Pintor de brocha gorda

8 diciembre, 2017 § 2 comentarios

Peintre en bȃtiment, pintor de brocha gorda, tituló Jean Glibert su exposición en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas. Hubiera podido también llamarla “Pintor de Luz, Espacios, Texturas y Arquitecturas.” Sin embargo cualquiera de esos calificativos llevaría posiblemente al error en cuanto a la interpretación y comprensión de su trabajo. Conocí a Jean Glibert, pintor belga, en mil novecientos setenta y cinco en La Cambre, la Escuela Nationale Supérieure des Arts Visuels donde dirigió, durante veinte años, un taller de “Espacios urbanos” con el propósito de estudiar, en la relación arquitectura / medio ambiente, las intervenciones de la luz, la textura y el color en el espacio.

No lo veía desde mediados de los años ochenta cuando, mi mujer y yo, dejamos Bruselas para volver a Colombia. Por una coincidencia, las coincidencias son el inicio de la ficción, tuvimos la ocasión de volver a Bruselas en el momento mismo en que el Palacio de Bellas Artes hacía una exposición, ¿se podría llamar retrospectiva? si se lo preguntan dirá seguramente que no, de cincuenta años de trabajo donde investigar en profundo la participación del color, la luz, la arquitectura y las texturas en el medio ambiente, es la esencia. Noemíe y Terje, amigos de siempre, con quienes compartí en las tertulias que Jean Glibert hacía en su taller de aquellos años, nos recogieron en el hotel y bajo una lluvia fina, en Bruselas siempre llueve aunque no parezca, fuimos hasta el hasta el Mont des Arts, donde está el Palacio de Bellas Artes. Era domingo, en el Hall del Palacio, casi desierto, algunos niños se preparaban para un taller de dibujo. Entramos y casi al mismo tiempo llegaron Glibert y Veronique, su compañera de siempre. Habían pasado treinta años o más.

El trabajo de Jean Glibert se inscribe en los movimientos que agitaron y cuestionaron el mundo del arte entre guerras, a comienzos del siglo XX. Desde la vanguardia abstracta que tuvo su manifestación después de la Gran Guerra con Theo van Doesburg, Pierre Bourgeois y Piet Mondrian a la cabeza, hasta el movimiento surrealista belga que encontró en René Magritte, James Ensor y Paul Delvaux sus mayores representantes, Bélgica fue el centro de avanzada en las artes. El trabajo de Jean Glibert se funda en la vanguardia abstracta, sin embargo, su interés en las posibilidades de expresión en espacios no específicamente dedicados a la exposición de obras de arte, la liberalización de las disciplinas, las técnicas y el trabajo de los artistas plásticos, lo ha llevado a una relación estrecha con arquitectos, diseñadores e incluso con pintores de brocha gorda. Sus intervenciones, en relación constante con el espacio físico, buscan: …integrar el color y la luz a la arquitectura de la misma manera que la arquitectura se integra en la ciudad… *

Jean Glibert utiliza el color como portador de significados. Sus intervenciones han logrado revivir espacios públicos desolados como el Puente de Midi cerca de la Gare de Midi en Bruselas, los parqueaderos de Ath en Dinant, o el poste eléctrico en Lieja, testimonio de su predilección por los lugares donde los proyectos de renovación urbanística son abandonados. Desde su inauguración en 1928, el laberinto de Víctor Horta convirtió el Mont des Arts en el centro del tejido urbano de Bruselas. Glibert estudió en detalle los planos maestros de ordenamiento urbano de ese año y con frecuencia visitó el lugar para vivir in situ las dinámicas que se establecen entre las actividades artísticas y el flujo de visitantes con el objeto de definir con precisión cómo, él, Peintre en bȃtiment, pintor de brocha gorda, iba a desarrollar el proyecto de su exposición**.

A medida que avanza en la explicación de las maquetas dispuestas en una inmensa vitrina en el centro de la exposición, se hace evidente la precisión de las intervenciones y la integración de los elementos: luz, color, textura. Recordé, mientras lo escuchaba hablar, cuando colaboré en alguno de sus proyectos: la precisión de las líneas, de las gamas de colores, incluso, si en alguna de las fases de desarrollo del proyecto era necesaria la intervención de elementos extra como tornillos, todos debían girar hasta el mismo punto y sus ranuras quedar en el mismo sentido. El trabajo de Glibert, es de reflexión y precisión. Con el pasar del tiempo, mientras lo escucho en un costado de la gran vitrina del salón, comprendo que el análisis de sus proyectos, el desarrollo y su manera de abordarlos alcanzó un nivel de reflexión integral. Sin embargo, en las salas que siguieron, segmentos de procesos recientes me mostraron una faceta inesperada del profesor.

De repente, aparece lo inesperado, Glibert dice que siempre lleva con él una cámara pequeña y toma fotografías de texturas, objetos, composiciones o colores que encuentra a su paso si va por una calle o mientras maneja su automóvil. Estoy a punto de decirle que, seguramente con otro objetivo, hago lo mismo, tomo fotografías de todo y luego escribo sobre ellas. Jean Glibert utiliza sus fotografías como testigos de la presencia de colores, texturas y formas en el medio ambiente y como se integran en él. Con ese mismo sentido ha construido una colección, que él no considera colección, sino “Tecnoteca”, con objetos que encuentra en mercados de pulgas, en almacenes, en librerías o tirados en la calle y le comprueban la integración del color, la forma y la textura aplicada al lenguaje de la naturaleza. Hablar de aquellos  objetos revela el punto de partida de su trabajo de pintor.

No solo los objetos que conserva como origen físico de sus proyectos están allí en estanterías en otra de las salas del Palacio de Bellas Artes, está también presente la minucia con que aborda sus proyectos desde mínimos detalles, quizá no relacionados con el resultado final. La “Tecnoteca” es el testimonio de una suerte de metamorfosis de objetos que se convierten en ideas y luego en proyectos y luego en representaciones físicas en espacios urbanos o inesperados. Encontré también, en la misma sala, su trabajo reciente sobre papel. Tinta aplicada a la manera de calígrafo japonés, con trazos constantes en presión, intensidad e intención, sobre papel que ondula, se mueve o se arruga al paso de la espátula. También están allí sus libretas: pequeñas hojas donde traza formas, texturas blancas y negras, en ritmos cambiantes según el orden en que se miren. Es la parte final de la exposición. La coincidencia y los amigos, Noemíe y Terje, me llevaron a cruzarme, treinta o más años después, con el Peintre en bȃtiment, Pintor de brocha gorda, que transita por el camino de la perfección. Una experiencia difícil de olvidar…
Argumento. Los detalles son importantes… Así comienza la historia del Pintor de brocha gorda…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Alvarez Lara 2017
* Traducción del Catálogo de la Exposición Jean Glibert, Peintre en bȃtiment. Palacio de Bellas Artes, Bruselas.  BOZAR. Federation Wallonie – Bruxelles
** Traducción del Catálogo de la Exposición Jean Glibert, Peintre en bȃtiment. Palacio de Bellas Artes, Bruselas.  BOZAR. Federation Wallonie – Bruxelles
*** Fotografías tomadas de http://www.jeanglibert.com

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