Nueve

27 febrero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Quien la incrustó en el palo de escoba seguramente la encontró ya separada de su cuerpo. La imagino como aquellas muñecas que abren y cierran los ojos con solo balancearlas, quizá, con el balanceo dejaba escapar una vocecita diminuta que llama o llora. Llevo algunos años encontrándome con ella clavada en la punta de la escoba. La he visto de lejos y de cerca, nunca he sabido de quién fue la idea pero parece buena compañía para quien barre los deshechos diarios. Pero, viéndolo bien, no es la cabeza de una muñeca sino la de un muñeco. El poco pelo desteñido en la cima y los costados sin trazos, ni siquiera simulados, de algún tipo de peinado, moña o cola de caballo, dejan entrever el muñeco, varón, vestido con pantalón corto, verde, sostenido por cargaderas del mismo verde y camisa blanca. Los zapatos negros y las medias blancas seguramente de una sola pieza y de plástico, desaparecieron cuando cayó en desgracia y su dueño, ¿dueña?, no lo quiso más. Entonces fue a parar a la basura, de donde lo rescató, quien lo rescató. Si hubiese tenido nombre, no lo imagino; y quien lo rescató tampoco…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Ahora solo falta que la “cosa” que alivia la “cosa” se pierda…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Ocho

20 febrero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

La tristeza pesa. Ocupa más de lo que uno imagina. Algunos la disimulan con cierto éxito; otros, en cambio, por más esfuerzos que le dediquen no logran acallarla porque cuando toma posesión es inconsolable, incontrolable y desborda. Una mano o un brazo de apoyo no son suficientes, está y es bien visible. A este hombre, Tara lo llaman, la tristeza no lo abandona, lo domina hasta hacer de él un manojo a punto de sucumbir. Cuando simula alejarse, Tara, quien ya ha sucumbido bajo su peso, presiente que le hará falta, porque le hace falta. Es entonces cuando las barreras caen; la tristeza se apodera, y ya parte de él, no le permite subsistir sin su presencia. Tara lleva gafas para el sol que no usa en este momento porque no hay sol, pero cuando las necesita para enmascarar sus ojos entrecerrados, llorosos, tristes, se las pone para que quien se encuentre en frente, no los vea, porque sabe que cuando la tristeza se contagia por los ojos se riega por todo el cuerpo…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Ahora es por partida doble: la “cosa” y la vacuna para la “cosa”…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Siete

13 febrero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

El peinado a la plancha y el corte recto podrían ser causa de fascinación. Mantenerlo es labor delicada. Sin embargo no es nada en comparación con la inscripción al límite del corte: “Por Siempre” a secas, tatuada en letras de estilo, que podría tener mil significados. Sin puntos suspensivos que abrieran una puerta o dejaran la posibilidad de una sorpresa. Sin otro atributo visible, las dos palabras podrían ser el principio del fin, una declaración de amor o una amenaza. Entonces creí comprender el por qué del corte recto, planchado, en orden perfecto, y regresé al momento en que ocupé mi lugar tras ella. En ese mismo instante, un movimiento inesperado meció el pelo y descubrió la inscripción y a pesar de que el bus, como todos los buses, saltó y zarandeó más de lo esperado, el peinado no volvió a su lugar y las dos palabras quedaron al descubierto. No tuve la intención de imaginar sus ojos o su boca, ella era la inscripción y mostrarla, dejarla ver, era una puerta de salida, un grito de auxilio, una liberación. Cuando bajé del bus ella seguía inmóvil y la inscripción visible…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

La “cosa”… como todos, parece a la espera de su vacuna…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Seis

6 febrero, 2021 § 1 comentario


La otra cara del retrato

Hay llamadas que se extienden porque hay mucho para decir; porque se habla despacio o porque la llamada misma está transida de inconvenientes, explicaciones, preguntas, dudas, desaires que, quien pregunta o responde, espera escuchar del otro lado del aparato. Mientras habla o escucha el hombre del celular, ha hecho toda suerte de poses, pasó de movimientos estrepitosos como si una barrera se interpusiera y no pudieran escucharle, a la tranquilidad del murmullo, de la voz baja, de escucharlo todo y responder sin subir el tono; llegó incluso a la posibilidad de cerrar los ojos para imaginar a su lado, a quien está del otro lado. Ni siquiera el ruido ambiente, voces que llaman o preguntan, que gritan, en el recinto público donde se encuentra, logran distraer al conversador que, enfrascado en lo que dice o escucha, olvida la incomodidad del lugar. El estado de levedad que lo domina puede llevarlo incluso a desaparecer dejando en su lugar una nube que navega sobre la banca desierta…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Y la “cosa” ahí…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Cinco

30 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

La barba y las gafas no ocultan su identidad “disneyciana”. Ni siquiera la incipiente calvicie, disimulada por el corte casi a ras, logra alejar la imagen del ratón convertido en personaje de fama. En la falta de la mitad del añadido que lo identifica con el personaje está el drama. Toma tiempo caer en la cuenta. Como ocurre en las ciudades super pobladas las salas de espera obran como punto de encuentro aunque nadie hable con nadie y tampoco nadie mire a nadie porque se supone que estamos allí por lo mismo. Conocer al otro o entablar conversación es llover sobre mojado. El personaje, Miguel debe ser su nombre, Mikey para los cercanos, estaba allí cuando ocupe la banca tras él. Lo hice sin intención alguna, por eso me tomó algún tiempo notarlo, sin embargo cuando lo hice ya no fue posible, para mí, evitar mirarlo. Para él, esconder la angustia que le causaba la ausencia del apéndice era el drama. Los ojos llorosos detrás de las gafas, la boca escondida, la nariz como la del ratón, las orejas expandidas a la espera de escuchar un llamado lo delataban. Entonces descubrí la razón de su presencia allí, esperaba reponer el apéndice perdido…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Y la “cosa” ahí, distinta, dicen, pero ahí…

El número 10 de Ficción La Revista circula ya. (Click aquí)

Cuatro

23 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

No es malabarista pero sostiene el celular con una mano y después con la otra, lo pasa de un lado al otro por encima de la cabeza y habla sin parar al ritmo de los malabares. Como no alcanzo a escuchar su voz imagino que hablar es como una avalancha interior que no permite interrupciones, sin embargo, los malabares con el aparato tienen poco que ver con la necesidad de acallar, todo lo contrario. Los malabares son una necesidad; quien la sufre, de verdad, siente la obligación de reflejar con alguna parte de su cuerpo, brazos, manos, cabeza, piernas, incluso ojos, los movimientos que inventa en el momento mismo en que los inventa para que quien lo escucha claudique. En este caso particular, como todo es dicho a distancia, el malabarista se puede permitir la libertad de exagerar los malabares porque al hacerlo su voz se hace aun más convincente y sus palabras, por supuesto, ganan en credibilidad. Podría decir cualquier cosa y la fuerza del malabar le adjudica el peso suficiente para que parezca una verdad de a puño…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Que se sepa, la “cosa” es cepa mutante…

El número 10 de Ficción La Revista circula mañana. (Click aquí)

Tres

16 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Son dos. Dos en uno. Llegaron a la mesa vecina mientras yo estaba concentrado en otra cosa. Cuando trajeron la bebida de frutos rojos a mi mesa reparé en ellos. El mesero trajo la tisana con un reloj de arena y dijo: espere que la arenilla pase, es el tiempo necesario para que la bebida esté en el punto perfecto. Mientras la arenilla pasaba vi la gorra negra de beisbolista. Pensé que su dueña la llevaba al revés; pero no, eran dos en uno, hombre y mujer unidos por una gorra negra de beisbolista; tan unidos que la visera alcazaba para los dos. El reloj de arena no había llegado aun a la mitad cuando, con un movimiento sutil, el cuerpo del hombre se inclinó hacia el de la mujer. Esperé unos segundos. Ya había pasado un poco más de la mitad de la arenilla y la evidencia de una conversación apareció. Le decía algo en voz baja, una amenaza, un secreto o quizá le murmuraba una declaración. Cualquier posibilidad era válida. El reloj de arena terminó su curso y la tisana estaba en su punto, como la pareja de la mesa vecina que, en ese momento, partió brazo entre brazo sin saber que yo sabía que solo tenían una gorra para los dos…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Y la “cosa” ahí…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Dos

9 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Es joven, la gorra de cuero verde, desteñido, con textura, y la camiseta azul oscura, también desteñida, no determinan su edad, pero es joven. Supuse que por el corte de pelo en cresta había pasado por la silla del peluquero aquel mismo día, si no, el día anterior. Imaginé que el peluquero, seguidor de la moda, no preguntó si quería corte con cresta o no, simplemente cortó. En esos casos nadie duda qué es lo que el cliente busca. Recordé la última vez que fui al salón donde la mujer que me corta el pelo me preguntó al sentarme en la silla si quería corte con cresta. La miré en el reflejo del espejo tan ancho como el salón y dudé. Me hubiera afeitado los costados de la cabeza y dudé aun más; me imaginé con la cresta de “El último de los mohicanos”, la novela de James Cooper; o como Arturo Vidal el futbolista chileno. A pesar de que la duda era evidente, la peluquera insistió. Me mantuve en la duda. En cambio el vecino delante de mí no dudó y ahora supongo que cada vez que cierra los ojos, presiente la cresta arisca como la de un gallo de pelea y para que no se escape la protege con la gorra…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen, entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo, y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

… Y la “cosa” ahí…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó

Uno

2 enero, 2021 § Deja un comentario


La otra cara del retrato

Faltan entre cinco y diez minutos para las diez, que podrían ser de la mañana o de la noche, quizá de la noche porque el hombre, seguramente profesional independiente, se toma el cuello con fuerza como si le doliera. Está cansado. No es un hombre mayor a pesar del poco pelo, y podría llamarse Luis Efe, es posible que lo llamen Lucho. Es posible también que la hora sea otra, que su reloj no funcione y que, a media mañana, muestre los rastros de fatiga que, en los de su familia, comienzan por el cuello. Los ojos le pesan; quisiera cerrarlos, pensar en otra cosa, creer que está en otra parte pero la parte baja del cerebro no lo deja, duele, fastidia. Lucho es trabajador desde siempre, no recuerda un momento de su vida sin obligación: primero por unos, los que no eran de él; después por los otros, los de él; y entre unos y otros se fue quedando calvo, los ojos pesaron, los párpados cayeron y si algún conocido de antes apareciera ahora, seguramente se encontraría con que lo único reconocible en él es el dolor en el cuello que no lo abandona…

Retratos…

La otra cara del retrato no son retratos en el sentido de la representación, la técnica y seguramente la evocación. No son eso. Son fotografías que van y vienen entre la función que cada uno construye de sí frente al mundo y la mezcla con doce líneas de texto que no pertenecen al sujeto que las inspiró …

Y la “cosa” ahí…

Exposiciones en el Museo Maja de Jericó