“Déjà vu”

10 junio, 2017 § Deja un comentario

Cada cierto tiempo algo ya visto o con la sensación de lo ya visto aparece. “Déjà vu” es el término en francés que define el momento. El diccionario dice que se trata de una alteración de la memoria por la que el sujeto cree recordar situaciones que no han ocurrido o modifica circunstancias de aquellas que se han producido. Es posible que los “déjà vu” que siguen solo lo sean para mí. Es posible también que narrarlos predisponga a que sucedan de nuevo y parezcan más que un instante. Es posible que sean el primer paso a la repetición a la que estamos expuestos en permanencia. Así es la ficción…

El azar juega en todos los espacios. Por azar presencié el empaque de unos regalos, disímiles en forma y tamaño. La mujer, joven, pequeña, delgada, de manos pulidas y bien cuidadas, lo advirtió desde el primer momento: yo puedo hacerlo pero no será rápido, dijo. Aceptamos el procedimiento, lo llamo así porque ella lo asumió como un ritual. Dispuso los objetos a empacar en aparente desorden sobre un extremo de la mesa, sacó de un cajón un lápiz corrector de tinta blanca; uno a uno tomó cada objeto borró el precio y lo devolvió a su lugar en un orden que parecía establecido. Por la rigurosidad con que asumió la tarea, esa primera parte pareció sencilla. La proporción, el ritmo y el orden de los objetos tomó forma despacio como había anunciado…

•••

De un momento a otro se va la luz, quedamos a oscuras, inmersos en la noche profunda. Nos abandonó el fluido eléctrico del que todo depende. Todo se apaga, se interrumpe, las pantallas van a negro, los aparatos dejan de funcionar, los bombillos se apagan, las redes se cortan, todo se detiene. Un hombre que hablaba por teléfono se quedó con la mitad de una palabra en la boca; una mujer que tomaba una ducha en un baño estrecho y oscuro con la luz prendida se encontró a oscuras y se terminó de bañar a tientas; un oficinista frente a su computadora perdió buena parte del trabajo realizado; un grupo de empleados quedó encerrado en el ascensor. Se fue la luz y aunque no lo notemos así, se fue todo. No solo dependemos de la energía física dependemos de la energía alterna, la que nos mantiene conectados…

Un escritor se propone narrar los hechos que suceden en un período de veinticuatro horas. Pronto se da cuenta que no logrará hacerlo y contrata los servicios de un digitador que llega a su estudio a las seis de la mañana y no debe abandonarlo hasta la misma hora del día siguiente. El escritor dicta y el digitador digita lo que el escritor dice. En cierto momento el escritor siente que no tiene mucho para agregar y decide involucrar dos elementos: el suspenso y un personaje. El personaje será el digitador que tendrá una participación activa, deberá digitar lo que él diga o haga, incluso lo que sienta. El suspenso llega con la aparición de un revólver con el que el escritor amenaza al digitador y dispara a su cabeza. El digitador escucha el chasquido del metal seco, sin detonación, el escritor ríe y de ese momento en adelante comienza un juego de ruleta rusa. Cada cierto tiempo sortean quien dispara pero en ningún intento hay detonación. Todo queda por escrito bajo la supervisión del escritor que no quiere ser engañado por el digitador pues su proyecto es enviar el texto a un concurso. Con una sola bala, el último disparo, en el revólver, el digitador, que de nuevo perdió el sorteo, no dispara a su cabeza sino a la del escritor. ¿Qué sucede después? no tiene importancia. La novela no ganó el concurso…

•••

Por supuesto las rutas se marcan, basta con recordar a Hansel y Grettel. También se desmarcan y desaparecen. Sé de personas a quienes ha sucedido. Sin embargo para hablar de caminos, de rutas que se desmarcan, que desaparecen, tal vez sea mejor hablar de imprevistos, accidentes o hechos fortuitos que los desvanecen. La lluvia es uno. Un ejemplo se da en la búsqueda de los personajes, testigos urbanos los llamo, que aparecen a mi paso en las aceras. No siempre es una búsqueda lineal, viene con frecuencia acompañada de desvaríos y es posible que lo visto hoy, mañana ya no se encuentre en el mismo lugar, se haya desplazado unos metros o se haya ido para siempre. Esta contingencia hace que la decisión de sacar al personaje de su confinamiento en cualquier acera sea espontánea y no deje tiempo para dudas; ésta es, quizá, su riqueza, a pesar de que ellos solo están, esperan, y van o vienen, como todos, según los avatares del día, como la lluvia que los cambia, incluso los desaparece…

Cuando abandonó la mesa el conocido que no me reconoce deja un vaso desechable, vacío, en ella. Lo vi como uno de los personajes de José Luis Cuevas, el pintor mexicano. Las expresiones atareadas, los cuerpos enmarañados, los trazos feroces que, en apariencia, van en todas direcciones y caen, sin prevenir, en cualquier parte. A pesar de que todo es preciso, ninguna línea, ninguna sombra, sobra o está fuera de lugar. No sé por qué sucedió así, no puedo tampoco decir que la mezcla de las figuras de Cuevas con el vago recuerdo del conocido hubiera sido nítido desde siempre. La sensación de que podría ser uno de los personajes de Cuevas apareció la primera vez que me crucé con él después de un buen número de años. Para decir la verdad yo no estaba seguro de que fuera el conocido de antes, supongo que él tampoco estaba seguro de que yo fuera yo. Nos saludamos con una seña. Ni él, ni yo, preguntamos si éramos quien imaginábamos, fue una seña de esas que significan menos que un saludo y quedan fijas en el tiempo, quizá por miedo al error o a la efusividad sin respuesta. Fue entonces cuando el personaje de Cuevas apareció, de pie, no muy distante, con trazos múltiples en todas direcciones pero en su lugar y con expresión fija. Así quedó en mi memoria…

•••

Queremos tocar. Necesitamos tocar. Somos santo Tomases en potencia. En un mundo cada día más virtual, más privado de sensaciones táctiles, donde el deporte y el sexo, dos aficiones masivas, suceden con mayor frecuencia en la pantalla de un televisor o de una computadora, el deseo de tocar, de sentir, incluso más que el de ver u oler, es fuente desequilibrios o angustias, en ocasiones, difíciles de controlar. Es por esto que las barreras, las cintas amarillas, los espacios vacíos entre los paradigmas, los héroes y el público, son cada vez más frecuentes y se desplazan a la virtualidad. Hoy, las campañas políticas ocupan buena parte de su tiempo y presupuesto en estudios de televisión o en redes sociales. En otras épocas ese mismo tiempo era dedicado a la plaza pública, al contacto con la gente, a sentir, como decían antes, “el pulso del pueblo”. Hoy, el mismo “pulso” se mide con estadísticas y tendencias, la mayoría de las veces erróneas porque, como la gente no siente, no toca, no aprieta, como se hace con un aguacate para saber si está maduro, no dice abiertamente sus preferencias…

Llegó a mis manos un libro pequeño. “Opio” es su título. Su autor, Jean Cocteau, narra su estadía en la clínica durante una cura de desintoxicación del opio. Cocteau escribe y dibuja, cuando no escribe dibuja y cuando no dibuja, escribe. Tres veces al día, en la mañana, al final de la tarde y cerca de la media noche, cuando no dibuja o escribe, consume opio como parte del tratamiento. Causa y remedio son lo mismo. En uno de esos textos Cocteau narra una visita al taller de Picasso en la Rue des Grands-Augustins. Durante la visita hablaron de milagros. Picasso dijo que todo era un milagro y que ya era un milagro no deshacerse en el baño como un terrón de azúcar. De esa visita quedó un poema escrito por Picasso y un dibujo hecho por Cocteau. Quizá fue al contrario. Sin embargo, la pregunta se mantiene, ¿de qué milagros podrían hablar estos dos personajes?, ¿alguien podría decir de qué milagros?, si milagros ya no quedan, todos los que iba a ser fueron y si no fueron se habló tanto de ellos que terminaron por serlo…

•••

Los espacios amplios, como las salas de espera o de paso en los aeropuertos o centros comerciales, hoteles, clínicas o lugares públicos que en general están ocupados, llenos de gentes que se mueven en todas direcciones sin un patrón o una ruta definida, son igualmente abrumadores cuando están desiertos. El espacio vacío pesa, no sugiere libertad de desplazamiento, ni siquiera silencio. Espacios así, concebidos para albergar decenas, cientos o quizá miles, no se liberan de esas presencias aun desiertos. La coincidencia de encontrarme en un espacio así a una hora vacía, es lo menos que puedo decir, y percibir los movimientos, las voces, los roces de metales o de materiales opuestos y alguna música distante, puede venir de un sueño, de una imaginación desenfrenada, del deseo no cumplido de encontrarme solo en uno de estos lugares multitudinarios a plena luz del día. Es posible que la percepción de multitud tenga origen en alguna de las causas mencionadas; es posible también que por imposibles que parezcan, las situaciones se cumplen. Nada se guarda, nada se queda sin suceder, todo tiene su lugar y su momento. La soledad frente al vacío no fue un sueño, ni un deseo cumplido. Seguramente fue una de esas ficciones que se quedan atrapadas en la maraña de la llamada realidad y se manifestó, por coincidencia, de la misma manera que se hubiera podido manifestar a otro. Un “dé-jà vu”…
Argumento. Todo se repite. Distinto pero se repite, dice uno. Lo habíamos dicho, responde el otro… Así, la conversación igual pero cada vez distinta está lanzada… Siempre es igual…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2017

Novedad para el 2017 en Ficción.La.Editorial

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo “Déjà vu” en .

Meta

A %d blogueros les gusta esto: