Un pedazo de historia

22 octubre, 2016 § Deja un comentario

242-historia-1La introducción al Informe, con mayúscula, en el que había trabajado las últimas semanas como si se tratara de una novela, era extensa. Sin embargo Jefe, como lo llamaban sus compañeros, sólo releyó las primeras líneas, el resto lo conocía de memoria. Su futuro en la Institución dependía, se lo había insinuado el superior inmediato en el momento de comisionarle el caso, de los resultados que obtuviera y de la prontitud con que el informe, con minúscula, llegara a manos de los interesados. Tienes que ser, le dijo, certero en tus apreciaciones, no dejarte mezclar en divagaciones inútiles y hacer una presentación de los hechos que no deje lugar a la duda. Depende de ti, concluyó el superior inmediato.
Jefe dio muchas vueltas a las insinuaciones. Durante la investigación, analizó diferentes maneras de presentar los hechos para facilitar la interpretación del caso. Cuando tuvo claro el resultado final se encerró varios días en el mismo lugar donde había escuchado las respuestas de los involucrados y barajó las opciones que tenía para hacer que el caso y aun más, su desenlace, fueran creíbles. Apegado a la técnica, consideró los sistemas tradicionales, el planteamiento en orden cronológico de principio a fin, en el estilo impersonal de los memoriales. Pensó también que si incluía algunos perfiles que mostraran el comportamiento de los personajes lograría estimular el interés de los lectores oficiales. Se entusiasmó con la idea y la trabajó mientras los interrogatorios enriquecían el material de base. Siempre soñó con escribir una novela y sin proponérselo la ocasión había caído entre sus manos, por supuesto, no sería una novela en el sentido tradicional, con forma de libro y cientos de ejemplares impresos, sería lo que siempre son los informes oficiales, un mamotreto intimidador, un ladrillo en apariencia, pero con un contenido que más parecería la narración de una historia con final que la compilación de sucesos ordenados para la interpretación del lector oficial.242-historia-2
Se la iba a jugar, el superior inmediato le había insinuado sin especificar cómo, que lo hiciera, la posibilidad a la innovación estaba abierta. ¿O, será que entendió mal y el superior inmediato solo le sugirió que hiciera un trabajo para cuidar el puesto y no para destacarse? Cuando la duda lo asaltó se encontraba en interrogatorio, lo suspendió de plano y citó al hombre con figura de músculos saltones para la mañana siguiente. Dio por terminadas las entrevistas del día y se encerró en el despacho, antiguo camerino del ilusionista desaparecido sujeto de la investigación, adaptado para su labor. ¿Será que entendí mal? se preguntó. ¿Será que repetir acciones e informes es más efectivo para conservar el puesto, que hacer demostraciones de ingenio? Esa noche durmió mal. Soñó que conversaba con el superior del superior inmediato en un estado de camaradería desconocido. Cuando despertó recordó con detalle lo soñado, el color rojo oscuro de la camisa sin corbata del superior del superior inmediato y algunas de sus propias palabras: …gracias, estoy muy contento, ¿un vino? si, ahora que somos colegas, lo mejor será brindar, ¿mi informe?, ¿original?, ¿de gran ayuda?; sin embargo, constató que no tenía registradas las respuestas del superior del superior inmediato. Solo sus preguntas. En varias ocasiones se había cruzado con el superior del superior inmediato en el ascensor. Un levantamiento de ceja de su parte era lo único que los unía. Jefe sabía quién era él. El superior del superior inmediato no tenía por qué saber quien era Jefe, nunca se hablaron antes del sueño, solo por la repetición de los cruces en el ascensor Jefe creyó que eran conocidos. Encontrarlo en el sueño fue la premonición de su respaldo.242-historia-3
Sin esperar la luz del día se sentó a la mesa de trabajo y se concentró en la tarea de organizar el material para escribir el informe. El Informe, con mayúsculas, que siempre esperó entregar a quienes lo seguían en línea ascendente en la cadena de trabajo. La decisión que tomaran les pertenecía. Desde el estricto punto de vista profesional le tranquilizaba su trabajo impecable. Sus dotes de escritor quedarían a flor para que los superiores en rango reconocieran el talento que cuajó entre ellos y le adjudicaran el debido reconocimiento. Sin embargo el proceso fue más dispendioso de lo imaginado. Intercaló jornadas de indagatoria, con largas sesiones de escritura. La luz en el ojo de buey del camerino convertido en despacho, desde el primer día, permanecía prendida hasta horas en las que la mayoría dormía y volvía a brillar antes de que ninguno hubiese despertado. Repasó uno a uno los interrogatorios y extrajo apartes que le ayudaron a construir la trama general, pero no se permitió la facilidad de entregar a los lectores oficiales lo que podía considerar como el resultado de la investigación. En el arrebato de la escritura olvidó las preocupaciones técnicas específicas a su profesión, es decir, rendición clara y escueta de los hechos y se concentró en el suspenso de la narración. Tuvo la sensación de encontrar facetas de los interrogados que de otra manera permanecerían en la oscuridad. Vio con claridad las relaciones que se tejen entre personas que comparten el día a día durante años y casi desde el momento en que tomó la decisión de cambiar el tono del informe tuvo la corazonada de lo que en realidad sucedió. Un amanecer la inquietud del desenlace comenzó a hacer mella, lo atrajo con tal energía esa posibilidad que las insinuaciones de su superior inmediato sobre rapidez y acierto pasaron a segundo plano, pues, se repitió en varias ocasiones que si lo sucedido se explica en un informe como los de siempre, su reputación, con mamotreto y todo, ira a parar a las estanterías del olvido.
Los hechos tenían un origen incierto y por eso mismo estaba seguro de que podía comenzar el informe, la novela según su deseo, a partir de la definición concreta del suceso culminante y a partir de allí, en marcha atrás, descubrir móviles e involucrados que no podía anunciar desde el principio porque las circunstancias de trama y suspenso lo impedían.242-historia-4
Trabajó más de lo previsto. Pasó días y noches pegado a la máquina de escribir con pantalla, como llamaba el portátil de dotación, para no olvidar la Olivetti que le sirvió durante años de ejercicio de la profesión para teclear los informes, esos sí con minúscula, pues sus devaneos con la escritura no lo habían alcanzado aun. Cuando terminó, grabó lo escrito en la memoria, imprimió no sabía cuántas páginas, no quiso numerarlas, y dejó el paquete sobre la mesa parte del mobiliario del camerino-despacho desde antes de su llegada. Observó el paquete durante tres días sin tocarlo. En realidad era como si estuviera corrigiendo lo escrito folio tras folio. No lo mostró a nadie, ni siquiera al hombre que puso el denuncio de desaparición del ilusionista, nombrado en los todos los testimonios como el enano director. Durante esos tres días tampoco se dejó ver de nadie. Entró en el proceso típico de descompresión que le había vaticinado el médico de su unidad cada vez que pasaba por grandes tensiones. Por eso no se preocupó, esperó, hizo el recuento y cuando consideró que tenía todo bajo control reapareció a plena luz del día orgulloso del cartapacio que llevaba en el maletín de cuero, regalo de su primera mujer. Aquí llevo nuestra gloria, pensó cuando se sintió observado a su paso. El enano director lo abordó en el momento de subir al automóvil oficial. Golpeando el maletín con la palma de la mano, Jefe le dijo: misión cumplida, ahora solo queda esperar que la justicia lea…
Argumento. El público observa al hombre. Lo aplaude. Luego lo ignora. Cuando se da cuenta de que nadie lo observa el hombre se inventa un escenario… y entonces comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2016

Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comficcion-la-editorial-1

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