“Texto Textura” un libro en exposición

29 julio, 2017 § Deja un comentario

Escribir es, para mí,
lo mismo que dibujar:
anudar las líneas de tal
suerte que se transformen
en escritura, o desanudarlas
de tal suerte que la escritura
devenga dibujo…
Jean Cocteau

Tomé prestado el texto de Jean Cocteau porque me sucedió con él lo que sucede con los encuentros inesperados: definen el instante, la acción, incluso el sentimiento. Por eso son inesperados. Si no lo fueran todo se daría por sabido y como dicen por ahí en la calle: …parte sin novedad… Vivía entonces, y vivo aun, aplicado a encontrar en los personajes con quienes me cruzo en lugares públicos los argumentos para narrar la ficción que nos rodea. Las ficciones ajenas llevan a las propias y de ese cruce resultan las texturas y los textos. Resulta Texto Textura, el libro que estará en exposición en el hall del segundo piso del Edificio de Extensión de la Universidad de Antioquia, al lado del Parque de los Deseos en Medellín, hasta el mes de septiembre…

De dónde vienen las texturas
Dibujo en una libreta que llevo en el morral. Dibujo desde hace tiempo, años seguramente. Puedo decir que he dibujado todo. Los dibujos pasan por el vaivén del momento, por la imaginación y por una práctica que evoluciona. He dibujado caras, retratos, situaciones, objetos. Dibujé también planas con líneas cortas, unas detrás de otras, con la misma inclinación, de lado a lado de la página en la libreta. Al terminar una fila de líneas cortas, sigo con otra debajo pero con inclinación en sentido contrario. Hasta llenar la página. A este ejercicio, es un ejercicio, lo llamo planas. Llené múltiples hojas con planas. Varias libretas. De los trazos que iban de lado a lado de la hoja comenzaron a surgir formas y texturas. Aparecieron densidades inesperadas. De a pocos las formas se compaginaron entre ellas y dieron lugar a situaciones, tal vez sombras, tal vez paisajes, tal vez presencias. Mientras esto sucedía con los dibujos escribí algunas historias. Los dibujos se hicieron abigarrados, las formas se hicieron complejas, aparecieron otras texturas y volúmenes y las presencias, al menos para mí, fueron evidentes. En “El elogio de la sombra” Junichiro Tanizaki escribe que la sombra define la forma. Entonces los dibujos abigarrados en las libretas comenzaron a ser sombras que no necesitan de las formas para existir pero las definen.
Los dibujos son una mezcla de texturas, sin orden aparente, que en ocasiones combinan y en ocasiones no. Todos son hechos con tinta negra y pluma. Ahora que menciono esta técnica: tinta negra y pluma, debo decir que me atrae más que cualquier otra, bien sea lápiz, carboncillo, pastel, óleo o acrílico. En mi memoria de dibujante los trazos iniciales de un dibujo con tinta, que no se pueden borrar, que desde el primer impulso están como y donde están, que al no permitir corrección imponen la forma, me atraen. Me atrae la contingencia de lo indeleble más que la de corregir, borrar o variar sobre la marcha.
Lo que comenzó en planas, como un ejercicio, se ha convertido en construcciones donde la tensión impera. Al dividir la página con líneas sencillas, rectas o curvas, que se cruzan, se unen o se separan con el objeto de modular el espacio, cada segmento define una textura que lo diferencia y busca la tensión de la sombra. En ocasiones las texturas se confunden y asumen una dirección inesperada; en ocasiones se quedan quietas y no pasa nada. Entonces dudo. Los dibujos son el resultado de lo que sucede alrededor, en ningún momento buscan identificar objetos, personas o lugares. Lo que representan es lo que sucede, lo que oigo o lo que veo. Con frecuencia, lo que siento…

Para dónde van los textos
Textos y texturas se construyen mientras el mundo circula alrededor. Mientras escucho conversaciones, mientras me hablan y respondo a medias. He visto personas mirar por encima de mi hombro lo que dibujo en las libretas o lo que escribo en el celular y después alejarse sin decir nada. Esperan una explicación que no llega porque yo tampoco sé para dónde van las líneas y las formas que aparecen y esperan o los textos que las situaciones, a pesar de ellas, sugieren. En ocasiones dejo la libreta a un lado mientras miro la mujer que pasa, el hombre que se aleja, la joven que chatea y escribo. En ocasiones es lo contrario. Dejo la libreta o el celular a un lado y espero. Los trazos y las historias se definen al azar del momento, con frecuencia de la hora. No es lo mismo esperar, acción recurrente por excelencia, a las nueve de la mañana que a las cinco y media de la tarde. Esperar tiene algo de inquietante. La lentitud irreversible del tiempo hace mella en las figuras que se descomponen. En los lugares públicos donde nadie mira a nadie pero, sin que los otros lo noten, todos miran a todos. La espera es una suerte de vitrina donde todo es visible, donde la curiosidad disimulada abunda. Cada uno asume la situación con naturalidad pero todos buscan los lugares más cómodos según un interés personal hecho público. Los intereses hechos públicos van desde extender el cuerpo en dos o tres asientos, dormir o simular dormir; concentrar la mirada en un punto indefinido que no coincida con la presencia de otro; hasta comprar un café en pocillo desechable y tomarlo a sorbos cortos, medidos, continuos para que no se enfríe y mirar, sin ver la mayoría de las veces.
Hay situaciones que por lo cotidianas y corrientes carecen de importancia, en apariencia, sin embargo están al origen de la ficción que abarca todas las actividades y está en todas partes. Las texturas y los textos, las libretas o la pantalla del celular, tienen la posibilidad de hacerlas aparecer.
En un lugar desierto apareció un hombre. Me saludó como si me conociera de tiempo atrás, no me atreví a responder el saludo por temor a una conversación interminable. El hombre cayó en la cuenta de que yo no era quien imaginó y se comportó como si yo no existiera. Se sentó a mi lado pero no intentó mirar de reojo o sobre mi hombro. Ocupó un lugar, quizá a la espera de ver pero como no hice ningún gesto abandonó su puesto. Si le hubiera mostrado la textura o el texto no se hubiera reconocido o quizá sí, nunca se sabe…
Argumento. Un personaje pasa, puede ser hombre o mujer. Otro lo mira o la mira pero no ve el hombre que espera o la mujer atareada; ni la mujer coqueta ni el hombre perdido. Ve la ficción que cada uno lleva a cuestas… La historia comienza mientras la ficción pasa…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2017

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