Así empieza una novela

27 febrero, 2016 § Deja un comentario

210-Casa-1Mariano Casas trabajó en una empresa de seguridad privada hasta unos días antes de caer en desgracia. Su cargo fue, hasta ese momento, supervisor de monitores de vigilancia. Casas comenzó como técnico y en poco tiempo pasó de instalar cámaras, obligatorias en la mayoría de empresas para observar en secreto a los empleados, al control de las pantallas que muestran lo que ven las cámaras. Mariano fue testigo de las primeras instalaciones en casas de familia cuando la manía de vigilar, incluso a los cercanos, apareció porque el tiempo era nada y fisgonear para saber cómo los otros ganaban o perdían el suyo se volvió necesidad.
Mariano Casas pasaba los días frente a los monitores y cuando los primeros indicios se presentaron, también las noches, sobre todo desde la instalación en el cuarto de utilería al lado de la cabina de monitoreo de una habitación de apoyo, o de descanso, como queramos llamarla. El ingeniero estuvo de acuerdo, esperaba más que dedicación exclusiva de sus empleados, esperaba ojos vigilantes las veinticuatro horas del día. El ingeniero era el jefe, también parecía ser dueño de la empresa o por lo menos, uno de los socios. Casas y Rogelio Ospina eran los únicos en el cargo de monitoreo con turnos de doce horas cada uno. Rogelio nunca utilizó la habitación de apoyo, en cambio Casas, que vivía solo, era separado, no tenía parientes cercanos, no recibía llamadas, ni visitas se pasó a vivir allí desde el momento en que se dieron los primeros indicios hasta el día en que fue descubierto. Después vino lo del suicidio con dos balas que entraron por el mismo orificio en la cabeza y fueron disparadas por el arma que encontraron al lado del muerto. Algo imposible según los oficiales que siguieron el caso pero que ninguno se atrevió a denunciar para no mover cosas que era mejor dejar quietas.
Aseguró el ingeniero en declaración que dio a las autoridades después de lo sucedido, que Casas era un empleado de confianza, y agregó, es lo menos que se puede decir de alguien con sus responsabilidades en la empresa. Dijo también que era un hombre dedicado. Entre la empresa y sus clientes, en aumento y, entre la empresa y Mariano Casas todo fue perfecto hasta el martes veintidós de septiembre a las veinte y treinta y dos cuando algo inesperado lo pilló fuera de base. El ingeniero, tan exigente para la entrega de informes en clave por parte de Mariano Casas y Rogelio Ospina notó la situación cuando los hechos estaban instalados en el tiempo y temió, en el momento de descubrirla, que había alcanzado el punto de no retorno, la falta era grave, implicaba el despido inmediato acompañado de una nota por irresponsabilidad en la hoja de vida que lo excluiría de cualquier oferta de trabajo, pero con toda seguridad, dijo el ingeniero a los investigadores, no ameritaba el suicidio.
210-Casa-3Hasta aquí el planteamiento general de la situación. Me propongo, como investigador encargado por la Fiscalía para clausurar las pesquisas, poner mis conclusiones en conocimiento de los amables lectores con objeto de aclarar hasta la saciedad que una persona que ha tomado la decisión de suicidarse, y lo hace, no tiene la presencia de ánimo y menos aún las fuerzas para disparar dos veces en su contra y lograr que la segunda bala entre exactamente por el mismo orificio de la primera, lo que equivale a un récord de esos que clasifican los casos insólitos.
He aquí lo sucedido. La noche del martes veintidós de septiembre a las veinte y treinta y dos, Mariano Casas tuvo un encuentro que nunca imaginó, fue, por supuesto, un encuentro virtual, pero a pesar de que esta condición, creen los legos, puede atenuar la exaltación, cada día está más comprobado que esos encuentros son los más intensos que sea posible imaginar por causa del impedimento en que quedan algunos de los sentidos, sólo la vista y un poco, aunque en este caso no intervino, el oído, obran. Tacto, olfato y gusto no intervienen.
Es posible decir que Mariano Casas elaboró pretensiones personales con relación a la mujer que encontró en el monitor instalado en el apartamento de un nuevo cliente la primera noche de vigilancia. Si manifestó sus intenciones y ella correspondió o no a sus propósitos, está por descubrirse. Al medio día de ese martes comenzó la vigilancia, y a las veinte y treinta y dos, el tumulto estaba lanzado. En la mañana, el ingeniero y un técnico instalaron las cámaras miniatura disimuladas como cabezas de tornillo en la locación del nuevo cliente. Mariano Casas se enteró cuando la imagen, todavía sin codificar, apareció en los monitores al medio día. El ingeniero asegura que la norma en su empresa, para prevenir suspicacias, es evitar que el supervisor de monitores sepa a quién o dónde vigila, ni qué busca, así, la actividad, delicada en esencia, se lleva a cabo con imparcialidad. Lo único que dijo a Casas fue: cayó un nuevo cliente, no le quites el ojo de encima, tienes que ser muy estricto con los informes. Según parece, Mariano Casas le prestó poca atención, el ingeniero repetía la recomendación para hacer creer que el nuevo era más especial que los anteriores pero todos resultaban parecidos y sus intimidades calcadas a pesar de que había días en que alguno se despeinaba y hacía locuras, nada extravagante como un robo, una pelea, una orgía, un asesinato, una maquinación como se ve con frecuencia en el cine y las telenovelas. A veces las jornadas eran tediosas porque se espera lo que nunca sucede y sin embargo la falta de acción envicia. Valga la comparación que el ingeniero hizo el día que descargó en Mariano la responsabilidad de supervisar los monitores: …es como la cornada en los toros o el accidente en las carreras de carros, no llegan pero uno se queda ahí, a la espera, pegado como una estampilla.
210-Casa-2Con mezcla de desgano y curiosidad Mariano Casas adjudicó el monitor número siete para la supervisión de diez cámaras, tres en la habitación principal, tres entre salón y comedor, las otras en la cocina, la sala de baño, la biblioteca y una en la puerta de entrada. Cuando activó el sistema el lugar estaba desierto y pudo reconocer el terreno sin interferencias. Por lo que vio más allá de las ventanas era un apartamento en piso alto pero no identificó las montañas en la distancia, quizá era un cliente de otra ciudad, pensó. No era inusual. En ocasiones anteriores, clientes de la costa o ciudades del interior eran monitoreados desde esa misma oficina. Todo el procedimiento era llevado bajo estrictas medidas de confidencialidad a las que cada funcionario suscribía en su contrato. Otra razón que hace aun más notorio el desliz de Mariano Casas en el procedimiento con el nuevo cliente pero en ningún momento justifica el desenlace trágico.
Mariano Casas se aplicó a escudriñar el terreno de su próximo trabajo, un apartamento amplio, adornado con lujo aparente y gusto de decorador al destajo. Un tigre dorado, tamaño natural, en pose de salto por la ventana, atrajo su atención pero no lo mencionó en el primer informe pero señaló que el apartamento, amoblado, parecía inhabitado…(Continuará)

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Argumento. Con cámaras en todas partes, todo el mundo vigila a todo el mundo… Así empieza la novela.
Pierre Alechinski, pintor belga, dice que la margen, él la llama “Marginalia”, es el espacio alrededor del cuadro donde se anotan historias, nombres, resúmenes, agregados, fechas o datos que conducen al interior Edgar Allan Poe recopiló en un pequeño libro titulado “Marginalia” reflexiones que en ocasiones publicó en revistas.
© Saúl Álvarez Lara / 2016


Libros publicados por Ficción.La.Editorial
Los encuentra en: ficcionlaeditorial@gmail.com o saulalvarezlara@gmail.comPrint

 

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