Los ojos que pinta Brad Holland

3 septiembre, 2016 § Deja un comentario

236-Brad-Holland-3La primera vez que vi a Brad Holland lo vi con con solo un ojo. Llegó a mí correo una tarde, casi noche, en el número doscientos treinta y cinco de la revista Graphis. La cubierta de ese número representaba el busto de un hombre. La fuente luminosa permitía ver los rasgos de su cara separados del fondo oscuro que pasaba suave de la sombra a la piel iluminada, la oreja derecha sobresalía a la luz del claro-oscuro donde se perdía el resto de la cabeza. En una pequeña nota el editor mencionaba la “tonalidad apocalíptica” en los trabajos de Brad Holland, pintor nacido en Ohio en 1943, autor del retrato. Sin embargo, no me fue posible encontrar, en este retrato, connotación terrorífica alguna, por el contrario, el personaje se desenvolvía en total tranquilidad. Y a pesar de la tranquilidad que respiraba la imagen quedé frente a ella interrumpido, quieto, sin saber qué hacer. Imposible despegar los ojos de esa figura que vivía  en la portada de la Revista bajo el título de “Ciclopeia”. El saco oscuro, la corbata roja, la boca a punto de saludar, la luz precisa, tenían vida propia. Pero lo único que parecía en movimiento y a partir del primer momento constaté su persecución, era el ojo solitario detrás del aro único de las gafas redondas que me seguía. Para comprobarlo desplacé la revista frente a mí y él ojo me miró. A la derecha primero, a la izquierda después y sus movimientos coincidieron con los míos. Incluso unos centímetros más abajo del tablón de mi escritorio su pupila brillante estuvo a punto de saltar de la órbita. Sumido en el desconcierto pensé que una solución para volverlo a la normalidad, nuestra normalidad de ojos repetidos, era pintar otro ojo al lado del único que me miraba sin pestañear. Pero abandoné la idea, me pareció producto del desconcierto inicial.
236-Brad-Holland-1Dejé la Revista en un lugar del estudio donde podíamos vernos cuando quisiéramos, él a mí y yo a él. En aquellos tiempos habitaba un apartamento convertido en taller de artista en el centro y trabajaba hasta tarde. Cuando apagué la luz, lo puedo asegurar, sentí la mirada del ojo único siguiendo mis movimientos. Desde aquellos años mis sueños son repetitivos, la misma imagen o la misma situación se repiten durante la noche, en ocasiones llegan a un punto donde avanzan pero vuelven invariablemente a recomenzar hasta el momento en que fatigado de repetir abro los ojos. En aquella época pensé que no tenía facilidades para el sueño y dejé de preocuparme por la repetición y me preocupé por otras cosas; con el tiempo aprendí que era normal y que los sueños se redondeaban ellos solos en otro momento, posiblemente sin que me diera cuenta. Aquella noche el ojo único de la pintura de Brad Holland me siguió en mis sueños toda la noche. Pero no sucedía nada, solo me miraba, yo lo miraba, una suerte de fuente luminosa se apagaba y al prender de nuevo, la situación volvía al punto de partida. A la mañana siguiente me levanté con la firme intención retomar la idea de dibujar un ojo que hiciera compañía al solitario, no, por supuesto, para volverlo a la normalidad como insinué antes, sino para que le sirviera de reflejo, para que los dos se miraran y yo pudiera liberarme de la presión de ser observado en permanencia. Lo dibujé pero debo decir que el brillo de mis ojos distaba leguas, años luz, del brillo del ojo único de la pintura de Brad Holland. Fue entonces cuando decidí seguirlo, buscar sus pinturas donde estuvieran e intentar descubrir el secreto que encerraban los ojos de los personajes en sus pinturas.
El mundo paralelo facilitó la búsqueda, allí está todo, solo que para encontrarlo, valga decirlo, hay que mirar bien. En los recovecos de sus callejuelas encontré pinturas de Holland, algunas solitarias quizá a la espera del proyecto para el que fueron creadas, otras en grupo como en una manifestación o concentradas en escudriñar a quien las mira. Vi entonces que hasta en los personajes que no tienen ojos, miran desde la oscuridad o los tienen cerrados, la fuerza de sus miradas es ineludible. Pero no basta con la mirada también está lo que viene con ella, en ocasiones el grito, como el que se escucha del personaje de pelo rojo partido en dos que mira al frente con ojos desorbitados; o el “cara de jabalí” que observa con la tranquilidad de su fuerza; o el payaso que a pesar de tener los ojos cerrados no los quita de quien ríe con él. Los ojos de los personajes de Brad Holland son todo, incluso cuando no se ven como en el retrato del militar que tapa su mirada punzante con el ala de su kepis.236-Brad-Holland-2
En la búsqueda me crucé con la frase de Jorge Luis Borges: “No es ojo porque te ve sino porque lo estás viendo”. Caí entonces en la cuenta de que en las miradas, sustos o derroches que representan los ojos en las pinturas de Brad Holland su imaginario me obliga a seguirle los pasos. Quizá lo que hay en lugar de ojos en el personajes de la pintura roja son solo botones que a fuerza de mirarlos me ven y yo a ellos como lo que no son. O las líneas en lugar de ojos del hombre que ríe con la boca y la nariz y las orejas sembradas con cigarrillos apagados y prendidos, son solo líneas que marcan un límite y de allí para adentro o para arriba no hay más. Quizá la piel oscura de los ojos y las cejas en contraste con el color de la cara del guerrero, es solo un efecto para determinar su instinto. O los dos puntos negros paralelos en algunos, o los huecos oscuros en otros son solo eso y a fuerza de seguir el imaginario de Brad Holland se han convertido en ojos que me ven y me impiden cualquier movimiento.
Varias noches, muchas noches, los ojos que no lo son pero los estoy viendo atravesaron mis sueños en secuencias repetitivas hasta el amanecer, muy pocas veces las secuencias avanzaron hasta darle significado a su presencia. Lo evidente es que aun intento agregar la mirada a los ojos de las figuras que propone mi imaginación. En algunos autorretratos creo haberlo logrado, pero el paso a seguir es poner frente a una pintura como “Ciclopeia”, por ejemplo, uno de los autorretratos que con ayuda de la tecnología he trabajado para mirar desde allá. Es posible que se miren y sus miradas se sigan. En ese momento creo que habré encontrado el secreto de las miradas que pinta Brad Holland. Aunque, para decir la verdad, no quisiera descubrir ningún secreto es mejor dejar los encuentros con sus pinturas así, con la sorpresa incluida…236-Brad-Holland-4
Argumento. Dos puntos, tres líneas y un manchón… Si no te ven es porque estás ciego, dijo el pintor. Así comienza la historia…
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Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interiorEdgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara 2016

Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en el Salón de las Editoriales Independientes

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