Tres veces Cuevas

8 julio, 2017 § Deja un comentario

Dicen o leí en alguna parte que los personajes, en ocasiones intrincados, atareados o en reposo  que siempre dibujó o grabó José Luis Cuevas, en toda la extensión de su obra, eran autorretratos. Dicen que su primera acción cada día era dibujar un autorretrato. Quizá nadie lo dijo y lo inventé para que me sirviera como disculpa, escribir sobre ellos y copiarlos. Copiarlos en el sentido que Humberto Pérez da a sus encuentros con los maestros: los copia y cada copia es una conversación. Humberto llamó esos encuentros “ejercicios espirituales”. De la misma manera mis encuentros, conversaciones, con Cuevas, sucedieron con personajes interpuestos y lo más curioso de estos encuentros es que sucedieron en lugares inesperados. De repente un personaje aparece, se acerca y sin mediar tiempo o acción los trazos cortos, precisos, los cuerpos a veces sin forma, los ojos bien abiertos y la boca a punto de hablar toma el lugar del personaje y el encuentro comienza. Cuevas me llevó hasta su Museo en el Centro Histórico del DF por calles intrincadas habitadas por personajes salidos de sus cuadros, y fue un descubrimiento. Solo que el hecho de llevarme, casi de la mano, hasta su Museo, lo comprendí después. Este encuentro será publicado en la próxima edición de la Revista Cronopio. Tres veces Cuevas relata tres encuentros, que, ya lo dije, sucedieron con sus personajes, seguramente con sus autorretratos, en los lugares menos pensados… 

José Luis Cuevas y los personajes que vuelan
Cualquier papel es bueno, cualquier lugar también. Todo está expuesto al ojo que no deja pasar el más mínimo detalle. Estamos en una habitación de hotel. Yo soy el papel con membrete sobre la mesa de trabajo que siempre hay en las habitaciones de los hoteles. Cuevas es el artista. Hoy se levantó tarde. Ayer, como siempre lo hace, salió a mirar la gente que camina y vive la ciudad, creo que pasó el tiempo conversando. Ahora, antes de tomar el primer café se sienta frente a mi, toma un lapicero y comienza a hacer trazos cortos y seguros, exactos, sobre mi superficie blanca. Yo, que algunas personas utilizan para escribir notas, teléfonos o recordatorios, me convierto en papel fino gracias a sus trazos cada vez más numerosos. Sin que él lo perciba, me miro en el brillo de sus anteojos, veo al revés una silueta que se dobla por la cintura hasta que sus brazos casi tocan los pies. La cabeza de perfil mira al frente con ojos abiertos y gesto construido con pequeños trazos que se encuentran, se cruzan y algunas veces pasan de lado a lado, para definir los claroscuros de la figura, sin tocarse…
Alguien llama a la puerta, él suspende su trabajo, se levanta y unos segundos después regresa con un camarero que trae una taza de café negro. Mientras toma sorbos cortos del café todavía humeante, dobla mi cuerpo de hoja de carta hasta convertirme en un avión de cinco pliegues, luego va hasta la ventana. Una corriente de aire caliente me impulsa y subo. Desde esa mañana no he vuelto a bajar pero veo muchas hojas como yo en las alturas…
Este texto fue publicado en el libro “Sin título. Técnica mixta” de Ficción La Editorial en 2015

A propósito de un personaje de José Luis Cuevas
El personaje no parece tener pies. Dos manchas circulares, como ruedas, ocupan su lugar, quizá por eso llevan a pensar en el reemplazo de los pies. Tampoco tiene piernas o, a causa de las ruedas, definir su posición es fácil. Digamos que en lugar de pantalones el personaje lleva un faldón de tela gruesa que va desde la cintura hasta las ruedas. Tampoco tiene manos o si las tiene están bajo una suerte de mantón corto escotado que esconde brazos y manos aunque la diferencia de colores marca la línea de los brazos y como las manos tampoco son visibles la idea del mantón protector contra el frío toma forma. ¿Hace frío? Es posible. A pesar de que nada lo sugiere. Es evidente que las proporciones entre cuerpo y cabeza en el personaje no corresponden a una línea ideal, su cabeza es más grande que su cuerpo, sin embargo no parece molestarle, quizá le divierte; la sonrisa insinuada sin disimulo y la mirada de costado, fija, coinciden en una expresión alegre aunque quieta. Los tonos de las ropas y los de la piel coinciden en algunos puntos, la figura parece quieta pero movimientos imperceptibles producen un vaivén de colores que unifica la figura. Las formas, cabeza, cuerpo, brazos, piel, cabello, ojo, nariz, están marcadas por líneas francas y cortas que simulan el volumen. Tal vez por las ruedas, el personaje parece desplazarse, se desliza por una superficie plana, sin accidentes. Y tal vez por esa expresión a punto de hablar, de participar en algo, su figura y lo que tiene alrededor no se detienen. El personaje es dibujo y personaje y allí está su fuerza. Es Cuevas aunque no lo dice, es quizá uno de los múltiples autorretratos que dibuja cada día y en esta esquina nos encontramos…

El encuentro entre un personaje mío y los creados por Cuevas
Cuando abandonó la mesa el conocido que no me reconoce dejó un vaso vacío en el centro. Por accidente, por temor al error o a la efusividad sin retorno, no me reconoció. Lo vi como uno de los personajes de José Luis Cuevas, el pintor mexicano. La expresión atareada, el cuerpo enmarañado, los trazos feroces que, en apariencia, van en todas direcciones y caen sin prevenir en cualquier parte a pesar de que todo es preciso, distinguen al conocido. Sin embargo, como en los dibujos de Cuevas ninguna línea, ninguna sombra, sobra o está fuera de lugar.  No sé por qué sucedió así, no puedo asegurar que la mezcla de las figuras de Cuevas con el vago recuerdo del conocido hubiera sido nítido desde siempre. La sensación de que podría ser uno de sus personajes apareció la primera vez que me crucé con él después de un buen número de años. Para decir la verdad yo no estaba seguro de que él fuera el conocido de antes, supongo que él tampoco estaba seguro de que yo fuera yo. Nos saludamos con una seña. Ni él, ni yo, preguntamos si éramos quien imaginábamos, fue una seña de esas que significan menos que un saludo y quedan fijas en el tiempo, quizá por miedo al error o a la efusividad sin retorno. Fue entonces cuando el personaje de Cuevas apareció, de pie, no muy distante, con trazos múltiples en todas direcciones pero en su lugar cada uno, expresión fija y manos a punto de hablar. Así quedó en mi memoria…
Argumento. Los personajes que se cruzan en mi camino parecen salidos de una historia que se juega o se jugó en otra parte, dijo el hombre, también puede ser una mujer… Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2017

Texto Textura será, muy pronto, exposición y libro

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