Retratos hemisféricos

16 julio, 2016 § Deja un comentario

En una reunión esta mañana uno de los presentes dijo que uno se ve, o se imagina, de una manera y los otros lo ven a uno, no lo imaginan, de otra totalmente distinta. Me pregunté ¿cómo me verán? La pregunta que en principio no tuvo respuesta me llevó poco a poco a la conclusión de que no importaba cómo me vieran, yo no lo iba a saber, no son cosas que se hablan sin tapujos: te veo así, te veo asá. Y si por alguna razón se llegara al tema quien primero diga lo que ve o imagina ver será tratado con rigor. Tal vez sea mejor, entonces, buscar una salida diciendo que me gustaría que me vieran como Piero della Francesca vio o imaginó a Federico II de Montefeltro, así, de perfil y quieto. La elección no es gratuita. Es uno de los retratos mejor logrados de la historia del arte, poco importa si se parece al original o no. Es bien sabido que el Duque pasó su vida de guerra en guerra y su retrato de perfil pretendía ocultar la mitad desfigurada de su rostro y la falta de un ojo, por heridas recibidas en combate. Además de guerrero Federico fue mecenas de las artes y las letras, hizo construir una biblioteca comparable en su momento a la del Vaticano y quizá la razón del retrato de perfil es una muestra de respeto de Piero della Francesca a su mentor. Aunque es preciso anotar que buena parte de los personajes en su obra aparecen de perfil y tan quietos como Federico.

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Una razón de peso para que cuando alguien me vea, en la calle o en cualquier otra parte, me vea como él viene de la curiosidad que me provocó el primer encuentro, casi un choque, en las páginas de un libro con reproducciones de las pinturas de Piero della Francesca. Con el perfil fue suficiente, con la mitad era posible imaginarlo entero, el ojo tranquilo y la pose en guardia, no fue necesario más para adivinar el personaje. Sin embargo lo que más me atrajo fue el puente pronunciado de la nariz, una exageración, me dije, de Piero della Francesca, como la medida para una caricatura. Me enteré luego de las heridas en la parte oculta de su cara, la deformación, la perdida del ojo y la operación en el puente de la nariz como estrategia para ampliar la visión del ojo único. Federico de Montefeltro era un guerrero, siempre en guardia. Pero hay otra razón tal vez de mayor peso que la anterior. Un historiador de mediados del siglo XX, sugiere que el retrato de Federico II de Montefeltro pintado junto con el de su mujer Battista Sforza en perfiles enfrentados es “hemisférico”, obedecen a una simetría perfecta. El perfil de uno corresponde con el perfil del otro como si fueran uno solo y se inscriben a la perfección en el volumen de la cabeza. Tal vez para no mostrar las heridas o dado que Battista ya había muerto cuando Piero pintó su retrato, agregado a la necesidad por parte del artista de unir la pareja en una sola obra, lo llevó a concebirla de esa manera. Se trata, además, de un primer intento, seguramente inconsciente desde el punto de vista artístico, pero no desde el punto de vista conceptual, de una aproximación al cubismo que a comienzos del siglo XX Picasso propuso en algunos de sus retratos: todos los planos en uno.

229-Retratos-2AMe tranquiliza pensar que quien me ve cuando subo a un bus, o camino por una acera, o me saluda de lejos, me ve como a Federico de II Montefeltro o, pero no lo puedo asegurar, me ve como uno de los retratos cubistas de Picasso. Tal vez por eso, muchos no me ven, no me reconocen porque soy otro, debo ser otro. Supongo que con cada uno sucede lo mismo que con las historias, con las pinturas o las fotografías, quien las ve imagina lo que puede. Yo, por ejemplo, siempre veo afugias corriendo o desdenes abandonados o intereses truncados o tranquilidades sospechosas. El miércoles de la semana pasada salí de mi casa y al mismo tiempo, en el mismo lugar me crucé con tres personas. Lo que vi de ellos quizá no era lo que ellos quisieran que yo hubiera visto. El Primero espera en la parada de bus. El Segundo camina como si tuviera afán, pasa cerca y me mira sin pestañear. El Tercero se baja de un carro que frenó a mi lado. El Primero es un hombre de edad mediana, recién bañado, viste ropa limpia y bien planchada, lleva unos papeles en la mano y parece tranquilo. El Segundo lleva en la mano un vaso de plástico vacío a la altura de la boca como si fuera a tomar algo. El Tercero es un hombre mayor, por el carro y la figura se nota que está acostumbrado a dar órdenes, parece adinerado. El Segundo es joven, flaco, demasiado, por eso sus ojos parecen saltones, quizá no me miró pero quizá sí me miró. El Primero es paciente, no muestra inquietud ni afán; un hombre sin pelo, también mayor y pequeño, se sienta a su lado y le habla sin mirarlo; hablan mirando el vacío. El Tercero, autoritario, empuja con fuerza la puerta del carro que cierra con un ruido seco, como de nevera vacía y camina los diez o quince pasos que lo separan de un local abierto, una farmacia. El Segundo regresa sobre sus pasos, lleva el vaso vacío en la misma pose y la mirada también. No es a mí a quien mira, me digo, está perdido. El Primero escucha al viejo calvo y pequeño sin mirarlo, de vez en cuando murmura unas palabras pero no lo mira, sus ojos quietos están anclados en un punto fijo en el borde de la acera. El Tercero camina con fuerza hasta la farmacia, hay clientes allí pero su presencia los hace a un lado, mientras habla con el dependiente, un joven asustadizo, señala un lugar que no alcanzo a ver. El Segundo pasa a mi lado en sentido contrario, camina hasta unos cincuenta metros de donde me encuentro y regresa, siempre con el vaso a punto de probar el contenido y los ojos saltones fijos en mí.

229-Retratos-3AEl Primero escucha al viejo y le va pasando, mientras habla, papeles impresos con imágenes en colores;
el viejo espera, el Primero le entrega un papel, el viejo dice otras frases y el Primero le entrega otro papel. Veo al Tercero de espaldas contra el mostrador de la farmacia mientras da indicaciones al joven que dejó de atender a los otros clientes y le escucha, alcanzo a ver el letrero de una lotería, el Tercero hace gestos como órdenes. El Primero ya entregó todos los papeles de colores al viejo calvo y pequeño, se voltea y escarba en el maletín que tiene al lado, mientras lo hace dice algo al viejo calvo, éste mira los papeles que recibió, se levanta y parte. El segundo pasa otra vez a mi lado, siempre igual, con el mismo vaso, la misma pose y la misma mirada fija en mí, constato que no me mira porque le hago una seña y no me responde. El Tercero sale de la farmacia con un billete de lotería en la mano, lo examina con atención, la fecha, el sorteo, los números; en tres zancadas vuelve a su carro e intenta abrirlo pero la puerta está con seguro y no abre. El Primero no mira partir al viejo calvo, adopta de nuevo la posición de espera sin afanes, tiene en su mano otro fajo de papeles igual al que entregó al viejo calvo y pequeño. El Segundo no regresa, no pasa más, se cansó de no verme, me dije, o de esperar. El Tercero por fin abre con fuerza la puerta de su carro, sube en el puesto del pasajero y la cierra con autoridad, el carro arranca, el billete de lotería vuela al viento que deja el carro y cae al piso. El Primero espera, sin afanes, otro paciente en busca del Paraíso llegará de un momento a otro. Veo al Segundo en la distancia con dos mujeres, una de ellas puede ser su madre, llora, él me mira desde allá con sus ojos a punto de salirse de sus órbitas, dudo que me vea. En ese momento llega mi bus, lo espero desde hace más de diez minutos en un lugar donde no pasa nada. Una de las llantas delanteras del bus frena justo encima del billete de lotería…

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Argumento.
Los retratos se deben hacer cuando el retratado cree que está solo, dice el otro… Así comienza la historia… 

Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Álvarez Lara 2016


Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

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