Encuentro en el frío

7 enero, 2017 § Deja un comentario

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… Una versión libre de La Gran Ola de Kanagawa de Katsushika Hokusai, el maestro japonés, es parte del dibujo al scratch, una técnica cercana al grabado que representa una pareja que baila, se saluda o se enamora bajo la luz de una lámpara una noche del invierno de mil novecientos ochenta y cinco en el frío sótano del número veinticuatro de la rue d’Ardenne, comuna de Saint Gilles en Bruselas. El frío es intenso, nada más…

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… Nada más pero no se necesita más. La luz de la lámpara determina la hora: cayó la noche o, en invierno, es posible que sea el final de la tarde. La fuerza de las olas se esconde en la sombra más allá de la luz. Las dos embarcaciones en el grabado de Hokusai no están en la versión libre o ya pasaron; el monte Fuji y el mar son visibles bajo la luz, lo mismo que parte de la cara de la mujer y algo del perfil del hombre de espaldas. El resto es penumbra…

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La Gran Ola de Kanagawa es la primera de las treinta y seis vistas del monte Fuji y una de las pinturas del mundo flotante o ukiyo-e de Hokusai. El japonés se lee de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda. La lectura que un japonés haría de La Gran Ola es distinta a la de un occidental, de izquierda a derecha, para quién las embarcaciones, de ocho remeros, intentan alejarse del peligro; para un japonés las embarcaciones van hacia ella, van a romperla; la proa delgada de la primera embarcación confirma la intención. La amenaza es inmediata en tanto la lectura se hace de derecha a izquierda y la solución que plantea Hokusai no es huir de la ola, no lo lograrían, la intención es enfrentar la mole que se viene encima. El monte Fuji, el más alto de Japón, sagrado desde hace miles de años, es testigo del enfrentamiento. Quizá Hokusai imaginó la escena desde una embarcación cercana, también amenazada…

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… En el grabado al scratch, en lectura de izquierda a derecha, primero está la versión libre de la obra del maestro japonés, luego la lámpara, testigo delator de la escena y trazo de unión entre la primera parte del siglo XIX, La Gran Ola y finales del siglo XX, la mujer y el hombre. La luz permite lo visible y sugiere lo invisible, lo que no se dice, lo que no se ve pero está en el espacio reducido. La luz no define otros muebles, no es necesario. Quizá la imaginación del espectador, no siempre igual, alcance a determinar un desplazamiento lento, una acción, donde grabado, lámpara, personajes y espectador se sitúan, sin prevenirlo, alineados sobre un eje, se sobreponen hasta confundirse. Entonces el dibujo al scratch con versión libre de Hokusai, lámpara, personajes y espectador incluido sugiere un cambio…

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… Y el cambio deja en el aire la duda del saludo o la despedida; del abrazo o del baile; de la tristeza o la alegría. La mujer y el hombre no hablan, solo se abrazan, quizá no es necesario hablar, las manos de la mujer y los ojos cerrados, dicen lo suficiente. Del hombre, en cambio, no se puede asegurar gran cosa; por el cuello alto de su chaqueta es evidente la representación, el hombre es personaje de otro tiempo y lugar, se podría pensar en un disfraz pero no es momento para disfraces…

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… Pero no hay disfraz, lo que hay es representación de una época, la misma de La Gran Ola, primeros años del siglo XIX, al otro lado del mundo. La coincidencia hace del hombre la personificación de un oficial de los ejércitos libertadores, quizá Córdova, Sucre o Bolívar. Pero no es ninguno de ellos. El hombre se representa así porque las referencias son inciertas, dispares, idealizadas, poco creíbles; su argumento para sostener la idea de prócer de la Independencia, en esta época, está en la incertidumbre de los rasgos originales, cualquiera puede ser uno o el otro de los mencionados, incluso cualquiera puede representar al otro sin generar dudas…

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… Tampoco hay dudas en las manos de la mujer que hablan por ella y a pesar de que no lo dicen todo y tampoco aclaran el momento, dejan entrever intensidad. Hay abrazos que no significan nada, son fugaces, efímeros, sin intención; otros abrazos, como el del dibujo al scratch incluyen todo, los ojos cerrados lo confirman…

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… La lectura occidental, de izquierda a derecha, sugiere la separación y la esencia de cada instante: la versión libre de La Gran Ola, la lámpara, la pareja, el abrazo, quizá la presencia, como siempre pasa con las imágenes, del espectador que las mira. La lectura de derecha a izquierda, como lo haría Hokusai involucrado en esta escena bruselense sin su consentimiento, tendría la superposición de situaciones hasta dar con una sola acción, una sola intención en perspectiva desde las manos, la expresión, la intensidad del abrazo en primer plano, y el Monte Sagrado en el punto más alejado. Un solo y único punto de fuga. En el dibujo al scratch el paso del tiempo y el encuentro entre la mujer y el hombre, el primero de muchos otros, son una sola cosa…

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… Cosa, quizá no sea la palabra justa para determinar lo que sucede en el sótano del número veinticuatro de la rue d’Ardenne en Saint Gilles, a pesar de que “cosa” significa todo y nada; tiene aplicación real e irreal; incluso referente concreto o abstracto según la circunstancia. Lo que pasa en el dibujo al scratch, la “cosa” se confunde en el tiempo, en las historias, en los personajes, en la superposición de situaciones hasta convertirse en perspectiva de una sola acción, esa “cosa”, es la historia que aun está por narrar. Baste decir que los espectadores esperan desde el lado invisible, donde nos encontramos todos, el momento para narrar la “cosa”. Hokusai, quien seguramente vio venir La Gran Ola desde una tercera embarcación; la mujer que cierra los ojos y habla con las manos; y el que se da el aire de prócer. La “cosa” concreta es el sótano en el número veinticuatro de la rue d’Ardenne en la comuna de Saint Gilles en Bruselas donde todo sucede…
Argumento. Todo está: la mujer, el hombre, la pintura, el tiempo. Lo único que no está aun es la historia. Si lo preguntaran cada uno narraría una historia distinta. Con la pregunta comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2017

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