Este año vi

30 diciembre, 2016 § Deja un comentario

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¡Este año Sí! fue el mensaje que usualmente circuló por Las Marginalias en estas fechas de saludos y albricias, con mayúsculas y entre signos de admiración como una premonición que no expresa un deseo pero está al comienzo de una historia que deja a la imaginación de cada uno lo que se le viene encima. Esta mañana, sin querer, en lugar de escribir el acostumbrado ¡Este año Sí! escribí: Este año vi, sin signos de admiración y en minúsculas. Caí en la cuenta de que he pasado buena parte de la vida intentando ver mejor o por lo menos distinto y entonces me pareció que las premoniciones insinuadas en ¡Este año Sí! solo tienen consecuencia si uno “ve”. Todos sabemos que cada uno ve lo que quiere, lo que su imaginación figura, lo que su información reconoce. Cada uno ve lo que puede o lo que su oficio, inclinación, profesión o como quiera que se llame, permite. El afiche de una exposición en el Bayerns Staatliche Museen de Munich bajo el título: Kunst öffnet die augen, diseñado por Mendel & Oberer en 1984, con diez ojos tomados de otras tantas obras de arte, se reveló entonces como acción de “ver”. Los ojos en la primera columna son ojos izquierdos y en la segunda, derechos. El izquierdo de la primera fila viene de una pintura mural pompeyana y el derecho de una escultura del siglo XX; en la siguiente el ojo izquierdo pertenece a una escultura en mármol de la Grecia Antigua y el derecho a una pintura cubista; en la tercera, el izquierdo es un dibujo al carboncillo y el derecho una pintura al óleo; en la cuarta el izquierdo data de los primeros años del siglo XX y el derecho fue tomado de una fotografía de moda; en la quinta el izquierdo viene del Pop Art y el derecho del Renacimiento.
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La conjunción entre ojos, momentos y artistas es testimonio del significado de ver a través del tiempo y del arte; el ojo esculpido en mármol se une al ojo cubista de Picasso; el del autorretrato de Albrecht Dürer quizá ve lo mismo que el del dibujo al carboncillo del siglo XX a su izquierda; el de Marilyn de Andy Warhol y el otro, de algún personaje del Jardín de las delicias de Hyeronimus Bosch son una sola mirada. Vi el afiche por primera vez, quizá él también me vió, en el consultorio de Álvaro Jaramillo, oftalmólogo; un lugar donde ver mejor y seguramente distinto es la premisa. Investigué de dónde venían los ojos, quién los pintó, di con la traducción del título de la exposición: El arte abre los ojos y encontré una clave a la frase tantas veces citada de Henri Matisse: “… pasé mi vida aprendiendo a ver…” Luego la “ese” se convirtió en “uve” en el título de esta Marginalia, quedó como la escribí y la decisión de ver qué fue lo que vi en este año que pasó se convirtió en ejercicio premonitorio para el que viene. Este año me vi en el espejo más de tres veces trescientos sesenta y seis, que por bisiesto tuvo en días el año que termina y siempre vi otro. Me vi medio dormido, a medias, con el pelo revuelto, con la boca abierta; me vi en el blanco del ojo y también en las nuevas arrugas que solo se dejan ver a ciertas horas; con esto quiero decir que me vi a horas bien distintas de día o de noche, al amanecer, también a media noche y sin luz, como una silueta oscura y sin forma me vi en la obligación de adivinarme.
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Sucede a todo el mundo. En el día a día y en la calle vi un hombre barriendo la acera de su casa. En un bus vi seis personas, sin contar el conductor, entre ellas cinco mujeres. En las bancas para dos viaja una mujer que lee las oraciones del día y viste de negro. Otra mujer que se encuentra a su lado busca algo en su bolso, lo encuentra, es un espejo, se mira en él y se maquilla. Vi un mensajero perdido que busca en su celular la dirección de una oficina.  Vi un jardinero que riega las plantas y salpica a quien pase cerca. Vi un paseador de perros, camina a mi lado y grita en una lengua extraña cada vez que uno de sus pupilos se separa del grupo. Vi una mujer que revisa documentos de banco mientras toma café, su cara es de preocupación. Vi pasar un trotador. Vi una mujer con tetas enormes que pasa a mi lado, parece fatigada. Vi otra que hace muecas porque intentando poner limón a una empanada ya mordida por la mitad, no atina y las gotas reviven una herida en su mano. Vi un vendedor de aguacates, una mujer se acerca los acaricia y sigue su camino sin decir palabra. Vi pinturas en la vitrina de una galería de arte, entre las obras exhibidas el retrato, al acrílico, de un hombre azul, de perfil, sin pelo y con la boca a medio abrir, se alcanzan a notar las encías rojas y los dientes blancos, menos mal que está detrás del vidrio, podría morder. Vi un hombre a quien conocí hace años, no lo reconocí, él tampoco me reconoció. Vi una mujer que desde su automóvil blanco regaña a un hombre en automóvil gris porque le quitó el puesto en el parqueadero. Vi una chica que se quemó los labios con un pocillo de café caliente, dejó caer el pocillo y también se quemó los pies. Vi un hombre haciendo crucigramas con los audífonos puestos.

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Vi una mujer de espaldas a un hombre que hace muecas. Vi un hombre leyendo el periódico mientras camina. Vi dos mujeres discutiendo por una mesa que ninguna ocupó. Vi un hombre con un bulto de rollos de papel higiénico al hombro, pasó tan rápido que no alcancé a contarlos. Vi un vendedor de lapiceros ofrecer su mercancía a un hombre que lee con afán porque a cada página leída pasa las siguientes para ver cuánto le falta para terminar. Vi una vaca convertida en salero y un marrano en pimientero. Vi un hombre mayor mirando fijo al frente, no me vio. Vi un mimo con cara blanca, me hace señas y no le presto atención porque tengo poco tiempo. Vi un hombre apresurado, lleva una camiseta negra con un letrero blanco del tamaño de su pecho que dice “No”. Vi un puesto de venta ambulante, ofrecen pantaloncillos a quinientos pesos, tres por mil. En la fila vi una mujer con una mariposa tatuada en el hombro. Desde la taquilla anuncian que después de ella no atenderán a nadie más. La mujer de la mariposa me mira con lástima. Llega otra mujer joven. La mujer con la mariposa tatuada la deja pasar adelante de ella. Vi una escalera de treinta y nueve escalones, recuerdo la película de Hitchcock. En otra fila, en el metro, vi un hombre que pide treinta y nueve tiquetes pero no logra que las cuentas le salgan y al fin no los compra porque no le alcanza la plata. Vi una monja con una maleta, parece contenta, lo primero que se me ocurre pensar es que se escapó del convento. Vi una mujer subiendo el cierre de su pantalón demasiado apretado, hace muecas para adelgazar mientras lo sube. Vi trece imágenes milagrosas alrededor del puesto de un chofer de bus. Vi otro puesto de chofer donde las imágenes eran solo tres. Vi un hombre en una farmacia discutiendo con el farmaceuta, el hombre empujaba unos tarros hacia el otro y éste se los devuelve con fuerza, no escuché sus voces solo vi sus caras entre la rabia y la angustia.

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Vi una mujer quejarse por todo, el hombre a su lado terminó por quejarse también. Vi un hombre hablando dormido con un teléfono pegado al oído. Vi un día difícil. Vi una fotografía de un premio de fotografía. Vi un hombre hablando solo. Vi una mujer contenta porque le hicieron lo que ella no se imaginaba. Vi otra vez al hombre que habla solo, ahora ríe solo. Vi un chofer de taxi apurar una mujer inválida para que pase rápido la calle. Vi tres mujeres en un bus pegadas de sus celulares chateando. Vi una mujer joven, bonita, vestida a la moda, parada en una esquina hurgando su nariz con un palillo. Vi una pareja discutiendo en un automóvil. Vi a Alonso el de la lotería, el número ganador es el 2376, dijo; ganó el 0311. Vi un hombre igual a otro en una calle al medio día, la única diferencia era el tatuaje en el cráneo sin pelo. Vi un partido de fútbol donde el que ganó debió perder. Vi una mujer que se debería dedicar a una ocupación distinta a la que hace, no me atrevo a sugerirle ninguna. Vi un día difícil por segunda vez. Vi una nube oscurecer parte del cielo, era una de esas nubes a las que no hay que prestarles atención porque no son de lluvia. Vi otra vez al hombre que habla solo, esta vez enfrascado en una discusión con él mismo, me estrujó al pasar a mi lado. Vi dos mujeres que hablan como si se conocieran de tiempo atrás, ambas me saludan cuando paso a su lado, como no las he visto nunca no las saludo. Vi una mujer maquillándose en el bus. Vi otra, en el mismo bus, con un tatuaje en el cuello, unas iniciales “LF” entrelazadas, como un monograma de esos que marcan las toallas, sábanas, manteles y servilletas de los recién casados. Vi un hombre de camisa azul y cabeza afeitada que pasó a mi lado llorando. Vi pasar un hombre en sentido contrario, lleva una caja pequeña marcada “Silla para bar”, no imagino la silla.

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Vi una chica que ofrece recortes de papel con poemas impresos. La primera frase que leo es: “Se ha desaparecido un barco en la salmuera”, le pregunto si tiene correo electrónico y ella pregunta a su vez si tengo un lapicero, lo busco en el morral y se lo entrego, ella anota su correo al pie de uno de los poemas después de su firma, dice que la primera parte de su correo es como se firma: Cataganya. Le digo que leeré sus poemas y ella me entrega diez recortes impresos, se los cambio por un billete y los guardo. Vi el hombre que habla solo a veces y ríe solo también a veces, lo vi con otro pero callaban. Vi un policía pidiendo documentos a dos hombres que llevaban casco, lo que no vi fue la moto. Vi un hombre mayor en ropa deportiva, tenis, pantaloneta, camiseta sin mangas y gorra, acercarse a una vendedora de tinto y pedirle un aguardiente doble. Vi la mujer cuando respondió que ya no tenía pero que si preguntaba al hombre en la esquina le diría dónde encontrar. Vi un motociclista con un peluche más grande que él en el lugar del pasajero. Vi un señor en saco y corbata pagar dos veces por el mismo café. Vi un serenatero cantar una canción incomprensible. Vi un vigilante riendo a carcajadas, solo. Vi un hombre leyendo un periódico donde solo hay noticias de muertos. Vi un hombre con una corona de plumas y vestido camuflado sentado al borde de la acera, pensando. Vi un carro con maletas en el techo. Vi una mujer haciéndose la seda entre los dientes mientras maneja un automóvil que quizá no es de ella. Vi una mujer corriendo entre el gentío. Vi un río que seguramente volveré a ver. Vi o espero ver un tigrillo atrás de una gallina. Vi que ahora no sé si todo lo que vi lo vi de verdad y es todo lo que vi o es más. Sin embargo estoy seguro y es mi deseo para todos que ¡El año entrante Sí!…
Argumento. Un hombre camina solo porque no es capaz de caminar y conversar a la vez. Nunca sigue la misma ruta. Mientras ve y camina en silencio comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2016

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