Lances con la ficción

26 agosto, 2017 § Deja un comentario


Hasta septiembre, después de la Fiesta del Libro de Medellín, mientras Texto Textura. Un libro en exposición, se encuentre en el Hall del segundo piso del edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, vecino del Parque de Los Deseos y de la estación de metro Universidad, me he propuesto narrar en estas Marginalias los cruces con las ficciones ajenas o mías que corren por todas partes cada vez que voy a visitar la sala para encontrarme con estudiantes de arte, grupos de escritura creativa o amigos interesados en mis lances con la ficción. Una mañana camino de la exposición hice un arqueo de las ficciones que a pesar de ellas se cruzan en mi camino… Vi una señora comiendo paleta… Vi un vigilante riendo y otro que me confundió con un colega… Vi una madre empujando un niño que no quería caminar… Vi una flaca con gafas que llevaba en su mano derecha una bolsa de plástico gorda pero liviana… Vi un hombre que empuja un carro pesado mientras un compañero, asistente tal vez, empuja al que empuja el carro pesado… Vi un hombre masivo con una camiseta marcada con la palabra “volar”… Vi dos hombres bajitos y gruesos hacer fila detrás de una mujer como ellos; detrás de ella un flaco, flaco, lleva un tubo que utiliza como bastón aunque no cojea; y detrás del flaco vi un hombre con gafas de aumento que también lleva un tubo y no es amigo ni conocido del flaco; los tubos son una coincidencia… Vi una flaca con gafas hablando por celular de un viaje que hizo hace poco. Media hora más tarde vi otra vez a la flaca de gafas y seguía hablando por celular del mismo viaje… Vi un hombre que lee en voz alta, lee y subraya; lee un libro leído, amarillo en los bordes y con las puntas dobladas; resalta con un lapicero rojo a medida que lee, de repente cierra el libro y se aleja con él bajo el brazo…

… Vi llegar una pareja de enamorados, dejaron una bolsa de plástico amarillo cuidando los puestos que habían elegido, fueron a la vitrina y volvieron con porciones de torta recubierta de crema para cada uno… Vi un hombre mayor, alto, con bigote blanco y sin pelo hablando por celular, nada extraño, hablaba sin esperar repuesta y mientras hablaba iba de un lugar a otro, estuvo de pie a mi lado, luego sentado al final del pasillo; lejos o cerca, habló en el celular sin parar… Vi partir los enamorados después de terminar sus porciones de torta, iban riendo… Vi tres jóvenes morenos por el sol acompañados por un hombre mayor, también moreno por el sol. El hombre mayor habla en un tono que parece de regaño, ninguno de los jóvenes habla o levanta la cabeza y menos aun enfrenta al mayor que envalentonado habla cada vez más fuerte… Vi dos empleados que dejan de conversar cuando uno de ellos responde el celular; al terminar la llamada el otro, distraído, no se da cuenta de que su compañero ya no habla por celular; como el distraído mira para otro lado el que recibió la llamada aprovecha y se dedica a chatear. Ya no conversan más… Vi dos mujeres que intentan cerrar una maleta y no lo logran, entonces la dejan a medio cerrar y se concentran en sus celulares… Vi una mujer con una margarita tatuada en el dorso de la mano. El tatuaje es pobre y sin color, sin embargo la flor está allí para que alguien, quizá ella, frote sus pétalos uno a uno, como la lámpara de Aladino, y con cada caricia pida un deseo. Fue una visión rápida, la mujer desapareció y no la vi más…

… Vi un señor sentado en una acera comiéndose las uñas, tenía un balde de plástico azul lleno hasta el borde de fresas rojas entre sus pies. Comía uña y miraba las fresas, las contaba y como era fácil confundirse en el conteo, me pareció verlo comenzar varias veces… Una mujer con más boca que ojos se paró a mi lado. Tiene los labios rojos encendidos y brillantes y los ojos negros pequeños y pegados entre ellos. La miré una vez y coincidí con su ojos diminutos, después no me miró más… En una fila de seis personas, dos hombres y cuatro mujeres, cinco llevan el celular en sus manos y hacen algo con él, chatean, juegan o hablan, la única que no lo utiliza aunque lo debe guardar en algún bolsillo se acaricia el pelo teñido de rojo mientras conversa con otra mujer frente a ella que también tiene el pelo teñido pero de amarillo… Mientras miraba su celular concentrado, vi un hombre con muchos músculos y peinado extraño, moño en la cima y liso en los costados. Mira el celular y marca signos en su cara, como cruces; el peinado, los músculos o los signos, llamaron mi atención y me preparé para tomarle una fotografía; mientras organizaba mi celular para registrarlo lo perdí de vista, cuando lo localicé de nuevo en su lugar había otro hombre, sin músculos, sin peinado con moña y sin celular, lo único que coincidía era el azul de su camisa… Vi un hombre joven con audífonos que parecía dormir de pie conectado con el infinito, quizá soñaba un baile al ritmo que el infinito le proponía… Vi una mujer joven con las fases de la luna, tatuadas en el brazo, la vi junto a un hombre también joven con una flor tatuada en el hombro, aunque solo las pintas rojas de los pétalos eran visibles debajo de la manga corta de su camisa…

… Vi una pareja de fotógrafos enamorados, cada uno con su cámara colgada del cuello, no se besaron ni se abrazaron aunque querían hacerlo porque las cámaras se interponían… Vi una mujer con cuerpo de atleta, grande y fuerte, ocupaba dos puestos en el metro, no me miró cuando intenté llegar a uno de ellos; me tomó tiempo, por lo menos tres estaciones, para que el movimiento la desplazara y yo pudiera llegar a mi puesto; cuando me instalé caí en la cuenta por los brillos de la mireya de que su vestido de atleta con pantalón corto era también de fiesta… Vi un hombre que duerme. Cada tres caídas de cabeza se despierta saca el celular y mira la hora, lo guarda y duerme de nuevo, tres caídas de cabeza y repite el movimiento… Vi un personaje a quien había visto antes, lo reconocí a pesar de la barba, me miró sin verme, lo saludé y respondió con el tono con que se dice una formula que quien la dice está cansado de repetir… Vi una mujer cuando se levantó de su puesto y dijo: espéreme que no me demoro, al hombre que estaba con ella. Apenas la mujer cerró la puerta del baño el hombre se levantó y se fue… Vi al hombre que se fue regresar cuando la mujer salió del baño y con un mensaje por WhatsApp le ordenó regresar. El hombre regresó y los vi hablando bajo, como en secreto, luego los vi levantarse y partir, me sorprendió ver que el hombre era pequeño, llegaba a la cintura de la mujer y para sostener el paso de ella el suyo era un trote corto; los vi salir por la puerta al final del pasillo; diez o quince minutos después la mujer regresó sola, tenía mirada de buscar algo o alguien, quizá buscaba al hombre pequeño que salió con ella, ocupó el mismo lugar donde había estado en conversaciones secretas, cruzó las piernas, dejó un bolso de plástico azul a su lado y esperó… Vi un hombre mayor, con barba de cuatro días, gafas de miope y celular pegado a sus ojos llamado Florentino, la anunciadora gritó el nombre y el hombre mayor y miope fue tras ella. Poco tiempo después regresó y se sentó a mi lado, sacó el celular y comenzó a escribir lentamente algo que parecía una conversación en el chat, solo que el contertulio intervenía poco y el único con la palabra era el el hombre mayor y miope que ahora es mi vecino…

Argumento. Vi un hombre pegado a su celular… lo vi y me pregunté: qué será lo que escribe… Después me vi… Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Alvarez Lara 2017


“Texto Textura. Un libro en exposición”
Hall del segundo piso / Edificio de Extensión / Universidad de Antioquia
Calle 70 No. 52-72 . Medellín
Sala abierta al público de lunes a viernes de 8:00 am. a 6:00 pm.
Sábados de 9:00 am. a 2:00 pm.

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