El Jardín de la delicias

20 agosto, 2016 § 1 comentario

234-Bosch-1Un pintor conocido en España como “El Bosco”, a quien prefiero llamar por el nombre que eligió por voluntad propia: Jheronimus Bosch, tomado de su ciudad natal Hertogenbosch en los Países Bajos, van Aken era su apellido paterno, pues los nombres no se traducen y menos aun por consonancias fonéticas, tenía inclinación a pintar trípticos, es decir, obras divididas en tres partes. Con esta estructura pintó retablos que Felipe II llevó a Madrid y hoy se encuentran en el Museo del Prado: El Jardín de las delicias, El carro de heno y el Tríptico de adoración de los Magos, aparte de otras numerosas pinturas que pertenecen a la colección del Museo. También pintó el Tríptico de las tentaciones de San Antonio Abad, que se encuentra en Lisboa.
Sucede con las pinturas como con los hechos de la vida, por lo menos en lo que a mí concierne. En la medida en que pasa el tiempo las interpretaciones evolucionan, en ocasiones se mantienen pero en general el tiempo obra de manera distinta, quizá más precisa, quizá más rica, quizá más llena de coincidencias. Los cuatro retablos mencionados tienen puntos en común. La presencia de multitud de personajes pintados con la depurada técnica de los primitivos flamencos. Bosch fue contemporáneo de los Bruegel: Jan, hijo de Pieter el viejo y padre de Jan el joven; fue también heredero de la técnica de Johannes Vermeer. En sus obras conviven multitud de personajes, como los que encuentro en las calles y en los buses, que no parecen quietos. Los que ayer vi en una posición, hoy los veo en otra y los que aparecen en primer plano en El carro de heno son seguramente los mismos que desnudos se disimulan detrás de una forma alegórica en El Jardín de las delicias. La afirmación de fray José Sigüenza “…la diferencia que a mi parecer hay de las pinturas de este hombre a las de los otros, es que los demás procuraron pintar al hombre cual parece por defuera; este solo se atrevió a pintarle cual es dentro…” señala la abundante imaginación satírica del pintor. También Michel Onfray agrega al mundo de Jheronimus Bosch cuando dice que su pintura invita a pensar lo impensable.

234-Bosch-3Estar frente a cualquiera de las pinturas de Jheronimus Bosch es una aventura fascinante. Sin embargo El jardín de las delicias tiene un agregado que los otros no, los cientos, no sé de nadie que los haya contado, de personajes que aparecen en los tres tiempos de la obra, Paraíso, Jardín e Infierno, inmensa también por sus dimensiones, están desnudos. Mirar los personajes tal y como vinieron al mundo es despojarlos de los oropeles del poder y la sociedad es como dice Sigüenza “…pintarles por dentro…” ¿Será eso lo que intento ver y no he podido de los personajes que encuentro a diario?
No he visto nunca El jardín de las delicias en el Prado. Lo llevo conmigo desde hace años en un libro y con frecuencia lo repaso. Me gusta ver los personajes en grupos, que parecen conversar, donde siempre hay alguno distraído, alguno que mira al espectador y parece invitarlo a atreverse, como si se tratara de entrar a una fiesta. Todos desnudos. He visto cambiar de posición al hombre que recibe con cariño un fruto rojo del pico de un pato tan grande como él. Y también la mujer que monta un caballo con cabeza de ave de rapiña. El placer de la caricia corre por los rincones de este jardín donde el sol seguramente no se oculta nunca. Incluso los animales que en otros contextos parecerían agresivos aquí son partícipes del jolgorio. Hay algo de contemporáneo en las formas brillantes como el metal, arquitecturas de donde vienen todos, o quizá, donde van a descansar cuando cierro el libro.
Sin embargo, aparte de “pensar lo impensable” Jheronimus Bosch tiene la virtud premonitoria de ver el mundo de quinientos años después: multitudinario, abrumador, con estados al límite y en apariencia festivo. Un conflicto, latente, en el filo del equilibrio, sostiene la pintura. Así la oscuridad del sufrimiento domina en el tercer panel del tríptico, el infierno. Ya no es el deseo y la caricia lo que predomina, es el dolor, la suciedad y el azar indefinible. Es el tercer estado, que Jheronimus Bosch previó en el infierno de El Jardín de las delicias, el estado donde posiblemente nos encontremos. Porque el Paraíso no existe y si existió ya es tiempo pasado. Lo único que queda de él es el drago, el árbol de la vida, a la izquierda de Adán recostado.

234-Bosch-2Entre tantos personajes hay uno, El hombre árbol, que primero fue dibujo a pluma y se encuentra en Viena; y luego con algunos cambios y al óleo sobre madera es uno de los personajes centrales del infierno. Dicen que tiene los rasgos de Jheronimus Bosch. Es su retrato. Un plato cubre la cabeza y un festín amenizado por una gaita, hace equilibrio y gira en el plato. Al interior del cuerpo, visible porque está cortado al destajo un grupo se divierte alrededor de una mesa mientras una figura, que puede ser la mujer del servicio, vierte vino de un tonel en la jarra que llevará a la mesa. Un hombre se inclina sobre el borde del hombre árbol y llama a otros que suben por una escalera. La altura del cuerpo es la altura de sus brazos como troncos de árbol que se sostienen plantados en dos lanchas ancladas en aguas quietas. En el dibujo, los cambios no son sustanciales y El Hombre árbol sigue siendo el mismo. Ahora, después de años de llevar el libro a todas partes, puedo asegurar que me he cruzado con él en mis recorridos callejeros en busca de personajes para poblar las páginas en blanco que inquietan mis días y solo ahora vengo a notarlo, se convierten de a pocos en El Jardín de las delicias inevitable en que vivimos y Jheronimus Bosch previó hace más de quinientos años…
Argumento. Una multitud… Así comienza la historia…

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Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara 2016


Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint 

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