Coincidencias

12 agosto, 2017 § Deja un comentario



Hace poco más de un año publicaste en esta Marginalia un texto dedicado a Las cárceles imaginarias de Giovanni Battista Piranesi. La coincidencia, origen de la ficción, entre aquellos dieciséis grabados de Piranesi y los llamados en ese momento Dibujos abigarrados, en los que trabajabas desde algunos años antes, viene del hecho que las cárceles de Piranesi no son cárceles en el sentido oscuro y cerrado que se les conoce. Todo, incluso la Roma que Piranesi miró al detalle, era una ruina monumental con escaleras que se interrumpen en el vacío, cuerdas y poleas, minaretes clausurados, puentes altísimos donde los personajes se insinúan, no están donde debieran estar y aparecen convertidos en trazos que favorecen la presencia de objetos, estructuras, piedras y máquinas.
La coincidencia entre Las cárceles imaginarias de Piranesi y los Dibujos abigarrados que llevan, hoy, como subtítulo en el reverso la inscripción Texturas Urbanas y son exposición en el Hall del Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, está en lo urbano convertido en textura, en claros y oscuros, en cielos y nubes, pasadizos y entre puertas; y lejos, muy lejos, casi para adivinar, personajes que se insinúan y parecen estar donde no debieran. La coincidencia es formal. Es el resultado de haber recorrido, de haber copiado Las cárceles imaginarias durante meses, años, por todos los rincones, sin saberlo. De haber subido y bajado sus escaleras, incluso de haber saltado en alguno de sus vacíos o puesto a funcionar las máquinas en los Dibujos abigarrados que con el tiempo se convirtieron en Texturas Urbanas. Es el resultado de los “Ejercicios espirituales con Piranesi” como Humberto Pérez hubiera llamado la coincidencia. Sin embargo, insistes, éste es el aspecto formal. El otro, resulta de la frase de Hamlet en diálogo con Rosencrantz, que cita la señora Yourcenar: “…Dinamarca es una prisión, dice Hamlet. … Entonces, el mundo también lo es, responde Rosencrantz…”; y resulta también de la afirmación de Aldous Huxley a propósito de los personajes en Las cárceles imaginarias que no parecen estar donde debieran. Este otro ángulo de la coincidencia no se manifiesta ya en las Texturas sino en las presencias a veces definidas, a veces no, de personajes protagonistas de los textos que acompañan las texturas y en apariencia no tienen relación con ellas.


Las Texturas Urbanas habitan libretas de bolsillo, una ventaja que te permite dibujar en cualquier parte; al mismo tiempo, escribes un diario con ficciones que suceden mientras viajas en bus, haces fila, tomas café o esperas el cambio de luz en un semáforo; ficciones que vienen de los personajes que frecuentan estos lugares o situaciones y también se podrían encontrar en alguna de las plazas o galerías que Piranesi construyó en sus aguafuertes. En las Texturas Urbanas, dibujo y escritura alternan, son parte de tu trabajo que, sin prevenirlo, se ha convertido en tu manera de ver y sentir o de expresar tus ficciones…
… Un hombre te mira sin pestañear. Tu dibujas. Adviertes, por el ángulo más alejado, la mirada fija. Al cabo de algunos trazos, no sabes cuantos minutos o segundos, caes en la cuenta de que no es a ti a quien mira, tampoco mira los dibujos o sus ojos no muestran interés por ellos, sus ojos están fijos más allá de ti, detrás, a tus espaldas. Con un movimiento de mago miras a tus espaldas. Es una mirada rápida, suficiente para ver qué o quién hay detrás. En una mesa, igual a la tuya, con un vaso desechable en ella y alineada con la que ocupas y con la del hombre que no pestañea, hay una mujer que por su pose relajada no está allí, está en otra parte, ¿una playa?, ¿un avión?, ¿una habitación de hotel? Te encuentras sin quererlo en la tierra de nadie, en la trinchera que impide la curiosidad de uno y los sueños de la otra, ¿qué hacer? Dibujas. La situación han sido súbita y solo te queda dibujar una textura en el mismo lugar donde ya estaban las otras con sus líneas y sombras. Cuando consideras terminado el dibujo, levantas la mirada pero estás solo, ellos han partido, quizá por el mismo camino…
… Un salón desierto. Once sillones, cómodos, vacíos; uno ocupado, donde te encuentras y sin exagerar puedes llamar tu sillón. Tu sillón está en la esquina más alejada. Tienes vista sobre aquel espacio que nadie ocupa, solo ausentes que no volverán. ¿Cuántos ausentes? no lo sabes. Solo sabes que en ninguna parte caben todos. Una textura infinita…


… El hombre hace tres cosas simultáneas: fuma, escupe y levanta la mano para saludar. En menos tiempo del que es posible medir el hombre levantó la mano para saludar diez veces, escupió otras tantas, terminó el cigarrillo, lo dejó caer al piso, lo destripó con el zapato y prendió otro. Sin embargo, no fueron las acciones simultáneas lo que llamó tu atención, fueron sus pantalones arrugados de la cintura a los pies. Las arrugas no eran naturales, de esas que aparecen cuando se duerme vestido; eran arrugas fijas, quietas, pintadas en el pantalón y lo hacían ver rígido, como una armadura. Sus movimientos eran duros quizá por culpa del pantalón y también por culpa del peso del morral que llevaba al hombro. Sus pantalones que parecían salidos de algún dibujo abigarrado fueron solo el inicio, el resto del dibujo apareció en forma de capas, texturas y sombras, sobre todo sombras. Sin esperarlo, el hombre se convirtió en una sombra…
… Una mujer teclea en su celular y ríe. Teclea de nuevo y espera respuesta. Supones que la recibe porque ríe con ganas. Entonces teclea rápido, muy rápido, es posible que le hayan respondido antes de terminar de teclear porque ríe de nuevo con las mismas ganas de antes. Entonces adivinas gotas como lágrimas en sus mejillas. Teclear, esperar respuesta y responder se volvieron acciones simultáneas, como la risa. Llega un momento en que no distingues lo que hace: espera, responde, ríe o llora. Ves que llora porque con un ademán brusco seca las lágrimas que ya ruedan por sus mejillas. Entonces, en un ademán inesperado pero totalmente seguro tira el celular hasta el centro de la avenida. En ese momento un carro pasa…
… Un personaje espera recostado contra un muro, de tiempo en tiempo mira su reloj para ver la hora, constata el tiempo que no pasa, espera sin angustia porque es su lugar y posición, es parte de otros personajes y éstos a su vez de otros y de otras situaciones, como trazos apenas visibles en un puente, galería o recoveco de Las cárceles imaginarias. El mismo personaje en idénticas circunstancias se mezcla entre las Texturas Urbanas. No son visibles, Ni aquí ni allá son identificables, su estadía es un sin fin de situaciones, un tiovivo, que vuelve y vuelve. Se repite. Todo lugar significa un tiempo. Las cárceles imaginarias como las Texturas Urbanas son representaciones de tiempo que se repite, como los personajes. Hasta el infinito…


Argumento.
Un hombre, también puede ser una mujer, espera. Para la historia el lugar no tiene importancia. Otro, que lo observa, la observa, nota que con el tiempo quien espera desaparece o se confunde con los objetos o las personas que lo rodean. Así comienza la historia….
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Alvarez Lara 2016 / 2017


“Texto Textura. Un libro en exposición”
Sala abierta al público de lunes a viernes de 8:00 am. a 6:00 pm.
Sábados de 9:00 am. a 2:00 pm.
Hall del segundo piso / Edificio de Extensión / Universidad de Antioquia
Calle 70 No. 52-72 . Medellín

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para agosto, 2017 en .