Días abigarrados

25 septiembre, 2016 § Deja un comentario

239-abigarrado-1Viernes. He visto muchas cosas hoy. La mujer que durmió en el sofá frente al televisor. Pasó una noche y dos días enteros en el mismo lugar, debajo o encima de una frazada de colorines y se tomó una gaseosa de dos litros sin ofrecer a nadie. Como el televisor no se apaga en esa sala pública, de paso pero pública, la mujer debió ver todas las telenovelas, los noticieros, los programas de concurso, sin hablar con nadie, en silencio, sin pestañear y sin moverse de su puesto. Unos lloran, otros hablan más de la cuenta, una se pone las gafas oscuras en una habitación oscura, otra me mira sin verme. La mujer del sofá, bajo la frazada, toma gaseosa por una rendija que abrió en un costado…
Sábado. Una habitación en penumbra. Ocupo una silla de espaldas a la ventana que va de lado a lado de la pared opuesta a la puerta de entrada pero si alguien entra no lo o la veré y quien quiera que sea no me verá. Una cama y aparatos electrónicos en atriles de metal se interponen. El día está nublado, por momentos una llovizna fina cae pero desaparece con rapidez, las nubes bajas y grises amenazan. Es posible que llueva estamos en un mes lluvioso. Es necesario prender las luces para alejar la oscuridad creciente. La cama no esta vacía pero desde mi puesto no veo quien la ocupa. La presencia de dos mujeres atareadas alrededor como si ayudaran a quien está en ella confirma la presencia invisible. Nadie habla. Cada cierto tiempo una tercera mujer vestida de blanco golpea con delicadeza la puerta y entra arrastrando un aparato electrónico en un atril de la misma marca del que ya se encuentra allí. La tercera mujer entra, desarrolla unas funciones, no veo cuales, ella tampoco me ve y desaparece por la puerta que se cierra tras ella. De repente la habitación se llena de gente que habla duro, saluda y se sitúa alrededor de la cama. Todos hablan a la cama como si no escuchara lo que dicen. La habitación silenciosa antes, ahora se llena de voces. De repente, como llegaron, las voces se van, solo queda una figura nueva, sentada en la esquina opuesta a la mía, con la mirada clavada en sus uñas como si las hubiera encontrado sucias o apenas las descubriera y eso le preocupa…
Domingo. La figura es de madera. Solo tiene articulaciones en los brazos a la altura de los codos, el resto del cuerpo es rígido. Todo rígido, menos los ojos, pequeños, a distancia propia entre ellos y los demás rasgos de la cara. La boca y la nariz son pequeños y las orejas también, no tiene pelo pero lleva un gorro del mismo color del vestido que parece una cabellera corta y bien peinada, ni una brizna de pelo fuera de lugar. La pose y el vestido parecen las de un uniformado, quizá de rango medio que se distingue por el corte, es la única posibilidad, pues no lleva insignias ni condecoraciones que lo identifiquen. También, y esto es posible, la figura pertenezca a una congregación donde insignias y condecoraciones no tienen valor, solo la presencia cuenta. Por supuesto, no existe uniforme ni congregación uniformada donde las diferencias no se establezcan con insignias, botones o colgandejos. La pose de la figura es digna a pesar de su aparente fragilidad. Como todo el mundo en algún momento de su existencia espera, sin afán, sin estrés, casi como si esperar fuera su acción única…
239-abigarrado-2Lunes. Lo que abruma de este salón solitario, con bancas por tres como los buses, es el ruido sostenido de un motor que han tratado de apaciguar pero no ha sido posible. El ruido del motor pasa a segundo plano y luego se escucha un roce eléctrico, como música venida de algún instrumento inmanejable. Estoy solo en el salón. La única compañía es el motor eléctrico. Sobre las bancas, como de bus, hay bolsos y pertenencias de quienes pasaron por aquí…
Martes.
Escribo lo que veo, por eso digo y escribo que soy escritor. También dibujo pero no cono escribo, no dibujo lo que veo aunque lo he hecho en otras ocasiones, dibujo lo que mis ojos ven pero mi mano imagina y dibuja a su antojo. Tengo la intensión de escribir una novela que narre lo que veo y lo que dibujo, ignoro cómo hacerlo, quizá escritos y dibujos se sobrepongan y pasen a ser uno solo; o, es quizá posible, escritura y dibujos sigan cada uno su camino sin sentir la necesidad de sobreponerse, no digo mezclarse porque no lo hacen, solo se sobreponen, nada más. Se me ocurre que debo explicar algo, los dibujos no llegarán aquí como trazos y tonos, llegarán con lo que son en su interior, descripciones de lo que sucede mientras se construyen, el origen de las historias. Sin embargo las historias tienen orígenes diversos y en ocasiones o momentos precisos se mezclarán o solo estarán juntas, unas al lado de otras sin tocarse, incluso sin relacionarse…
Miércoles. Un lugar de paso. Desde mi puesto en un sillón de cuero claro veo pasar la gente. Algunos me miran, otros no me ven o van tan absorbidos por sus pensamientos que escasamente ven por donde caminan. Otros saludan al vacío, donde caiga su saludo está bien no importa porque no conocen a nadie y entonces no saludan a nadie en particular, simplemente lo hacen y la mayoría de las veces solo murmuran el saludo. Frente a mi sillón, debajo de un televisor apagado hay un dispensador de agua, algunos de los que pasan se detienen allí para llenar sus botellas de plástico. Es la única manera de darle uso o, a menos que alguien llegue con el vaso plástico ya listo, el dispensador solo cumple una función decorativa, al mismo título que el televisor apagado. ¿Un readymade, al más puro estilo de Duchamp?…
Jueves. El sol entra por la ventana. Me siento al lado de dos mujeres que hablan al tiempo. Intento descifrar lo que dicen pero no lo logro, sin embargo ellas sí parecen entenderse y sus frases se montan unas sobre otras y eso no parece ser inconveniente…
239-abigarrado-3Viernes. Espero. La gente pasa, los miro, me miran, hacemos como si no nos viéramos, sin embargo nos vemos y hacemos como si nos ignoráramos pero no nos ignoramos. Es un juego al que todo el mundo juega y como saben a qué atenerse, se preparan, se visten bien, asumen aire de mucha importancia y de poco interés. Un punto en común es que la mayoría pretende pasar desapercibido, hablan en voz baja o no hablan y pasan en silencio, otros que no son mayoría hablan duro, quieren que los noten, hablan sobre todo de proezas no hechas y de gustos refinados, ni lo uno ni lo otro. En el gentío que pasa en los dos sentidos hay encuentros, cuando se dan son efusivos, casi gritados, unos y otros se hacen notar, hablan duro, se abrazan y se preguntan cosas que los otros no responden es solo por la apariencia. Como estoy aquí y me ven aunque todos hagan como si no me vieran, asumo la misma actitud: miro de soslayo, levanto la cabeza y camino despacio, no puedo parecer afanado, el tiempo es mío. Saco pecho…
Sábado. Hace calor y cuando hace calor así, pegajoso, húmedo, llueve. Los que se encontraban allí y tenían la esperanza de verme llegar mojado me miraron sorprendidos. ¿No está lloviendo? Debe ser la pregunta que se hacen cuando me ven, un poco apretado por el calor, es cierto, pero seco. Nadie preguntó, nadie dijo, nadie expresó una duda, todos callaron. La mujer que se abanica con la mano, cambió de lugar sin dejar de mirarme, incluso se golpeó la nariz porque en uno de sus abaniqueos calculó mal por la curiosidad de ver si yo iba a ocupar el puesto que ella abandonó, quizá el más caliente y menos ventilado. La mujer sudaba a mares. Pude comprobar, cuando ocupé el asiento vacío que el calor era igual en todas partes. ¿Será así el infierno?…
Argumento. El domingo será otro día… sigue la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2016

Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

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