja el espaldar de la silla de adelante, dice lo que va a suceder en la película y además hace comentarios; me indignan los “profes” del fútbol que se contentan con la idea de que “perder es ganar un poco”; me indigna la mediocridad; me indigna la falta de compromiso; me indigna la indolencia; me indignan los lagartos; me indignan los libros mal traducidos y las películas mal dobladas; me indignan los que que se creen “frescos” dizque porque no les indigna nada; me indignan los mercenarios de la moral, la ética y la profesión; me indigna la falta de criterio; me indignan los que “al son que les tocan bailan”; me indignan los zalameros; me indignan los que se hacen tomar fotografías con la mano en el pecho y la mirada en el infinito, me indignan los que se comen ese cuento; me indignan las campañas políticas rastreras que solo buscan exaltar la galería y a punta de “mermelada” convertida en almuerzos o trago consiguen votos; me indignan los que una vez elegidos se vuelven inalcanzables, hasta la campaña siguiente, claro; en general me indignan los políticos. Por supuesto me indignan muchas otras cosas, situaciones y personajes, por ahora y por la coyuntura que nos convoca este domingo once de marzo y también la que se nos viene encima, en mayo, aun estamos a tiempo de indignarnos…



Argumento.
Una mujer, un hombre también, quizá por cosas distintas, decidió hacer un listado de situaciones, actitudes, palabras, personas o sensaciones que la (lo) indignaban. Pronto se dio cuenta de que el listado podía ser extenso y requería de vasta observación. Sin embargo no perdió el ánimo y comenzó, aplicada(o), a tomar nota en un cuaderno de cien hojas. Así comienza la indignación…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior de la obra Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Álvarez Lara 2011 / 2018

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