Tres claves para un encuentro con Piranesi

9 julio, 2016 § Deja un comentario

228-Piranesi-1
El primer encuentro sucedió un amanecer. Desperté temprano prendí la computadora y, por alguno de los senderos que se abrieron frente a mí, llegué a un artículo de Mario Vargas Llosa titulado “El visionario”: una reseña de las aguafuertes de Giovanni Battista Piranesi en exposición en Madrid en mayo de 2012. En la virtualidad el tiempo corre distinto. Había escuchado el nombre, seguramente me había encontrado con alguna de las Vistas de Roma pero no recordaba más de él ni de su trabajo. Llamó mi atención la mención por Vargas Llosa de otro texto titulado “El negro cerebro de Piranesi” de Marguerite Yourcenar. Los dos textos tenían como centro la parte más pequeña y quizá más importante de la obra grabada de Piranesi Las cárceles imaginarias. Solo dieciséis planchas, una mínima parte en comparación con los cientos de planchas de las Vistas y los diseños de arquitectura, objetos y muebles. Guiado por las menciones a su imaginación desbordante, lo busqué.
Desde Victor Hugo, el primero en mencionar “el negro cerebro”, hasta Aldous Huxley, Marguerite Yourcenar o Vargas Llosa, muchos otros han escrito sobre Piranesi y sus capricci: “caprichos” llaman los desbordes de imaginación de Giovanni Battista. En su momento, poco menos de dos siglos antes, llamaron igual las alegorías de Giuseppe Arcimboldo. El único punto en común es la desbordante imaginación, Piranesi conoció la obra de Arcimboldo y las alegorías dispararon su imaginación.
Lo primero que encontré fue un medallón realizado por Francesco Piranesi, hijo del artista. Pero no era Giovanni Battista quien estaba en el retrato, era más bien un perfil romano donde, a pesar de la inscripción: G. B. Piranesi. Venetvs Architectvs, parecía el perfil de alguno de los Emperadores. Y luego me crucé con otro retrato aguafuerte también de 1750, Piranesi tenía treinta años, obra de Felice Polanzano. Piranesi medio desnudo sobresale entre las nubes, arriba de una franja de piedra con plantas y la inscripción G. B. Piranesi. Venetvs Architectvs como en el retrato anterior. Su mirada es obstinada, fija, busca el detalle, la medida, el lugar exacto donde marcar la plancha de cobre con el buril. La posibilidad de error es mínima. Su expresión desde las alturas, más allá de las ruinas y monumentos de las Vistas, interroga. ¿Qué? La duda me obligó a continuar la búsqueda.

228-Piranesi-2
Y entonces aparecieron Las cárceles imaginarias. Dieciséis planchas. Caí en la cuenta de que llevaba meses, años recorriéndolas sin saberlo. Les diré por qué. La frase de Hamlet, en diálogo con Rosencrantz, que cita la señora Yourcenar: “…Dinamarca es una prisión, dice Hamlet. Entonces, el mundo también lo es, responde Rosencrantz…”, fue una clave. Las cárceles de Piranesi no son cárceles en el sentido oscuro, cerrado y obtuso que se les atribuye. Para él, todo, incluso Roma, centro del mundo, que miró al detalle era una ruina monumental con escaleras que se interrumpen en el vacío, cuerdas y poleas; minaretes clausurados, puentes altísimos donde los personajes se insinúan en un trazo. Lo escribe Aldous Huxley en su texto: “…personajes que aparecen y no están donde debieran estar…”, fue otra clave. Se relaciona con frecuencia la Obra negra de Goya en la Quinta del Sordo con Las cárceles imaginarias, Vargas Llosa escribe en “El visionario”: “…ambos fueron no sólo testigos, creadores e inventores de su tiempo impregnaron a la sociedad que describieron de una sensibilidad que era la suya…” Sin embargo hay que tener en cuenta que en la medida en que Goya representaba los seres humanos, Piranesi los convertía en trazos y con la fuerza de su buril favorecía la vitalidad de los objetos, las estructuras, las piedras y las máquinas. Y allí está la tercera clave.

228-Piranesi-3
La relación se manifestó, directa, concreta, Los dibujos abigarrados que llevan como subtítulo en el reverso la inscripción Sombras y paisajes, en los que trabajo desde hace ya cerca de dos años, tienen coincidencias formales con Las cárceles imaginarias en la mezcla de texturas, claros y oscuros, cielos y nubes, pasadizos y entre puertas; y lejos, muy lejos, casi para adivinar, personajes que apenas se insinúan y parecen estar donde no debieran. Sin embargo esto es puramente formal. La sensación de haberlas recorrido por todos los rincones, de haber subido y bajado sus escaleras, incluso de haber saltado en alguno de sus vacíos o puesto a funcionar las máquinas está en cada dibujo. Es la sensación de haber copiado Las cárceles imaginarias durante meses, años, sin saberlo. “Ejercicios espirituales con Piranesi” hubiera llamado Humberto Pérez la coincidencia. Sin embargo, insisto, este es un aspecto formal. Porque hay otro que resulta de la frase de Hamlet a Rosencrantz y de la afirmación de Aldous Huxley a propósito de los personajes que no parecen estar donde debieran.
Los dibujos abigarrados habitan libretas de bolsillo, me adjudico la licencia de hacerlos vivir allí, una ventaja que me permite dibujar en cualquier parte. Desde hace años escribo un diario con las ficciones que suceden alrededor mientras viajo en bus, hago fila, tomo café o espero el cambio de luz en un semáforo. Las ficciones vienen de los personajes que frecuentan los lugares o situaciones que vengo de mencionar y también se podrían encontrar en alguna de las plazas o galerías que Piranesi construyó en sus aguafuertes. Entre Los dibujos abigarrados los personajes y sus situaciones la relación es directa, mientras dibujo, observo y luego escribo. Dibujos y escritura alternan, son parte de un trabajo en proceso.
Un personaje espera recostado contra un muro, de tiempo en tiempo mira su reloj para ver la hora, constata el tiempo que no pasa, espera sin angustia porque es su lugar y posición, es parte de otros personajes y éstos a su vez de otros y de otras situaciones, son como los trazos apenas visibles en un puente, galería o recoveco de Las cárceles imaginarias. El mismo personaje en idénticas circunstancias se mezcla entre las texturas de los Dibujos abigarrados. No son visibles. Ni aquí ni allá son identificables, su estadía es un sin fin de situaciones, un tiovivo, que vuelve y vuelve. Se repite. Todo lugar significa un tiempo. Las cárceles imaginarias como Los dibujos abigarrados son representaciones de tiempo que se repite, como los personajes. Hasta el infinito…

Print

Argumento. ¿Qué horas son? pregunta Uno desde la ventana. Las horas no son, las horas pasan, responde Dos desde la acera. ¿Qué horas pasan? insiste Uno. No sé, dice Dos, nada pasa. Así comienza el paso de las horas…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.

© Saúl Álvarez Lara 2016

Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

Anuncios

Etiquetado:, , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Tres claves para un encuentro con Piranesi en .

Meta

A %d blogueros les gusta esto: