La tentación de lo invisible

29 enero, 2017 § Deja un comentario

En 1932 Henri Cartier-Bresson tiene veinticuatro años y acaba de llegar de un viaje por África donde se interesó por la fotografía. Durante el viaje, un safari para la caza del antílope, tomó fotografías con una cámara Brownie, sencilla, casi un juguete, que había recibido de regalo. Descubrió entonces que tomar fotografías lo convertía en algo parecido a un cazador, vegetariano, en el sentido en que nunca tocó, ni amplió, ni cambió con técnicas de laboratorio las imágenes que registró. Al regreso de África, Cartier-Bresson compró una cámara Leica de 35 mm., con lente de 50 mm., recién salida al mercado, que le permitía moverse con facilidad a la caza del “momento decisivo”, según sus palabras, el segundo único irrepetible que el fotógrafo debe descubrir. En el verano de 1932 Henri Cartier-Bresson tomó esta fotografía: Voyeurs-spectateurs, Bruxelles 1932 ( Mirones-espectadores, Bruselas 1932)…
•••
En 1973 Eduardo Arroyo tiene treinta y seis años. Nació poco menos de un año después de la sublevación del ejército español acuartelado en Marruecos, bajo el comando de Francisco Franco, contra el Gobierno Republicano. Arroyo nació en Madrid, vivió refugiado en Paris desde 1958. Estudió periodismo, pero siempre tuvo inclinación por la pintura. Siempre tuvo una actitud crítica frente a cualquier tipo dictadura, es por esto que en los años sesenta, una época en que la pintura abstracta y conceptual dominaba el mundo artístico parisino, Arroyo se dedicó a la figuración con un estilo que en las décadas siguientes haría carrera en el “Pop Art”. Sus pinturas fueron un pilar crítico de la dictadura franquista. En 1973 Eduardo Arroyo pintó una tela de 114 x 146 cm: Gilles Aillaud regarde la réalité par un trou à côté d’un collègue indifférent. (Gilles Aillaud mira la realidad por un agujero al lado de un colega indiferente)…
•••
En 2015 cumplí cinco años más que la suma de las edades de Cartier-Bresson y Eduardo Arroyo cuando crearon sus obras y por casualidad me crucé otra vez con la fotografía que vi por primera vez en los primeros años setenta, me causó curiosidad la mirada interrogante del personaje en primer plano y la indiferencia del otro. La noche del 20 de noviembre de 1975, cuando apenas habíamos probado nuestras cervezas Jupiler en el café Dolle Mol, Rue des Eperonniers, cerca de la Grand Place de Bruselas, mi amigo Serge Herbiet y yo nos sumamos a la multitud emocionada que invadió la calle gritando: “Franco ha muerto”. Sin pensarlo dos veces los seguimos. Un par de horas más tarde, después del vaivén de la manifestación, la alegría por la muerte del dictador y las carreras para no dejarnos mojar por los chorros de agua que la policía utilizó para dispersar la multitud, regresamos al Dolle Mol donde las cervezas nos esperaban en la misma mesa y tal cual las habíamos dejado. Por esos días conocí a Eduardo Arroyo en un libro titulado: Trente cinq ans après.  (Treinta y cinco años después.) Editado por 10-18 en 1974…
•••

256-fotografia-pintura-1En 1932 dos hombres fueron fotografiados por Henri Cartier-Bresson frente a un telón. Difícil ver qué hay del otro lado. Uno de ellos, vestido como un burgués de la época, mira fuera de la imagen como si algo o alguien, quizá el fotógrafo, lo hubiera sorprendido en una acción fuera de lugar. El de más allá mira lo que sucede del otro lado por un agujero, si hay uno; o, es posible, no mira nada y lo que intenta es ocultar su cara en el telón. Cartier-Bresson llegó de improviso, fotografiar los dos hombres sin que lo noten, da como resultado una imagen donde la poca, o ninguna, transparencia del telón es el único interrogante; es posible, entonces, que un movimiento o un ruido venido del lugar donde está el fotógrafo llame la atención del burgués que, tomado por sorpresa mira a la derecha sin saber qué va a ver. En ese momento Cartier-Bresson dispara su Leica portátil con lente de 50 mm. Es “el momento decisivo”. Es el momento que pone en evidencia la relación que apoyada en la agudeza visual del fotógrafo se relaciona con otras imágenes en su memoria. Seguramente Cartier-Bresson recordó Le cirque, Budapest 1920, una fotografía de André Kertész donde una pareja vista desde atrás, con sombrero y pañoleta, miran al interior del circo entre los tablones que lo rodean. La expectativa que no ver causa en ambas fotografías origina “la tentación de lo invisible”…
•••

256-fotografia-pintura-2En 1973 Eduardo Arroyo elige la fotografía de Cartier-Bresson para escenificar el retrato de su amigo artista Gilles Aillaud, quien trabaja en contracorriente a la moda haciendo énfasis en la imposibilidad de ver, si el telón disimula lo no visible para el espectador es posible que suscite también la resistencia: “el mirón pillado o la tentación de lo invisible”. La pintura de Arroyo y la fotografía original ponen en escena el telón sostenido por dos barras verticales; los personajes vistos de costado y el triángulo azul cielo arriba a la izquierda. Las mayores diferencias entre fotografía y pintura son la reproducción en colores y la representación del burgués con cara en mosaico. Para hacer evidente la oposición de Aillaud con relación a la moda, Arroyo conserva los tonos cercanos al blanco y negro en el personaje de la izquierda, Gilles Aillaud, y lo representa de perfil, con gafas oscuras que podrían hacer más difícil ver lo que supuestamente mira por el agujero. Los colores planos y el realismo en las formas, acentúan la oposición entre los personajes. El hombre con cara de mosaico fue sujeto de otra pintura de Arroyo de 1976 titulada: “Pintores ciegos”. La representación con manchas de colores abstractas en la pintura figurativa son su manifiesto en favor de la transgresión de las modas en el arte…
•••
Aun hoy ignoro si Henri Cartier-Bresson y Eduardo Arroyo se conocieron, tomaron café en algún bistro parisino o si tuvieron la ocasión de conversar sobre el momento de la fotografía y el impulso que llevó al artista a pintar el retrato. Si hay un lugar común en las dos obras está en “la tentación de lo invisible”. En el interrogante que plantea la instantánea de Cartier-Bresson y el manifiesto que desde su oposición radical a las dictaduras, políticas o de moda, propone Arroyo con el retrato de su amigo a partir de la espontaneidad del fotógrafo. En mi recorrido tras los pasos de este encuentro di con una nota de Cartier-Bresson a Eduardo Arroyo:
Querido Eduardo Arroyo,
Perdóneme que le escriba tan tardíamente, todo por causa de una gripe y de un viaje fuera, para agradecerle tanto el hermoso texto* como el uso que Ud. ha hecho de mi foto desencajándola. Para expresarle mi agradecimiento, le mando un pato en medio de unos reflejos, es la última foto que salió de mi cajita, de la que ya poco me sirvo. Con mi agradecimiento, reciba un cordial saludo de
Henri Cartier-Bresson
*He aquí un aparte del texto al que Cartier-Bresson hace alusión en su nota:
…En cuanto a mí, no dudé en manipular una foto tomada por Cartier-Bresson en 1932, que retrata dos mirones plantados ante una lona sostenida por dos estacas. El personaje del segundo plano mira a través de una hendidura una escena que nosotros no podemos ver; en cambio el hombre del bombín mira hacia el objetivo. Este último hubiera podido ser la encarnación de Hércules Poirot, y yo le cubrí el rostro con manchas de colores. Al otro personaje lo pinté con los rasgos de mi amigo Gilles Aillaud. Todos nos convertimos en mirones cuando contemplamos la foto y al mismo tiempo pasamos a ser un elemento más del documento. Estamos todos en el cuadro de Henri Cartier-Bresson…”
Eduardo Arroyo tiene setenta y nueve años. En 1976 volvió a España. Ha mostrado su trabajo en el mundo entero y ha recibido importantes distinciones en su país y fuera de él.
Henri Cartier-Bresson murió en agosto de 2004. En 1966 dedicó su tiempo a dibujar, lo que siempre quiso hacer. En una entrevista dijo: … cada dibujo es una acumulación de miradas… Esta frase me llevó a incluir en estas notas un dibujo que lejos de tener parentesco alguno con la fotografía de Cartier-Bresson  o la pintura de Arroyo lleva implícito el título de esta Marginalia: La tentación de lo invisible…

256-fotografia-pintura-3Argumento. Dos hombres conversan. Un tercero se cuela entre ellos. Hablan de fotografías y pinturas. Cuando dan la palabra al tercero muestra los trazos de un dibujo. Así comienza la historia…
• Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior • Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2017

Novedad para el 2017 en Ficción.La.Editorial

2-texturas-urbanas-sal9

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo La tentación de lo invisible en .

Meta

A %d blogueros les gusta esto: