El reflejo de otro*

30 abril, 2016 § Deja un comentario

Imaginemos un amanecer lluvioso. Un hombre recién levantado entra en su baño aún medio dormido y se encuentra con un intruso en el espejo. Pensará que está soñando, que se equivocó de casa y llegó a una donde el espejo está dañado o, puede creer que aún se encuentra en la pesadilla de la noche anterior plena de sueños inquietantes.

219-Espejo-2Estaba oscuro cuando el despertador, que siempre suena más temprano de lo que uno se imagina, sonó. No prendí ninguna luz para no despertar a mi mujer y a ciegas, con las puntas de los dedos como guía, caminé hacía el cuarto de baño tocando, sintiendo y, a veces, acariciando los objetos que encuentro para no tumbarlos. Conozco bien el recorrido pero preferí tomar precauciones, lo hago cada amanecer y estoy seguro de poder hacerlo con los ojos cerrados pero hoy fui más cuidadoso que de costumbre. Cuando llegué al baño y prendí la luz, caí en la cuenta de la inutilidad del esfuerzo realizado a tientas por el apartamento, vivo solo. Mi mujer vive en su propia casa y rara vez duerme en este apartamento. Somos una pareja moderna, “juntos pero no revueltos” y aunque algunas veces la sueño aquí conmigo. Es bueno tener en cuenta que aquí sólo hay espacio para uno y es por eso, entre otras cosas, que no vivimos juntos.
Hasta hoy, en el espejo del baño sólo se podía ver una persona a la vez, sin embargo, esta mañana pasó todo lo contrario: un hombre desconocido me mira desde el gabinete del baño y no soy yo, estoy seguro, no es mi cara o por lo menos mi cara de todos los días la que me devuelve el espejo. Es la cara de otro. Quedé tan sorprendido cuando no me reconocí que volví a salir del baño. ¿Me volví sonámbulo?, ¿me equivoqué de puerta y hasta de apartamento? No, estaba en mi baño y el personaje en el espejo, no era yo.
Después de instantes que parecieron eternos, cuando confirmé que estaba despierto y cualquier sueño hacía parte de la noche anterior, la situación cambió y mi preocupación pasó del espejismo a la realidad. Descolgué el gabinete y busqué detrás con la esperanza de encontrar un hueco en el muro y por allí la persona que me estuviera haciendo una mala jugada. No había nadie, no había hueco, no había nada, la pared estaba como debía estar. Puse el gabinete en su lugar y quise tranquilizarme mirando directo a los ojos del desconocido frente a mí, él también me miró directamente a los ojos, como lo hice yo. Creí reconocer un vago parecido pero distante, muy distante. Me llevé una mano al pelo y él hizo lo mismo. Claro, había entre nosotros diferencias fundamentales, él tenía el pelo erizado, mientras el mío era liso y peinado hacía un lado. Me extrañó que usáramos la misma camiseta para dormir aunque la suya estaba sucia en el cuello y la mía limpia, lo comprobé. Con seguridad notó mi desconcierto y repetía mis movimientos sin parar, miraba para donde yo miraba y hacía lo mismo que yo hacía, como en esos números teatro cuando dos actores se paran frente a frente y cada uno reproduce los movimientos del otro sin equivocarse.

219-Espejo-1Me aproximé para examinar de cerca mis ojos y él hizo igual. Los suyos tenían arrugas y bolsas bajo los párpados, evidentemente en mí no era posible ver esas marcas del tiempo, me había cuidado siempre de no tenerlas y cuando daban señales de aparecer recurría a un tratamiento efectivo. Durante un buen rato nos miramos, ojo con ojo, ¿cómo es posible que esto me pase, a mí, que he visto todo; y nada, absolutamente nada, me sorprende ya, ¿qué piensa?, ¿será que piensa y siente lo mismo que yo? Si es así debo cuidarme, podría  llegar a tomar mi puesto y sin duda, dejarme encerrado. Encerrado en un espejo, repetí en voz baja para que no me escuchara. Con seguridad está buscando la salida pero no veo cómo lo va a hacer por mi apartamento, no. Si le hablo ¿responderá? Me encuentro en piyama frente a un desconocido que entró en mi casa por el espejo para tomar mi puesto, si no ¿para qué lo habría hecho? Afuera llueve, está oscuro y yo sigo aquí, preocupado. Quizá vino a decirme algo pero no ha hablado, hasta ahora no ha dicho una palabra, sólo me imita y me tiene tan desconcertado que no me atrevo, ni siquiera, a imitarlo yo a él. Debo hacer algo, rápido, me dije en voz baja para evitar que me escuchara. Respiré profundo, conté hasta cien y puse en marcha un plan sencillo pero efectivo. La idea era sorprenderlo haciendo movimientos inesperados hasta lograr que fatigado, él mismo, por su propia iniciativa, tome la decisión de partir por donde entró. En una acción relámpago puse el dedo índice en mi párpado inferior y lo empujé hacia abajo como si me fuera a examinar el blanco del ojo. Hizo lo mismo sin pestañear. Vimos que en lo único que nos parecíamos era en el blanco del ojo. Entonces, para descubrir siquiera una parte, aunque fuera mínima de su personalidad, lo miré fijamente, él hizo lo mismo y lentamente, muy lentamente bajé la mirada como quien va a revisar su peso en la balanza, pero en secreto, sin que nadie lo vea. No puedo permitir a un desconocido que se metió sin permiso en el espejo de mi baño, crea que tengo unos kilos de más. Cuando volví a mirarlo, respondió con una sonrisa pequeña y cómplice, ¿será que también se siente pasado de kilos y los está escondiendo como yo?

219-Espejo-3Ya veo la luz del día a través de la ventana, dejó de llover y aún no he podido encontrar un rastro de su personalidad que sea original, que no parezca una copia de mi actitud frente a él. Soy un hombre muy ocupado y al intruso parece no importarle, y parece no importarle tampoco, que no dispongo de tiempo para estar aquí intentando esconder algo que él, un desconocido, quiere imitar de mí frente a mis ojos. ¡No, no tengo tiempo para eso!, además, él es infatigable, y yo estoy exhausto, voy a llegar tarde al trabajo, mi jefe no va a creer esta historia del hombre que nunca he visto metido en el espejo de  mi casa y sobre todo, no va a creer que por su culpa llegué tarde. No lo va a creer y con seguridad me va a obligar a trabajar horas extras para compensar la demora. Me siento cansado. Sin comenzar el día y ya me siento cansado. Tengo la sensación de que el intruso ya sabe todo sobre mí, sabe lo que voy a hacer, conoce mis gestos, adivina mis pensamientos y me adelanta en todo. Una voz interior, no sé si es él quien me habla o es producto de la fatiga, me sugiere que lo mejor es que me parezca a él, me mimetice en él y le deje creer que soy él. Eso vino a buscar y no se puede ir sin haberlo logrado. Tal vez si entro al espejo y tomo su lugar, él se vaya…

*“El reflejo de otro” hace parte del libro “El sótano del cielo” con el título “Espejito, espejito” publicado por la Editorial Eafit de Medellín en el año 2001.

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Argumento. El hombre se paró frente al espejo y esperó. Así comienza la historia…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara 2001 / 2016


Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

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