Lo primero no es una imagen

1 octubre, 2016 § 3 comentarios

240-playa-1Este texto fue publicado hace un par de meses bajo el título “Lo primero es una imagen” en otro lugar de la virtualidad. Releerlo me llevó a pensar que lo primero no es una imagen. Lo primero es la historia o el hombre sentado en el tronco o el mar horizontal o la playa repetitiva. Lo primero es el momento. Y cada momento es, a su vez, otros momentos…

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Por fortuna cultivada de tiempo atrás primero supuse que suponía la imagen y luego, no siempre, pero sí con frecuencia, la imagen se convierte en momento que a su vez pasa a ser situación, personaje o historia. Sucede en ese orden. Aquel amanecer ¿atardecer? en la playa, sospeché la presencia cuando ya estaba prácticamente a su lado pero, a decir verdad, lo que vi fue una versión de la soledad, quieta y delgada, concentrada en el horizonte. Parecía una composición puesta allí por alguien con interés estético: las líneas horizontales, francas en la distancia, difusas cerca, suponían un contraste inesperado. Debería ser al contrario, me dije. Tomé una fotografía del momento. La soledad y la aparente tranquilidad eran una manifestación de la quietud fracturada solo por el vaivén lento y repetitivo, hasta el silencio, de las olas. Está en la imagen y ella en el momento. El silencio en movimiento aparece primero en los momentos y luego en las imágenes. Caminamos, mi mujer y yo, hasta donde fue posible y regresamos sobre nuestros pasos. Más tarde, cuando el momento en mi celular se convirtió en personaje, caí en la cuenta de que a nuestro regreso la presencia no estaba donde la dejamos, donde debía estar. Es posible que la playa desierta, monótona, no presentara cambios importantes y hubiésemos pasado a su lado sin verla. No teníamos referencia de un lugar preciso y verla, sobre todo si no la estábamos buscando, no era sencillo.
240-playa-2El día y las horas volvieron a la normalidad y al devenir del clima que apabulla y no permite desmanes, el tiempo corre con ritmo propio y el esfuerzo mayor está en soportar su lentitud; por esto no puedo asegurar si el encuentro fue al amanecer o en pleno atardecer, como tampoco puedo asegurar las horas que pasaron antes de que la imagen pasara de representación de a momento, y después a la figura de un personaje con historia.
240-playa-3Sucedió tarde, en la noche, en un pasillo solitario con vista al mismo mar pero a otra playa. Sin proponérmelo pasé un momento tras otro rozando la pantalla del celular con la punta de los dedos hasta llegar al instante del encuentro en la playa; entonces ya no vi la presencia como resultado de una composición estética; la soledad quieta y delgada concentrada en el horizonte había pasado a ser un figura con cabello hasta los hombros, cubierto por alguna suerte de velo y la falda al viento. A pesar de que el momento no lo sugería la pose de la figura era difícil de sostener y tal vez por eso parecía a punto de un segundo movimiento. Es el momento anterior, me dije. ¿Anterior a qué? Anterior a una situación dentro de los límites que impone la acción cuando en un momento de rebeldía o descuido todo se detiene, se convierte en imagen, propone la duda o la intención y se entrega al imaginario que estimula la ficción de quien observa. La figura solitaria, quieta y delgada en la playa sugería el grito de ayuda, más que el de placer.
240-playa-4Era tarde y además arriesgado por nuestro desconocimiento del lugar, podíamos extraviarnos, salir a esa hora en busca de la playa donde sucedió el encuentro. Esperamos a la mañana siguiente para ir, como si hubiéramos hecho una cita, a vernos con la figura que quizá, a la espera de algún suceso, pasó la noche en la playa. No sé qué o quién esperábamos hallar. Las ficciones tienen por común denominador la muerte o el amor en cualquiera de sus formas. La posibilidad de descubrir en aquella playa solitaria el acontecer interminable de un amor abrasador o las huellas sangrientas de un crimen horrendo, nos estimuló. Recorrimos, mi mujer y yo, los senderos arenosos que nos separaban del sitio donde tuvo lugar el encuentro y, como el día anterior, la monotonía de las líneas horizontales nos dominó. Nos perdimos. Para nuestros ojos impregnados de montañas las líneas horizontales eran iguales. Vagamos buena parte del día entre playas y pescadores sin preguntar porque no teníamos claro qué íbamos a preguntar. Al final de la tarde mi mujer tuvo la idea de preguntar a un hombre que miraba el ir y venir de las olas con ojos ausentes desde en un tronco seco. El hombre nos miró y señaló con el brazo en alto un punto preciso entre la sombra donde estábamos y las olas. Por allá, dijo, por allá llega pero no es una imagen, es un momento, un instante, la espero desde hace tiempo. Un momento es un suspiro y no lo puedo dejar partir…
240-playa-5Argumento. Lo primero no es una imagen, dijo el hombre y cerró los ojos. Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interiorEdgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2016

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