Cosas 24

23 mayo, 2020 § Deja un comentario


Poncherazos

Un “poncherazo” es una fotografía tomada sin avisar, sin medición de luz, distancia o foco. Como salga. En los años cincuenta y sesenta del siglo pasado había fotógrafos en las calles de las ciudades que hacían “poncherazos” de los pasantes que, casi siempre, caían en la cuenta cuando el “poncherazo” ya no tenía reversa. Los transeúntes recibían un comprobante numerado con el que podían reclamar su foto ese mismo día por la tarde o la mañana siguiente, a más tardar, en un local con puerta a la calle, a cambio de una tarifa razonable. Eran pocos los que no pasaban a recoger sus fotos, para verse, burlarse o pegarlas en los álbumes familiares. Ya no hay fotógrafos de “poncherazo” en las calles. Desde que llevamos una cámara en el celular, somos fotógrafos de “poncherazo” en potencia. Incluso yo, que no soy fotógrafo, he cometido algunos pero debo decir que también los he escrito…  

Tres puestos libres. Una sombra se abalanza sobre el que tiene más cerca. Quedan dos puestos. El sujeto de camisa a cuadros a mi lado espera que yo ocupe uno, lo presiento. Antes de decidir lo que voy a hacer pasa a mi lado y me empuja. Es una clara insinuación para que me siente. ¿Una orden? Ignoro el empujón, no ocupo ninguno de los puestos vacíos. La sombra sonríe…

• Frente a mí un anciano revisa su pasaporte. Lo abre sobre la mesa y saca del bolsillo de su chaqueta una bolsa de plástico con fotos. Una docena de fotos y las extiende sobre la mesa. Tiene la intención de elegir una. Algunas regresan a la bolsa y con las otras arma una columna al lado del pasaporte abierto. Compara. Hace una nueva selección y deja solo dos sobre la mesa. Las otras van a la bolsa. Con calma las coloca en el lugar que corresponde. Elige una. Arranca la foto pegada al pasaporte, saca un tubo de otro bolsillo de la chaqueta, aplica dos gotas en el reverso de la elegida y la fija en el lugar donde estaba la que arrancó. La considera con cuidado, se mira a un espejo satisfecho…

• Dos mujeres se miden ropa en un almacén. Una entra al apartado donde cambia de prendas. La otra espera. Se turnan para entrar a medirse la ropa. Se hacen comentarios. En general son comentarios grises: “se te ven los gordos”, “te ves muy bajita”, “tus tetas se pierden”. Como ocupo un lugar preferencial escucho lo que dicen. No tardo en darme cuenta de que a cada cambio de prendas los comentarios suben de tono. Si alguien llegara en este momento diría que la guerra está cerca. La sorpresa es mayor cuando las mujeres parten, dejan un desorden parecido a un campo de batalla, no compran nada, y sonríen satisfechas…

• Detrás del sol canícular un hombre me ofrece una botella de agua helada. Parece más espejismo que presencia. No habla. Desde más allá del resplandor me ofrece la forma de una botella que no alcanzo a atrapar. Entonces veo el juego, muestra la botella, yo intento atraparla y la botella desaparece, solo queda el resplandor. En la esquina siguiente comienza de nuevo. Solo veo el espejismo …

• Una flaco vestido de verde besa a la mujer a su lado. Le arranca el beso. Ella no deja ver dolor, no siente nada, no cierra los ojos y se deja hacer mientras sus labios quedan pegados a los de él. Mientras la besa, sube sus piernas sobre las de ella, enmalladas de negro que se encogen sin remedio. Se besan sin mirar…

• Un sujeto mayor intenta tomar la fotografía de un vaso desechable con su celular. Lo intenta varias veces: de más cerca o de más lejos. Hace la foto, corrige y la repite con una mínima diferencia de distancia y ángulo. Toma cuatro fotos, después las mira y no sabe cuál escoger para mandar a su mujer que quiere saber qué hace en ese momento…

Una mujer a mi lado pregunta la hora a otra que está detrás de una puerta cerrada. A pesar de que la puerta es de vidrio no la escucha y responde con señas que la mujer afuera no entiende. Esto la desespera. Levanta la voz, se nota urgida; sin duda tiene necesidad de conocer la hora, está retrasada y por esto insiste en comprender los gestos de la otra al interior. Por señas la mujer al interior responde a los gritos. Se ven pero no se escuchan, las señas son incomprensibles y el tiempo pasa. El poncherazo queda…

Cosas…

… Sin avisar, sin medición de luz, distancia o foco la “cosa” nos atrapó…

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Cosas 23

16 mayo, 2020 § Deja un comentario


Leer

El número ocho de Ficción La Revista circula hoy, sábado dieciséis de mayo de este año de gracia 2020. Recuerdo que el último enero, en la primera Marginalia del año, escribí lo siguiente: “… 20/20 es la medida de agudeza visual. El primer 20 es la distancia, en pies, a la que se encuentra el objeto del sujeto; el segundo 20 es la distancia a la cual el sujeto ve el objeto en detalle. Si se dan estas medidas, la agudeza visual es perfecta. Esperemos que en el 2020 que llega, la agudeza no sea solo visual, que también sea para escuchar, para entender, para distinguir verdades de mentiras, política de politiquería, para hablar menos y hacer más, para vivir y dejar vivir…” Hoy, cinco meses después, esperemos que la agudeza sea también para leer, tema central de este número de la Ficción La Revista. Buenas y provechosas lecturas:

… Frases tomadas al azar en los textos que hacen parte de esta edición son la mejor definición de leer: su significado y trascendencia: … La profesora quería que hiciera énfasis en mi faceta de lector […] Hace días viene leyendo a Elvira Sastre y “Días sin ti” la dejó casi sin aliento […] Liberó legendarios lenguajes; labró lustrosas leyendas, legando lúcidas lecciones literarias […] Las primeras letras que junté como una suerte de invocación al milagro fueron las que, en una cartilla muy colorida […] Dante, en el último círculo del infierno, le habla al lector, le advierte que no dirá más de lo que está viendo y de paso lo reta […] Durante siglos, saber escribir fue privilegio de pocos; aún en los albores del siglo XXI millones de personas en el mundo continúan ajenas a su dominio […] Se leyó a la mujer mientras comía, lentamente, aprendiéndosela de memoria, como si leyera un tratado importante de filosofía o una historia del mar de Creta […] Una carta en sobre cerrado, / una promesa arrojada al buzón / baila entre mis dedos, / mientras, / el estado de excepción / se abre paso en cada vuelta […] Sabía que tenía libros suficientes, dado el caso de que, como sospechaba, le iba a sobrar mucho tiempo […] Tallamos el cuerpo con lecturas: Palabras luciérnagas. Palabras Océano. Palabras solares. Boscosas palabras nos tallan los cuerpos que hay en el cuerpo […] Leer es asistir a un concierto de palabras que devienen en imágenes, ritmos y sonidos […] Hay que leerlos. Suelen llegar en la noche. Hay que leerlos detenidamente y más cuando suelen llegar de uno en uno. Hay que leerlos en la oscuridad. Leerlos en silencio […] Leer ahora es leerme a mí misma, revisarme entre las páginas de mi vida. Caminar entre las páginas de mi vida […] “Lee. ¡Escucha!”, me decían mis hijos, mi esposo, mis padres, antes de dormir […] Para dar cuenta también de que “leer” ha tenido y seguirá teniendo transformaciones y que estas transformaciones nos llevarán a espacios imaginativos no explorados […] Leer es una cuestión de actitud. No solo se leen cartas, libros, artículos o avisos, también se leen imágenes… Lo leído hasta aquí y mucho más se descubre en este número de Ficción la Revista…

Cosas…

… ¿Hemos aprendido a leer la “cosa” que nos acorrala? Ojalá…

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Cosas 22

9 mayo, 2020 § Deja un comentario


La rosa de los vientos

Viento

El gran eunuco Zheng He era el comandante de la flota china, más de setenta naves y cinco mil hombres, que en 1421 inició un viaje alrededor del mundo en busca de mercados. El Nuevo Mundo no había sido descubierto aun pero los cartógrafos chinos sabían de su existencia. Poco antes de zarpar Zheng He asistió a la inauguración de la Ciudad Prohibida pero menos de un año después debió suspender la correría y regresar porque un incendio, hubo dos durante la Dinastía Ming, destruyó la Ciudad Prohibida. Esta catástrofe dio como resultado la interrupción de la expedición, el aislamiento de China del resto del mundo y con absoluta seguridad evitó la llegada al Nuevo Mundo de los chinos que se aislaron de occidente hasta la primera parte del siglo XX. En 1992 Enrique Tobón Lara escribió un texto que fue publicado en Asfalto Graphis una revista que editábamos por aquellos años. Enrique fue, entre todos sus talentos, constructor de barcos a escala y conocedor profundo de las naves que surcaban los mares en tiempos en que era necesario aprender a domesticar los vientos. “… Los primeros navegantes tuvieron que poner riendas a la fuerza del viento para maniobrar sus embarcaciones en direcciones distintas a las que imponían los vientos, su presencia constante los obligó a crear una estrella de dieciséis puntas, llamada Rosa de los Vientos, en la cual cada punta corresponde a una de las direcciones en las que sopla el viento […] Hasta finales del siglo XVII la construcción naval era producto de la experiencia de maestros carpinteros navales ligados al conocimiento del mar y sobre todo de los vientos […] En 1492 Cristóbal Colón llegó a la Hispaniola con poco más de noventa hombres distribuidos en tres naos, dos carabelas y una carraca, y la esperanza de haber acortado las rutas comerciales con el Extremo Oriente. Dicen que sus cartas de navegación estaban sustentadas en aquellas que los cartógrafos de Zheng He habían trazado más de setenta años antes…” En su texto, Enrique menciona las naos exploradoras del Almirante. “… dos carabelas: La Pinta y la Niña; y la Santa María, la capitana, una carraca de tres palos con velas cuadras apoyadas por una latina en el palo de mesana, construida a ‘ojo’ en 1480 en Santander. La Santa María no regresó del primer viaje y con sus restos se edificó el tristemente célebre Fuerte de Navidad […] Según Alvise de Ca’ de Mosto la carabela era la mejor nao que surcaba los mares. La Pinta era pequeña, veinte metros de eslora por seis de manga y una tripulación de veinte hombres pero no era tan veloz como La Niña una clásica carabela latina, con tres velas sin rizos, lo que indica que no era posible reducir el velamen en caso de vientos demasiado fuertes; en aquellos casos se debía maniobrar con la vela de capa, de ahí el decir popular: ‘capear el temporal’. Colón realizó su tercer viaje en 1498 a bordo de La Niña…” Hasta aquí algunos fragmentos de lo escrito por Enrique para aquella ocasión, que traigo de nuevo a primer plano, por si alguien pregunta hoy qué habría sido de nosotros si en lugar de Colón, Zheng He hubiera llegado al Nuevo Mundo setenta años antes, en 1421…

…Cosas

… “Capear el temporal” es una expresión cercana a lo que hacemos con la “cosa” en estos tiempos de tempestades… 

La otra cara del retrato exposición virtual, se puede visitar en: http://paf.re/g/marginaliahasta el 23 de mayo. El libro con igual título y contenido puede recibirlo gratis en su correo hasta la misma fecha. Solicítelo a saulalvarezlara@gmail.com. Un ejemplar en PDF será enviado al correo que usted indique.

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2 mayo, 2020 § Deja un comentario


Chirrido

Hace quince mil años, quizás más, la necesidad de proteger los pies obligó el primer paso hacia un invento que cambió el rumbo de la humanidad: la pantufla ligera y sin tacón que además de resguardar los pies de accidentes y raspones, los embellecía. Con la idea de procurar la belleza es necesario tener en cuenta que desde siempre los chinos sostuvieron que el pie pequeño era el pilar del encanto femenino y en favor de conseguirlo inventaron los suecos de madera que las mujeres calzaron, más pequeños que el tamaño de su pie, durante siglos. En la antigua Roma el vestido de los pies era símbolo de posición social; pero fueron los griegos quienes crearon el zapato con forma opuesta para pie izquierdo y derecho. Los ingleses iniciaron la numeración según la talla en 1642, cuando tuvieron la necesidad de fabricar botas para el ejército. El calzado no siempre fue cómodo, por pesado o por ancho y plano, con frecuencia era poco adecuado para caminar. El tacón apareció entre los siglos XVI y XVII y se incorporó al calzado femenino como un elemento estético. La Revolución Francesa acabó con todos los símbolos de la aristocracia y los ciudadanos calzaron por igual zapatos planos. Con la derrota de Napoleón en Waterloo la bota Wellington, de tacón bajo y liviana, se puso de moda y ha sido la fuente de inspiración para casi todas las variables de bota masculina y femenina hasta nuestros días. La industria ha evolucionado. En su fabricación se han empleado metales, pieles con o sin pelo, hojas de palmera, caucho, madera de diferentes tipos, sedas, bordados y materiales de descubrimiento reciente. La historia no menciona por ningún lado aquel calzado que, a parte de proteger el pie y estar al origen del sonido de los pasos, produce también el chirrido de los materiales que se rozan entre sí. Sin embargo es necesario contarla resumida y encomendarse a San Crispin, patrón de los zapateros desde la Edad Media, cada vez que se escucha la temible maldición: “Que te chirreen los zapatos”. Lo único que se puede hacer cuando el ruido aparece es destruirlos, cortarlos en pedazos pequeños para que nadie los pueda armar de nuevo, enterrarlos y esperar que la naturaleza no deje rastro. En otros tiempos, al comienzo del año escolar, muchos estudiantes llevaban unos botines de cuero duro que, para “domarlos”, como decían, había que sufrir de las ampollas en el talón por lo menos los tres primeros meses del año; allí no valía la doble media, ni la plantilla, ni el contrafuerte bajo la pata del mueble más pesado. Era posible llegar a dominarlos y acabar por vencer las ampollas, pero lo que era indomable, sin lugar a duda, era el chirrido que producían. Otra versión cuenta que un cliente insatisfecho lanzó la maldición a un zapatero y a partir de ese día todos sus zapatos chirriaron. Desesperado, el zapatero cambió de materiales, de suelas de cuero pasó a suelas de caucho, buscó entre sus plantillas y utilizó un cuero más suave; fabricó él mismo las hormas y aún así, sus zapatos, por encargo o para poner en vitrina tuvieron el chirrido incluido. Dicen que la policía descubrió al autor de un crimen porque un testigo que se encontraba en la habitación contigua a la de los hechos reconoció al asesino por el chirrido de sus zapatos…

Cosas…

… Así, sin ruido o con chirridos, la “cosa” nos acorraló.

La otra cara del retrato exposición virtual, se puede visitar en: http://paf.re/g/marginaliahasta el 23 de mayo. El libro con igual título y contenido puede recibirlo gratis en su correo hasta la misma fecha. Solicítelo a saulalvarezlara@gmail.com. Un ejemplar en PDF será enviado al correo que usted indique.

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Cosas 20

25 abril, 2020 § Deja un comentario


Nubes

Lao Tse era, lo dijo Confucio, el dragón que cabalgaba los vientos y las nubes. Los pensamientos son como nubes en el cielo, sopla suavemente sobre ellas y verás el universo, reza el proverbio budista que resultó, quizá, de las palabras de Confucio. Ikkyu Sojun fue monje zen y poeta que murió casi desconocido en 1481 a la edad de ochenta y siete años. Desde muy joven Ikkyu  mostró su talento y a pesar de su origen japonés escribió sus poemas en chino: … Muchas sendas arrancan / del pie de la montaña / pero en la cumbre / todos vemos la misma / nube brillante y sola… Treinta años recorrió el país y firmó sus poemas como “Nube Loca”, (Kyo-un), expresión derivada de (Un-sui): “Nube agua”, que señala los monjes vagabundos del camino. Años más tarde, en occidente, Walter Benjamín las escribió así: … Y aprendí a disfrazarme en palabras que propiamente eran nubes… Las nubes pasan, no permanecen, mutan y no vuelven. Me pregunto, entonces, si pintores excepcionales como Katsushika Hokusai o Giovanni Antonio Canal conocido como Canaletto o William Turner o Jan Vermeer o Joaquín Sorolla o David Hockney pintaban de memoria los cielos con nubes de invierno o de verano. Los inventaban con el talento para inspirar su paso, su cambio de forma, color y densidad, incluido el viento que acerca la lluvia. Pierre Lahaut, profesor de dibujo, trabajaba con una técnica que durante mucho tiempo hice mía: lápices de colores sobre papel. Lahaut dibujaba en capas sucesivas paisajes con cielos cambiantes y también dibujaba bodegones. Una vez escribí la relación entre él y un bodegón con nubes en la ventana, la titulé: El pintor y el tiempo: … Pocas nubes en el cielo. Es temprano. Más allá del caballete el bodegón con frutas frescas. Lápices verdes, de todos los tonos que se encuentran en la naturaleza, listos para la jornada; el cuadro será tan grande como la naturaleza misma. Estoy listo, pero dudo, dice. Si comienzo por la manzana, cuando llegue a la sandía su color tal vez no será el mismo que veo ahora, en ese momento tendrá manchas oscuras en la piel y las nubes habrán cambiado. Cuando llegue a las peras, el verde de la mañana se habrá transformado en amarillo quizá ocre; pero eso no es todo, si vuelvo a la primera manzana su piel también habrá cambiado como en las otras frutas, y, si me aplico a pintar cada fruta con el color y las nubes del momento, mi trabajo solo acabaría cuando, después de su propia evolución, cada una alcance el mismo tono seco del final y las nubes se queden quietas. Al terminar, el bodegón no será el mismo de la mañana y yo tampoco, agrega. Mientras Lahaut ve el correr del tiempo, las nubes pasan sin detenerse. De cúmulos, pasan a cirros y luego a nada, pasan y solo son un instante. La duda será siempre la misma frente al bodegón que nunca termina…

Cosas…

… Las cosas cambian según el momento, la hora, el lugar, la luz y quien está cerca. ¿Será que a la “cosa” que nos acorrala le sucede lo mismo?

La otra cara del retrato exposición virtual, se puede visitar en: http://paf.re/g/marginalia hasta el 23 de mayo. El libro con igual título y contenido puede recibirlo gratis en su correo hasta la misma fecha. Solicítelo a saulalvarezlara@gmail.com. Un ejemplar en PDF será enviado al correo que usted indique.

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23 abril, 2020 § Deja un comentario


Libro&Expo

23 de abril “Día del Libro”. Hoy abre al público La otra cara del retrato exposición virtual y libro. La exposición se puede visitar en: http://paf.re/g/marginalia hasta el 23 de mayo. El libro puede recibirlo gratis en su correo hasta la misma fecha. Solo debe solicitarlo a saulalvarezlara@gmail.com y un ejemplar en PDF será enviado al correo que usted indique.

“… Es mal pintor el pintor que ha pintao aquel día, pues me pintó por afuera porque adentro no veía…” cantó Atahualpa Yupanqui hace años a quien quisiera escucharlo. En una afirmación más cercana en el tiempo he escuchado el decir de artistas que pintan lo que sienten y no lo que ven. La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró; pertenecen a otro que encuentra en las calles un universo de ficciones, evidentes algunas, un poco más soterradas otras, a flor de piel muchas, imaginadas la mayoría. Los gestos, las poses, los colores y vestidos que elegimos para aparecer frente al mundo no son gratuitos. Y el retrato, como todo, tiene otra cara, la de adentro que cantó Yupanqui. Y si no parecen retratos es bueno recordar lo que Picasso dijo a una dama que protestó porque no se encontraba parecida en el retrato recién pintado “… Se parecerá…” dijo Picasso…

Cosas…

… “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído…” Jorge Luis Borges

Ficción La Revista ya está en circulación. Aquí…https://issuu.com/ficcionlarevista/docs/4-ficcio_n-la-revista-no7

Cosas 18

18 abril, 2020 § Deja un comentario


Gafas

Benjamín Franklin veía poco y borroso y por esta razón en 1784, diseñó a su medida una montura con vidrios de aumento para su uso personal. Esto no quiere decir que, como siempre sucede, un chino no aparezca mezclado en el origen del artefacto. Dijo Marco Polo que los chinos utilizaban lentes de aumento para mejorar la visión desde mucho antes del siglo XIII. Según esto los chinos utilizaron lentes de aumento para ver mejor y también, como lupa, para encender el fuego. Durante el siglo I d.C., para aumentar el tamaño de los objetos pequeños se utilizó un vaso con agua como lente de aumento. La historia menciona a Séneca como usuario de dicho lente pero es probable que el descubrimiento venga de la China, según decir de Marco Polo. El uso de lentes para mejorar la visión era, digamos, de uso corriente desde tiempos inmemoriales, Nerón acostumbraba a llevar al Coliseo un monóculo tallado en berilo para ver en detalle los gladiadores y en otro tiempo, la historia confirma que las primeras gafas europeas fueron diseñadas por el italiano Salvino Degli Armati hacia 1285; igualmente, uno de los monjes de El nombre de la rosa, la novela de Umberto Eco, lleva gafas. Es frecuente, entonces, desde la Edad Media el uso de gafas para quienes tienen poca vista. En 1517 Rafael pintó el retrato del Papa León X con gafas, pero fue, sobre todo, después de la invención de la imprenta que las gafas pasaron a ser un objeto de primera necesidad para aquellos primeros lectores. Hoy en pleno siglo XXI son indispensables frente a las pantallas de los computadores y desempeñan un papel visible, sea el caso de decirlo, como artilugio de la moda. Hace algún tiempo escribí una historia que iniciaba con esta frase: “Para lo que hay que ver… con un ojo basta”. En ella narraba que esa frase era lo que se decía para manifestar la poca importancia de los acontecimientos que suceden alrededor. La frase podría significar que si con dos ojos veo el cien, con uno veo el cincuenta, o sea, lo que verdaderamente vale la pena. Lo constaté cuando llegó a mí correo el número doscientos treinta y cinco de la revista Graphis. La cubierta de ese número representaba el retrato de un hombre pintado por Brad Holland. La fuente luminosa permitía que su cara pasara de la sombra a la piel iluminada; el lado derecho sobresalía en el claro-oscuro y la cabeza se desvanecía hacia la izquierda. “Ciclopeia” era su título. El saco, la corbata, la boca, las facciones tranquilas existían en su realismo perfecto, pero lo que sobresalía porque tenía mirada era el ojo solitario detrás de la montura de un solo aro que me seguía. Desde el primer momento constaté en él una vitalidad inesperada. Para comprobarlo desplacé la revista frente a mí y el ojo me miró. A la derecha primero a la izquierda después, alejé la revista unos centímetros y la pupila brillante casi se sale de su órbita. Pensé entonces que para volverlo a la normalidad, nuestra normalidad de ojos repetidos, debía pintar otro ojo al lado de ése, único, que me miraba sin pestañear a través de la montura de un sólo aro que se sostenía sobre su nariz recta. Entonces me di cuenta de que era inútil pintarle un segundo ojo pues él ya lo llevaba puesto en la gafa de un sólo eslabón que le permitía verme mejor… A propósito de gafas un amigo me contó que un amigo suyo, desconocido para mí, debía emprender un viaje pero perdió sus gafas y como era temeroso tomó la decisión de no viajar. Otro amigo le cedió las suyas con el argumento de que no necesitaba ver más de lo que veía sin ellas. Además, agregó el otro amigo, mis gafas le sirven a todo el mundo. El amigo de mi amigo aceptó y partió a su viaje pero nunca regresó y tampoco devolvió las gafas al amigo que se las prestó y nunca más las volvió a ver…

Cosas…

… Varias veces en los últimos días he recibido mensajes donde la última frase es: abrazos pandémicos. Me parece que es una buena manera de amaestrar la “cosa” que nos acorrala…

Ficción La Revista ya está en circulación. Aquí…https://issuu.com/ficcionlarevista/docs/4-ficcio_n-la-revista-no7