Retrato de mentiras

23 abril, 2016 § 1 comentario

218-Personaje-2Meandro tiene la apariencia de un hombre boyante. Desde siempre se le vio así. Es simpático, buen conversador, habla con cualquiera, en cualquier parte, sobre cualquier tema. Va por el mundo sin angustia, desagrado o fatiga. Es así y no hay nada que hacer. Sin embargo, como todo, personas y cosas, Meandro tiene facetas. No se trata de estados de ánimo alterados o volubilidad natural que lo aqueja en momentos precisos, no, no se trata de eso. Poca gente nota sus facetas, en general disimuladas por el derroche de calificativos con que lo reconocen.
Meandro dice mentiras. Desde un punto de vista estricto no es un problema grave, mucha gente lo hace con mayor o menor intensidad, todo el mundo dice mentiras a diario sin inmutase. Una mentira para que sea mentira con todas las de la ley debe parecer verdad, es el requisito que cumplen las incontables que circulan y nadie distingue. Sin embargo no se trata de la mentira solamente, que puede ser pequeña poco creíble o gigantesca y aceptable. Se trata también de quien la dice. Para ser buen mentiroso es indispensable la memoria y sobre todo la agilidad para recordar entre el arsenal de mentiras dichas. Nunca la mentira es una sola, hay que tener presente a quien, en qué condiciones, la hora y el lugar donde se dijo. Memoria infalible y presencia de espíritu son cualidades necesarias para el mentiroso de cierto nivel que no se deja pillar y negará hasta el fin si alguien lo pone en duda. El mentiroso corriente casi siempre es descubierto porque le faltan memoria y presencia para hacer pasar una mentira por verdad. Es una cuestión de dimensión, el mentiroso corriente es un personaje de mentiras pequeñas, “piadosas”, sin importancia.
Meandro no es un mentiroso pequeño, mediocre, sin memoria, es de la talla de los embaucadores que saben que mentiras fantásticas, enormes, inalcanzables son más fáciles de creer por todos, incluido él mismo. Meandro, como todo embaucador, embaucador es una categoría superior de mentiroso, cree una y otra vez las fantasías que inventa, que vive, que hace creer a otros pero, y aquí está su grieta, su gotera, su infortunio, su debilidad, Meandro hace creer a otros pero él, a pesar de que está convencido de su propia patraña, abandona consciente o inconsciente lo que hizo parecer como cierto. Un inconveniente fatal cuando no se tiene el control sobre cómo, cuándo o por qué, se revela esa debilidad.
218-Personaje-1Lo que sigue después de su abandono es el descreimiento de aquellos que lo escucharon, siguieron sus directrices y de repente se encuentran en el vacío. En ocasiones los afectados reaccionan con animosidad, lo buscan o intentan agredirlo pero la mayoría de las veces guardan silencio. Los investigadores han llegado a la conclusión de que no hay continuidad en la búsqueda porque a la mayoría les afecta hacer público el engaño de que fueron víctimas. Lo más conveniente para Meandro en esos casos es desaparecer con la esperanza de que pronto lo olviden. Y sucede. En general la memoria es corta y sólo se activa algunos minutos después del descubrimiento, minutos que, en el peor de los casos, se convierten en días si las víctimas tienen presente el hecho, sin embargo, al cabo de cierto tiempo, otros hechos, otras afugias, otras mentiras, toman el lugar del engaño anterior y éste pasa a segundo o tercer plano, o incluso, se inscribe en una capa aún más profunda del recuerdo donde la posibilidad de recuperación es mínima.
Muchos quienes lo conocen de toda la vida o han sido sus víctimas o no han sido sus víctimas pero saben de sus habilidades y debilidades, creen que es un desperdicio. Hay quienes dicen que Meandro es una inteligencia superior, que de haber utilizado bien sus habilidades sería el hombre próspero que muestra en apariencia: con cargos importantes y ejecutorias aún más importantes, un artista, un líder, quizá un empresario con viento a favor. Nadie menciona la posibilidad de una carrera en la política porque lo único que hubiera tenido que combatir para llegar al éxito en ese terreno hubiera sido el abandono súbito que lo acosa sin avisar; de resto, dicen, tenía todo para terminar con monumento en alguna plaza pública del país.
Meandro no tiene familia, dejó entrever en algunas encrucijadas de su vida que sí. Hubo mujeres que creyeron pero nunca alcanzó a redondear una relación sin que antes fuera atacado por el mal que en su caso parece uno de esos virus que se repiten con frecuencia. Más de una vez vió volar sus pertenencias desde la ventana de un tercer o cuarto piso, seguidas de un chillido de gata enfurecida, “hijueputa, no volvás a aparecer por aquí… te hago meter a la cárcel… malparido…”
Cualquiera puede imaginar que conociendo sus debilidades lo consecuente hubiera sido ponerles fin, sin embargo, nos vemos frente a una opinión apresurada porque deja de lado un aspecto fundamental: él también cree. Sabe que está diciendo mentiras, que nada de lo que dice se va a cumplir y a pesar de saberlo, está tan convencido como su víctima, hace planes con ella, sugiere posibilidades y muestra entusiasmo. Sin lugar a duda, el defecto, lo mantiene activo y no lo deja decaer porque en medio de tanta corriente a favor y en contra, Meandro es ingenuo y cree que alguna vez, alguno de sus montajes va a tener buen fin y entonces podrá mirar a todo el mundo a la cara y decir …era posible, ¿lo ven ahora?
218-Personaje-3Esta frase será, tal vez, lo que rece el epitafio en su lápida el día que lo entierren que no sabemos si será o no el día de su muerte porque el muerto que dirán que es él, vestido con ropas parecidas a las suyas, podría perfectamente no ser él. ¿Quién asegura? preguntarán sus detractores, que el cuerpo que todo el mundo le adjudica, sea el suyo y no el de otro que para estimular su imaginación mentirosa estaba en el lugar donde no debía estar. De suceder así, Meandro se habrá reivindicado con la mayoría de sus detractores y seguidores, habrá llevado a cabo, se habrá despedido con una mentira tan grande, incluso blindada contra su debilidad que nadie la podrá poner en duda y todos tendremos que conformarnos con que al fin de Meandro salió una verdad, Meandro vive…
Argumento. La historia empieza con una mentira…
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara 2010 / 2016


Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

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